- Evan - dijo mientras se ponía en cuclillas - ahora tú eres el hombre de la casa y debes cuidar a tu mamá, ¿de acuerdo? Pórtate bien y no hagas travesuras.
- Está bien, te quiero papí - Evan abrazó a su padre y éste le dio un beso. Ewan se levantó y me miró.
- Estaré bien, no te preocupes, te amo.
- Yo también, cuídate por favor.
Ewan tomó sus maletas y caminó hacia la calle principal del pueblo por donde los camiones llegarían. Tomé la mano de Evan quién saltaba y gritaba que se cuidara, que lo extrañaríamos y lo queríamos mucho. Ewan volteó por última vez con una gran sonrisa en su cara y agitó la mano diciendo adiós. Tendrían que pasar al menos 5 días para recibir la carta en donde nos informarían que Ewan entraría en guerra. Los días pasaron y al cuarto día llegó una carta, era de Ewan más no del país:
'Klein:La carta me había levantado los ánimos, sabía que me decía la verdad y estuve tranquila. Tan pronto como Evan llegó de la escuela, le leí la carta de su padre, sin mencionar las palabras 'guerra' y 'alemanes'. No quería que supiera del todo sobre la guerra. Evan estaba felíz y despreocupado, ojalá hubiera estado así como lo estaba Evan.
Espero que Evan y tú estén muy bien. Los extraño mucho. ¿Sabes? Estoy tranquilo respecto a la guerra, nos han dicho cosas muy alentadoras. En dos días salímos del campo y entraremos por Polonia para patear traseros alemanes. Estoy entusiasmado, recordé lo que había aprendído hace dos años en París. Me encontré a Marcus, el hijo de la hermana de Joss, ¿lo recuerdas? Al parecer me tocarán las guardias con él. Gracias por los dulces de cajeta que me pusiste, me he comído 4 y los demás los guardo para el camino. Cuídate y cuída a Evan. Pronto estaré con ustedes.
Los amo
Ewan G. G.'
Esperé los dos días que Ewan me había escrito en su primera carta, esperaba la carta del país para terminar con mis ansias que me comían pero la carta nunca llegó. Pensaba en por qué no había llegado, si habría pasado algo malo con Ewan o con el cartero. Al día siguiente el cartero vino, yo esperaba fuera de mi casa, fumaba para calmar mis nervios y en cuánto lo ví, corrí a él.
- Buenas noches, ¿tendrá algo para Klein Grimmes? - pregunté ansiosa
- Klein Grimmes, Klein...Grimmes, no. Ahora solo llegó la letra A y C, lo siento - dijo mientras se subía a su bicicleta. Maldije y boté el cigarro con enojo.
Entré a la casa y Evan pedía de cenar, quedaba algo de la comida y se lo dí. Parecíera que Evan no había comido en días, devoró en poco tiempo lo que le serví y quedó satisfecho, yo por mi parte no tenía hambre, solo quería que la maldita carta llegara y saber que pasaría, si no llegaba en dos días más, me moriría de las ansias, no podía esperar más. Pasaron dos días y quería volverme loca, quería escribirle a Ewan pero no tenía dirección, en la carta del país vendría para poder escribirle, me tranquilicé y esperé a Evan para comer juntos.
- ¿Mamá? ¿estás bien? - preguntó Evan un tanto miedoso.
- Evan, sí hijo, claro. ¿Quieres comer? - le dije amablemente para eliminar el miedo que tenía.
- Sí - respondió y corrió a sentarse a la mesa - No ha llegado la carta ¿verdad? - preguntó nuevamente con miedo.
- ¿Carta? ¿de qué hablas? - contesté con indiferencia
- Anoche te escuché hablar con Joss, hablaban de una carta y de un país, perdón por espiar pero no podía dormir, mamá.
- No te preocupes, Evan, no te regañaré. Y no, la carta del país no ha llegado.
- ¿para qué sirve esa carta? - preguntó nuevamente pero ésta vez sin miedo.
- Es para saber sobre tu padre, el país nos informa de manera oficial - respondí
- Ahhhh...no entendí pero suena bien - dijo Evan antes de dar su primera cucharada. Le sonreí y me senté a comer con él. Después de comer, hicimos su tarea juntos y terminando, salímos a comprar algunos víveres a la plaza. De camino a casa, veníamos jugando y al entrar a la casa, me sorprendí de ver a mi madre sentada a mi mesa. Era increíble volver a verla nuevamente.
- ¿mamá? ¿qué...cómo estás? - saludé mientras dejaba los víveres en la mesa.
- Hola hija, bien, gracias. He venido a saber cómo has estado - respondió levantándose de la mesa y dándome un abrazo.
- Muy bien, gracias - le dije mientras me sentaba a la mesa.
