Caminamos hacia la entrada principal de nuestro suburbio, Evan estaba cansado y arrastraba sin intención las bolsas que llevaba, decidí caminar más lento para que Evan no se cansara aún más. No tenía idea a donde ir y rezaba para que los alemanes no llegaran por donde Evan y yo caminabamos. Mi hijo no podía más y pidió que descansaramos un momento. Me daban ganas de cargarlo y seguir caminando pero por más que quisiera no podría con tantas cosas a la vez, así que descansamos.
-¿Falta mucho, mami? -preguntó Evan.
-No lo sé, espero que no, avanzamos algo de camino así que la entrada debe de estar cerca - le dije alentandolo a seguir caminando.
-Dijiste que cuando mi papá regresara de servir al país, iríamos a ver a la abuela ¿mi papá regresó?.
-No, Evan. Tu papá sigue sirviendo al país - dije, no quería seguir mintiéndole.
-¿Cómo sirve al país? - preguntó nuevamente con la curiosidad que lo distinguía.
-Ehhhhh...tu papá sirve...- pensaba si decirle la verdad o mentirle, pero no sabía cómo - tu padre...
-¿Como un mesero?.
-¿Mesero? - me pregunté. La imaginación de un niño de 6 años de edad puede impresionar demasiado - ¿Cómo es que te imaginas a tu papá de mesero, Evan?.
-Sí, se pone un traje con moño y sirve de comer a los otros Ingléses como nosotros - respondió. No sabía si decirle que eso era exactamente lo que su padre hacía o decirle que había entendido mal.
-Bueno, eso no lo sé, podríamos preguntarle cuando lo veamos ¿te parece bien?.
-¡Sí!
-Muy bien, ahora sigamos para ganarle tiempo al tiempo.
-Sí que sí, ganar tiempo al tiempo.
Por otra parte, Ewan avanzaba hacia Alemania, habia cruzado la frontera de República Checa y por ahí entraría a atacar, ya que no pudieron entrar directamente por Polonia. La voz corrió rápidamente y varios soldados comentaban sobre la emboscada que Alemania haría a los suburbios de Francia. Alan no pudo evitar escuchar y preguntó.
-¿Los alemanes atacaron los suburbios de París? -preguntó.
-Aún no, pero lo harán. Medios pelotones irán a tomar los suburbios antes de que los alemánes, hijos de puta, lo hagan - respondió uno de los soldados presentes.
-Gracias - dijo Alan y fue en busca de Ewan para avisarle.
Ewan se encontraba platicando, bebiendo y fumando con otros soldados. Alan lo vió entre la multitud y corrió a él.
-¡Ewan! ¡Ewan! - gritó.
-¡Hey! ¿Qué pasa, viejo? - respondió Ewan dándole una palmada en la espalda.
-Ewan, escuché que los alemanes tomarán los suburbios que están cerca de París.
-¡¿Qué?! ¡¿Cuándo?! - gritó Ewan quién botó su cigarro al suelo y obligó a Alan a decirle lo que sucedía.
-¡Tranquilo! No lo sé, dicen que pronto, aún no atacan. Medios pelotones ingléses irán a tomar los suburbios antes de que los alemanes lo hagan, tranquilo viejo. Tu esposa estará bien, no creo que se quede a correr el riego, ¿verdad?
-Pero ¿si no saben y los atacan?, tenemos que avisarles - gruñó Ewan.
-Oye, oye oye, si no lo supieran ahora estaríamos hablando de que atacaron, mas no que atacarán, relájate.
-Tienes razón - dijo tranquilo.
-¿Lo ves? Ahora busca tus armas que ésta noche partiremos.
-Sí, yo te alcanzo - dijo mientras pensaba en cómo estaríamos.
Llegué con Evan a la entrada de nuestro Suburbio
'Trois Domaines'. La gente se veía muy amable, pregunté a un comerciante que pasaba por ahí dónde encontraría las oficinas principales y el señor me señaló el rumbo. Entrámos a las oficinas y pedí información
-Buenas tardes, una pregunta, ¿sabe si algún camión pasará por aquí con destino a Bélgica? - pregunté un tanto miedosa. Un señor gordo y con bigote blanco salió a responder.
-Buenas tardes, no, por el momento ningún camión pasará, los recorridos han sido cancelados por el rumor de la emboscada a nuestros suburbios - dijo mientras revisaba notas en su cuaderno.
Sentí que mis esperanzas habían muerto, me sentí mal y pensé en por qué estaba haciendo todo ésto si ya no teníamos salida. El señor notó mi angustia.
-Disculpe, señora. Por esa calle existe una casa de hospedaje, creo que podrá quedarse ahí mientras los camiones vuelvan nuevamente.
-Muchas gracias - dije.
Tomé mis cosas y a Evan, salímos para hospedarnos en la casa que nos habían dicho. Al llegar, la señora Rosy nos recibiría muy amablemente.
-Pasen por aquí, cuidado con el suelo, está húmedo, apenas terminaron de fregarlo -dijo mientras nos guiaba a nuestra habitación.
-Gracias. Evan, pisa con cuidado - le dije mientras hacía maniobras con la bolsa y maleta que llevaba.
-Ésta es su habitación, sencilla pero muy cómoda.
-Gracias señora Rosy, le agradezco - dije mientras le daba unas monedas.
Rosy salió y cerró la puerta, Evan se quitó los zapatos, se tiró en la cama y descansó. Busqué las cartas que había escrito, busqué por todos lados pero no encontraba nada. Ví el pequeño abrigo que Evan llevaba puesto y dos papeles se asomaban, me acerqué y los tomé. Evan sintió y abrió los ojos.
-Cierto, habías dejado las cartas en la mesa de la casa justo cuando tomaste la fruta - me dijo.
