Llegó el año de 1942. Enero, febrero y marzo se pasaron volando. Londres se estaba reponiendo del caos que meses atrás reinó.
Después de escribir documentos locales, Maribell percibió que terminaba mis trabajos rápidamente, motivo por el cual en los ratos libres que tenía, me mandaba al área de mensajería para ayudar a escribir cartas a aquellas personas que no supieran leer ni escribir. Los sentimientos que emanaban las personas al relatar sus cartas, me reconfortaban aunque ellos no lo supieran, y debido a esto, en varias ocasiones llegaba triste a casa.
Cierto día, en un trabajo rutinario, Mirabell me llamó. Mi cuerpo comenzó a temblar, fueran buenas o malas noticias mi cuerpo temblaba. Atravesé la oficina y toqué antes de abrir.
—Adelante —Ordenó mi jefa y abrí la puerta. Ni siquiera me permitió preguntar qué necesitaba cuando ya tenía la respuesta— Klein, tengo un trabajo para ti. Necesito de tus ágiles dedos para transcribir este documento.
—En pocos minutos estará listo.
—Así me gusta, Klein —estiró su brazo para hacerme llegar la hoja que estaba escrita a lápiz.
Salí rápidamente para hacer mi trabajo, no me tomé la molestia de leerlo hasta que me senté. Mi corazón palpitó rápidamente conforme leía el documento; mis esperanzas de ver a mi esposo resurgieron.
'Aviso Importante:
Camiones militares trasladarán a hombres provenientes de haber brindado apoyo incondicional a su país en el extranjero el próximo viernes 17 de abril a las 18.00hrs en la avenida principal de Whaldest.
Atte. Gobierno'
Sin esperar más comencé a teclear con cuidado y agilidad cada letra. Estaba emocionada, vería nuevamente a mi esposo. De un momento a otro, mis emociones se apagaron al contemplar la idea de que Ewan podía estar muerto, pero esos malos pensamientos se opacarían cuando recordé que jamás me llegó una notificación donde me informaran tal hecho.
Terminé pronto y corrí nuevamente a la oficina de Maribell.
—Aquí tiene —estiré mi brazo para entregarle el folleto ya terminado. Mirabell lo tomó y leyó con cuidado pues ningún error debía tener.
—Perfecto, Klein —dijo— Mandaremos a imprimir más y espero que la gente se entere.
—Seguro que se enterarán.
— ¿Irás? —preguntó intrigada.
—Sí, tengo esperanza de que esté con vida. Hace un año que no sé nada de él.
—Espero que lo encuentres, eres una mujer maravillosa y no mereces perder a alguien más de tu familia.
—Gracias —asentí.
—Por nada, vuelve a trabajar.
Administrar la comida en aquél tiempo parecía ser algo fácil. Ewan estaba tranquilo administrando los víveres que se necesitaban y la comida que se consumía. Las veces que Ewan estaba con Nicole, lo hacían fuera de la campaña de enfermería pues el soldado no aguantaba la presión del recuerdo de su amigo. El recuerdo de Alan aún le dolía, quizá Ewan podría haber resistido a todo lo que veía en enfermería pero la perdida de su amigo fue grande y dolorosa.
Un día por la mañana Ewan se preparó para hablar con su comandante, el que estaba a cargo de todo en aquél campamento.
—Buenos días, Grimmes —Saludó Louis— ¿Usted quiere hablar conmigo?
—Así es señor.
—De acuerdo, siéntate y dime qué sucede —Louis esperaba que Ewan volviera a la guerra, era un muy buen líder a ojos de Louis.
—Señor, pido su autorización para volver a Inglaterra —dijo.
—Oh —exclamó Louis asombrado— Vaya soldado, debo admitir que me tiene impresionado su comentario. La verdad no esperaba eso de usted —Ewan sabía que ese era su fin dentro de aquella compañía.
—Sólo pido mi retiro de la compañía, señor.
—Verá, Grimmes. Usted es un buen líder, esta compañía necesita a alguien como usted. Entiendo que todo esto se haya complicado desde que su compañero Miller murió, pero si así lo desea, no me queda otra opción que autorizar su retiro.
—Muchas gracias, señor. Seguiré en contacto con ustedes, no me desapareceré —Sonrió Ewan, se encontraba feliz pues ya no se sentía atado a la compañía, se sentía un hombre libre.
—Sólo le pido una cosa, soldado.
—Dígame.
—Mantenga todo esto en secreto —Sonrió. Ewan le devolvió la sonrisa y por última vez se despidió típicamente de su comandante.
Ewan salió de la oficina de Louis y se dirigió a sus dormitorios para preparar lo poco que tenía. Estaba totalmente tranquilo, iría a buscarnos a Inglaterra lo antes posible con la esperanza de encontrarnos con vida. Durante el camino a su dormitorio se encontró con Nicole. Ewan sentía tener que dejar a Nicole sin decirle ni una palabra, no decirle nada a la mujer que por un tiempo lo apoyó.
— ¡Ewan! —gritó Nicole para saludarlo.
—Hey, Nicole. ¿Qué haces aquí? Deberías estar cuidando a los heridos —bromeó Ewan. Nicole palmeó el brazo derecho de Ewan a modo de que este dejara de caminar— ¿Qué sucede?
—Necesito hablar contigo —dijo tímidamente. Ewan adivinó hacia dónde se dirigía la plática por lo que la trató de evitar.
—Escucha, Nico, realmente no tengo tiempo ahora. Podemos vernos en otro momento.
—No llevará más de cinco minutos, es sobre el beso de aque... —Nicole dejó inconclusa la frase, pues supo que Ewan ya entendía a qué se refería.