- Veo que Evan ha crecido mucho y tiene la misma cara de su padre.
- Sí. Evan, ven aquí - le dije mientras se acercaba desconcertado - Evan, ella es tu abuela, se llama Emilie, saluda.
- Hola abuela Emilie - dijo extendiendo su mano.
- Hola Evan, has crecido mucho - respondió al saludo dándole un abrazo caluroso.
Comenzamos a hablar de cómo había estado la familia desde que dejé Inglaterra. Mi tía Esther se había vuelto a casar, después de sus tres fallidos matrimonios. Mi prima Dina había tenido gemelos y eso que era su primer embarazo. Mi padre, lamentablemente, había sido llamado para la guerra. Tenía seis meses desde que se fue, estuvo en Francia pero jamás nos visitó por Ewan. Mis dos hermanas seguían solteras y en casa. Hablamos tanto que la noche se nos vino encima y no nos dimos cuenta.
- ¿Y Ewan? ¿Qué acaso no piensa venir ese hombre a su casa? ¿O se fue de borracho otra vez sólo porque es viernes? - dijo mi madre sin saber lo que le contestaría.
- Bueno fuera lo que dices, mamá. Ewan se fue a la guerra.
- ¡¿Se fué?! ¿Desde cuándo? - preguntó asombrada.
- Hace más de una semana, nueve días - contesté.
- ¿le cuentas los días? Hija mia, estás loca de verdad - dijo - ¿recibiste la carta oficial del país?.
- No, aún no llega. Sólo espero que Ewan esté bien - respondí con algo de pena.
- Ay Klein, nunca creas en lo que te dice y menos si se trata de esperar tantos días. Lo mismo me pasó con tu padre, la carta me llegó diez días después, deberías estar tranquila hasta cuando recibas la carta en donde te digan que Ewan fue un buen soldado y que sus restos llegarán en una semana a su ciudad natal.
- ¡¡Mamá!! ¡¿Cómo puedes decir eso?! Ewan no morirá - respondí enojada.
- Ay hija, la vida no la tenemos segura, debes prepararte para lo que sea, por cierto ¿dormiré contigo?, digo, tu esposo no está.
- No, dormirás en cama de Evan, Evan dormirá conmigo - le dije de la manera más fría.
Mi madre tenía algo de razón, no debía preocuparme hasta que recibiera ésa carta, mientras no fuera así sabría que Ewan sigue con vida.
Mi madre me ayudó a preparar la cena y cenamos tranquilos. Evan nos hacía reír con sus bailes y chistes que aprendía en la escuela. Mi hijo tenía sangre dulce, no era pesado con nadie y muy atento con todos. Ewan le enseñó a ser así. Para el día siguiente, recibí por fin la carta oficial del país.
- Buenos días, carta para la señora Klein Grimmes - dijo el cartero.
- Sí, soy yo. Gracias - dije sonriente y temerosa a la vez.
- Su carta por fin llegó, señora. Y le aseguro que son buenas noticias - dijo el cartero amablemente.
- Sí y disculpe mi indiscreción pero ¿por qé tardo en llegar? - pregunté.
- Las bodegas en donde llegan los paquetes y cartas, fueron asaltados por un grupo de niños jugando a ser Nazis, ya sabe. Mientras revisaban carta y paquete a la vez se retardo la entrega y si me permite, tengo que llevar buenas noticias a más casas.
- Ahh entiendo, muy bien, muchas gracias. Hasta luego - dije cerrando la puerta con una sonrisa.
La carta oficial por fin había llegado, mi esposo Ewan Gordon Grimmes había salido a Polonia, justo como él me lo había dicho. Estuve más tranquila. Y las cosas estaban tranquilas.
-¿Cartero? ¿por fin te llegó la carta? - preguntó mi mamá.
- Sí, ya llegó - contesté en tono felíz.
- Me alegro, hija. Oye.
- Dime.
- ¿No tuvieron más hijos? ¿Sólo Evan? - preguntó en voz baja.
- Sólo Evan, madre mía - respondí entre risas.
- ¿Y por qué? ¿No me digas que a Ewan ya no le funciona...
- ¡Mamá! Por favor - dije con mirada retadora - Puede que luego tendrémos más.
- Ay hija, es que de la manera en cómo lo conocí, con su docena de mujeres tras él, pensé que estarían llenos de hijos - contestó en defensa.
- Pues ya ves que no lo conoces tan bien. ¿Sabes? creo que estaría bien que fueras por Evan a la escuela, no tarda en salir.
Mi madre fue por Evan, nos sentamos a comer y mi madre se preparó para irse. Tomó su pequeña maleta y se despidió de nosotros. Cuando entramos a la casa, Evan me dijo que la mujer ésa le había caído muy bien, a pesar de que era algo tonta.



No hay comentarios:
Publicar un comentario