-Gracias por guardarlas, Evan. Iré a depositarlas al correo, no tardo.
-Yo quiero ir contigo, quiero conocer por aquí - dijo entusiasmado.
-Muy bien, pónte los zapatos y vamos.
Salímos a buscar la oficina de correo que Ewan nos había dicho antes de que se fuera a la guerra. Dejaría las cartas necesarias sólo si la situación se complicaba, era uno de los acuerdos que tuvimos Ewan y yo. La encontramos y no tardamos en entrar.
-Buenas tardes -saludé para que alguien saliera a atender.
-Buenas tardes, señora. ¿En qué le puedo ayudar? - dijo un jóven de unos 23 años de edad.
-Vengo a dejar éstas dos cartas...¡no!, espere, sólo ésta.
-Ahhh entiendo, cartas secretas. Espere un momento.
-Muy bien - dije. El jóven se metió nuevamente, de pronto salió un señor.
-Buenas tardes, ¿viene a dejar cartas? - preguntó.
-Sí, sólo ésta - respondí dándole mi carta.
-Muy bien, ¿apellido?.
-Grimmes. Doble eme - dije.
-Listo, ¿sabe el movimiento de ésta carta, verdad?.
-Sí.
-De acuerdo, eso es todo - respondió amablemente. Dí las gracias, dos monedas y salí, había dejado la carta de Ewan, era más importante que llegara. Evan y yo teníamos hambre, así que nos apresuramos antes de que la noche nos alcanzara. Llegamos a nuestra habitación y saqué una botella de leche y dos piezas de pan. Evan comió todo y tan pronto como lo hizo, lo metí a bañar. Cuando salímos del baño se recostó en la cama y cayó rendido, yo hice lo mismo pero la madrugada sería larga.
Con la tensión que tenía sobre los ataques a los suburbios, cada ruido me despertaba, fuera un perro o un hombre borracho que hiciera ruido, abría los ojos para saber qué era. Pensaba si sería demasiada preocupación, pero me dí cuenta que no. Escuché que varias personas corrían cerca de la ventana de nuestra habitación, decidí asomarme cuidadosamente y al mirar, dos alemanes rondaban cerca, me asusté. Desperté silenciosamente a Evan, le dije que guardara silencio y me siguiera.
-Evan, camina sin hacer ruido, por favor - le dije mientras tomaba nuestros abrigos.
-Mamá, ¿por qué hacemos esto? - preguntó Evan en voz baja.
-Shhh, pronto te diré pero guarda silencio - le dije.
Salímos de la habitación. Pensaba irme a ocultar a unos arbustos o arriba de un árbol en donde los alemanes no pudieran encontrarnos pero no llegamos a tiempo. Un estallido se escuchó muy cerca, un misil dio en el edificio que estaba a un lado del nuestro, tan pronto como escuchamos, la gente salió de sus casas corriendo y gritando. Evan pretendía hacer lo mismo, pero lo tomé de la mano y le dije que estaríamos bien. Un segundo misil volaría la oficina a la que llegamos para pedir informes sobre los camiones, la gente gritaba y los disparos comenzaron a escucharse. Rogaba porque los alemanes no destruyeran nuestra casa en donde nos hospedabamos, veía a la gente de nuestro edificio salir y gritar desesperadamente, me levanté y les gritaba que guardaran la calma, que buscaran un refugio pero parece que todo fue en vano, Evan gritó y jaló mi mano fuertemente que me hizo agacharme, lo abracé y escuchamos un sonido ensordecedor, sentí como si un mueble cayera encima de nosotros. Quedamos sordos y entre tanto polvo por los escombros pude ver a Evan, su cara estaba gris y en sus ojos podía ver que estaba llorando, me sujetaba de los brazos, a pesar de no escuchar nada, leía sus labios, me decia 'mamá'. Limpié sus ojos con mis manos y miré hacia arriba, la mitad de la casa estaba destruída, pedí en mi mente que los alemanes dejaran la casa así. Volví a mirar a Evan y le dije que todo saldría bien, que no tuviera miedo y lo abracé. Justo cuando comenzabamos a volver a escuchar, una bomba terminaría de destrozar lo que quedaba de la casa. Volvímos a quedar sordos y sentí a Evan desvanecerse en mis brazos, busqué su cara y lo sacudí, no quería ver morir a mi hijo. El mueble que nos cayó encima, nos cubrió del segundo ataque, escuchaba mi respiración y sentía mi corazón latir a mil por hora. Pensaba en Ewan, pensaba si lo que yo estaba viviendo él también lo vivía, pensaba en que Ewan tenía que salir entre disparos y bombas a atacar, sin ninguna otra opción, con miedo o sin miedo. Quería sobrevivir a los ataques, de pronto comencé a escuchar de nuevo; gritos de mujeres, disparos, bombas, alemanes corriendo, sería cerca de las tres de la mañana. Tenía que buscar la forma de salir de los suburbios, miré a Evan y sentí un gran alivio cuando noté que respiraba de nuevo. Agradecí a Dios y abracé a mi hijo.
Logré salir del mueble, Evan estaba asustado, le dije que todo saldría bien,que tenía que confiar en mi.
-Evan, ven conmigo hijo, tenemos que salir de aquí - le dije.
-Tengo miedo, mamá - dijo aferrandose.
-Evan, hijo, tenemos que salir. Puede pasar lo mismo, hazme caso, cariño, no pasará nada, ven - le dije, Evan accedió a salir de ahí.
Al igual que Evan, yo también estaba muerta de miedo. Me asomé cuidadosamente, cargué a Evan y salí corriendo a unos arbustos, sentía como Evan suspiraba. Salímos vivos de la toma de los suburbios, creo que era tiempo de decirle a Evan todo lo que sucedía, poco a poco, explicándole las cosas.