Ewan y su pelotón habían estado ganando las batallas en las que participaban. Tanto Alan como Ewan, se sentían felices por el gran avance de la compañía.
—Espero que el batallón vaya así de bien como nosotros —dijo Roger.
—Espero que sí, así la guerra terminará y todos iremos a casa —respondió Alan. Roger se acercó a Alan y le dijo algo al oído mientras veía a Ewan —No sé qué le pase, creo que le urge irse a Londres, tú sabes, ver a sus hijos y a su mujer.
—Lo sé, creo que ha visto demasiado —replicó Roger.
Ewan estaba más solitario sin razón alguna. A Alan le preocupaba y ese mismo día decidió hablar con él. Justo para la noche, tendrían que recuperar un lugar llamado Friaul, un bosque habitado por soldados italianos. El plan sería el mismo que les dio éxito en Bardía.
—Estamos juntos de nuevo, es genial ¿no lo crees? —dijo amigablemente Alan.
—Sí, lo es —respondió Ewan. Alan no soportó la indiferencia de Ewan y terminó por gritarle.
— ¡Basta! Dime qué sucede. Has estado muy extraño.
—No es nada —miró intensamente Ewan— Extraño a mi familia y nada más.
—Entiendo, pero yo también existo, soy tu amigo y no te quiero perder. Ni que la amistad se termine.
—Lo sé...por algo nos tocó estar juntos, ¿no? —sonrió Ewan y Alan respondió al gesto.
Una patrulla inglesa había ido a inspeccionar una parte de la zona. Friaul era un bosque traicionero, se rumoraba que nadie que no fuera de la armada italiana era torturado o puesto en custodia. La tarea de recuperar aquél bosque sería complicado. Tuvieron sólo dos días para estudiar el plan de ataque. Y todo parecía estar listo. El pelotón en donde estaban Ewan y Alan fue el primero para limpiar parte de la entrada del bosque.
—Necesito tres hombres para limpiar la entrada, ¿voluntarios? —preguntó el teniente. Todos se miraron entre sí y nadie respondió. Siendo esto, el teniente maldijo en voz baja.
—Yo iré —dijo Alan al fin. Ewan quedó confundido al escuchar que su amigo se ofrecía.
—No hablas enserio, ¿verdad? —preguntó Ewan con desconcierto. Alan sólo sonrió y levantó sus grandes cejas.
—Bien —dijo el teniente— Charles y Roger también irán, Alan es el líder.
Los soldados se levantaron y caminaron cautelosamente, no estaban seguros de que alguien habitara aquél bosque. La patrulla que había ido anteriormente no encontró nada, pero querían asegurarse. Los soldados caminaban entre la hierba que los escondía y de pronto la hierba se movió a unos cuantos metros de distancia. Alan alzó la mano en señal de alto total.
—Creo que esta zona no es segura, Alan —dijo Charles con angustia— Se nota que la zona no está limpia, anda regresemos.
—Calla, Charles. Si se trata de algún animal y regresamos con esa alerta ¿qué dirán? ¡Nos fusilarán! Hay que investigar —respondió Roger.
—Yo iré, ustedes quédense aquí —dijo Alan y avanzó con arma preparada.
A unos cuantos metros se veían grandes árboles, la hierba era enorme y fácilmente podía llegar a la cintura, incluso más arriba. Alan se acercó y abría aún más sus ojos, su tensión crecía. Un francotirador que se encontraba en la copa del árbol disparó contra Alan y éste cayó sin hacer ruido, la bala entró en la parte izquierda del cuello, la sangre llegaba rápidamente a su hombro. Alan comenzó a tener dificultad para respirar y de pronto comenzó a salir sangre por su boca. Hacía lo posible por emitir algún sonido, tenía tanta presión por no poder respirar que la vena de su frente resaltaba y su cara se tornó color rojo.
— ¡¡Francotirador!! —gritó Roger avisando a su escuadrón y se ajustó el cuello.
Charles corrió en busca de Alan para auxiliarlo, estaba espantado y se curvó para que los francotiradores no lo vieran. Llegó hasta donde Alan que estaba en agonía.
—Tranquilo, viejo. Estarás bien —le dijo Charles. Roger y Charles arrastraron a Alan por las dos correas que se ajustaban debajo de sus hombros del uniforme
— ¡Un médico! ¡Necesito un médico! —gritó Roger al llegar. El médico ya esperaba a Alan. Ewan empujaba a cuan soldado tenía enfrente, trataba de ver a su amigo y al verlo quedó atónito. El médico sacó una bolsa de morfina y la aplicó en el cuello de Alan.
— ¡Maldita sea, Alan! —Gritó Ewan— ¡Tienes que salir de esto!
Llevábamos un día fuera de la estación Brompton, no nos había dejado entrar a la estación debido a que sólo los heridos graves estaban dentro, saturado. Evan estaba menos nervioso. La noche fue pesada. Si su herida punzaba, lloraba. La tela estaba empapada. Durante toda la noche su llanto se unía al de otras personas herida. El no poder dormir y su herida tensaban la situación.