—De verdad, Nicole. Podemos hablarlo en otro momento —Ewan trató de huir pero ella se aferró a su brazo.
—Ewan, yo... yo siento algo más por... ti. —Los ojos de Nicole reflejaban la verdad, su respiración profunda respaldaba aún más sus palabras. Ewan no esperó más y soltó a la sanitaria, no quería lastimarla.
—Lo siento, de verdad tengo que irme —dijo y salió a toda prisa.
Semanas después de haberle informado al comandante su retiro de la compañía, los papeles de Ewan estaba listos, todo estaba en orden. El único problema que había, eran los sentimientos que ataban a Ewan de Nicole. Había sido tan buena con él que no se merecía lastimarla de ninguna manera.
Por la noche, antes de partir, Ewan tomó un lápiz y una hoja. Sin esperar más, comenzó a escribir una carta donde le explicaría las cosas y los por qué que Nicole tenía.
Ewan pensó que sería una tarea fácil pero resultó muy tedioso; tres borradores hechos pelota descansaban sobre el buró que estaba cerca de su cama, ya estaba escribiendo la cuarta carta.
Ewan partió a Inglaterra dejando atrás los terribles momentos por los que pasó con su amigo Alan. No se despidió de nadie, ni siquiera de Nicole pues le había dejado una carta. Durante el camino recordaba aquellos momentos que pasó con Evan y la vez que conoció a Karim. Recordó el primer día que partió a guerra y la pequeña casa en Francia; las buenas noticias que le solían llegar por cartas, las mías.
En el campamento, cuando Nicole tuvo un momento libre, salió para poder hablar con Ewan. Camino al campamento vio a los últimos camiones que partían. 'Suertudos', pensó para sí misma. Llegó a la campaña y abrió la cortina, esperaba verlo allí sentado, como siempre lo encontraba.
—Oh —exclamó al ver a Roger y dos reclutas más— Yo... venía a buscar a Grimmes... pero... supongo que estará en... la cocina, disculpen.
— ¿Nicole? —preguntó Roger.
—Sí, soy yo.
—Ehhh... Ewan dejó esto para ti —respondió sacando de su bolsillo derecho del pantalón la carta y se la hizo llegar.
—Gracias —aceptó la carta— ¿Dónde está? ¿Salió?
—Sí, parece que sí pero no sé a dónde.
—Gracias de cualquier manera —Roger asintió y Nicole salió para leer la carta. Buscó un lugar tranquilo, sabía que algo estaba escondido y que todo estaba por descubrirse cuando leyera la carta. Se sentó en una caja, detrás de la campaña donde dormía.
Nicole:
Siento mucho no haber podido entregarte esto personalmente. ¿Sabes? Yo también siento algo más por ti, me siento feliz de haberte encontrado en algo tan aterrador como lo es la guerra. Perdona si te evadía para hablar sobre el beso, la verdad nunca quise hacerlo. Aquél beso fue un error, un gran error por parte mía. Alan me dijo que algún día tendría que decírtelo y no encuentro momento exacto para todo esto. Nicole, tengo una familia. Tengo una esposa y dos hijos; una bebé de un año y meses y un hijo de siete años. Discúlpame por no haberte dicho esto antes, no quiero lastimarte. Eres una buena mujer. El tiempo que pasé contigo me ayudó mucho, porque fue como sentirme en casa. Tu dulzura al curar y tu gran timidez son algo especial en ti. Tengo un sentimiento muy grande por tí, pero no me puedo arriesgar.
Esta madrugada he salido para mi casa, a Londres. El teniente Louis autorizó mi retiro y me voy a casa. No quise despedirme de ti porque sería difícil para ambos.
Cuídate mucho, Nicole y gracias por todo.Ewan Gordon Grimmes.
Nicole rompió en llanto. Los camiones que había visto salir hace unos minutos atrás llevaban a Ewan. No podía con el dolor de no volver a verlo más. Limpió sus ojos que estaba empapados en lágrimas, guardó la carta en su bolsillo de su falda y volvió a su trabajo.
La fecha de los folletos había llegado. Los folletos estaban pegados en las paredes de las calles anunciando las mejores noticias desde que la ciudad dejó de ser atacada. Hice un plan con Regina que consistía en llevarse a Evan para que no se diera cuenta de los camiones militares ni del movimiento que se avecinaba. No quería esperanzar a mi hijo a algo que no sabíamos con exactitud.
— ¿Regina?—Dime —respondió. Antes de hablar me aseguré de que Evan estuviera dormido.
—Tienes todo en orden, ¿verdad?
—Sí, Klein. No te preocupes. Todo está como lo planeamos —asentí y pronto me fui a dormir.
A la mañana siguiente, mi cuerpo temblaba. Llevé a Evan a la escuela, como todos los días, fingí que nada fuera de lo normal sucedería. En mi trabajo, Mirabell estaba muy optimista. Cuando Regina salió de su trabajó, pasó por Evan. Se irían al Parque Tidlert.
La hora acordada había llegado y salí a toda prisa. Tenía muy presente qué hacer si Ewan no volvía de la guerra.
'Vamos, Ewan. Tienes que llegar, no me puedes dejar sola con Evan. Te necesitamos'. Me dije a mí misma.
Estaba parada en la avenida Whaldest, con la mirada fija. Pensando una y otra vez en la alegría de ver a Ewan.



1 comentario:
Holy Jesus!
Ah, ah, ahh!, ya va a llegar Evan, por qué nos tienes que dejar picados? lo dsifrutas verdad? disfrutas hacernos sufrir, ta bien, porque nosotros disfrutamos sufrir,qué nos hacemos locos, el hombre es masoquista por naturaleza.
Pobre Nicole
Apúrate a publicar el que sigue, plissss.
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