— ¿Cuándo llegará la ayuda? —pregunté a Regina.
—Dicen que mañana por la mañana, pero lo dudo —respondió— Si no llega la ayuda, iremos a buscarla por nuestra parte.
— ¿Podrás irte con Evan...sola? —le dije. Regina mostró cara de incredulidad, ya sabía que esa sería su reacción —Tengo que buscar a Karim y Katia...sabes que no la puedo dejar...
—Sí, lo sé. ¿Y estás segura de ir?
—Sí, sí, muy segura. Tú te encargaste de nuestra madre, ahora yo me encargaré de ellas.
Regina se encargó del cuerpo de mi madre cuando murió. No tenía que dejar a Karim y Katia sin un lugar donde descansaran en paz. Estaba consiente de que me encontraría con algo fuerte, debía superarlo. Tenía también que pensar en qué le diría a Ewan y cómo le explicaría a Evan.
La mañana siguiente la ayuda llegó. Enfermeras bajaban en grupos de tres y corrían a ayudar a los heridos. Varias enfermeras pasaron a mi lado y les pedía que ayudaran a mi hijo pero ninguna lo hizo. En mi desesperación por no obtener ayuda, me levanté y jalé por el brazo a una enfermera, la más cercana.
— ¡¿Qué le sucede?! —preguntó con irritación.
—Necesito de su ayuda y me ignora -respondí con la misma irritación.
—Hay más personas heridas ¿no lo ve?
—Mi hijo tiene una herida grave —bajé el tono de mi voz— por favor, se lo suplico.
Sin más, la enfermera tomó varios medicamentos y la conduje hasta Evan. Mi hijo yacía en posición fetal. Estaba pálido, su boca reseca y unas ojeras enormes. Me daba cuenta que le costaba trabajo sólo mover la boca. La enfermera se acuclilló y destapó a mi hijo. Pensé que no se impresionaría por la herida de Evan, creí que había visto cosas peores pero no fue así. La tela tenía una gran mancha roja.
—Necesito llevarlo al subterráneo —dijo.
— ¿Cree que haya espacio para él? —pregunté con miedo.
—Sí, sí lo habrá.
La enfermera lo cargó y nos dirigimos hacia el subterráneo. Abby, la enfermera habló con el policía que cuidaba la entrada y nos dejó entrar. Dentro del subterráneo había heridos recostados, señoras y señores muy mal heridos, algunos implorando por más medicina. Bebés y niños llorando. Era mucho peor que afuera, el olor era nauseabundo y el clima era caliente. Abby lo recostó sobre una manta y Evan se quejaba del dolor.
—Lleva dos días así —dijo Regina.
— ¿Qué edad tiene? —preguntó sin tocarlo.
—Seis... ¡siete! Siete años —respondí.
— ¿Cómo se llama?
—Evan —Abby se acercó para inspeccionar mejor la tela y ver por dónde comenzar a quitarla.
—De acuerdo. Evan, sé que me puedes escuchar —le dijo al oído— te quitaré el pedazo de tela para ver la herida, ¿bien? Me ayudará, señora.
—Lo haré yo —respondió Regina— Soy su tía, ella es mi hermana.
—Muy bien.
Realmente no tenía la fuerza suficiente para soportar el sufrimiento de mi hijo. Abby quitaba con cuidado la tela, Evan movía los pies en señal de molestia. Todo iba tranquilamente hasta que llegó la parte final. La herida de Evan se estaba cerrando junto con la tela, tendrían que removerla. A pesar de que la enfermera tenía experiencia era difícil y un pequeño jalón le quebraba el alma a mi hijo. Nuevamente comenzó a gritar e implorar que lo dejaran en paz.
— ¡Ayuda, mamá! —gritaba Evan con sus ojos secos, las lágrimas no le salían.
—Tranquilo, Evan. No te muevas, ya casi terminamos —decía Abby.
— ¡No! ¡Basta, basta! ¡Duele! ¡Mamá! ¡Auxilio, auxilio! —imploraba. Me acerqué a su rostro quebrado y entre mis lágrimas, sonreí. Acaricié el rostro y trataba de calmarlo. Abby no lo quería lastimar y Evan se movía demasiado.
El momento en que la enfermera tomó el pedazo de tela, Evan se jaló sin querer y la tela salió de su herida. Evan quedó sin voz, el aire se fue...Y de pronto, el grito de dolor partió mi corazón. La herida se volvió a abrir, Abby espolvoreó un poco de morfina y cosió cuidadosamente la herida.
miércoles, 15 de octubre de 2008
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1 comentario:
Evan!!!!
Pobrecito :C
Y Alan... se va a morir? No, por favor. Acababa de ser padre :'C
Y Katia y Karin...ahhh!!
Qué feo debe ser una guerra, ojalá EUA no desate otra ¬¬
Debo ser fuerte y llegar hasta el final de ésta historia, aunque me hagas chillar xD
TQMMMMMMM
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