lunes, 16 de junio de 2008

Capítulo IX // Kortrijk

Tuvimos un largo día de camino, para no aburrirnos, Thomas y yo platicamos de todo. Supe muchas cosas de él y él supo cosas de mí. Al mirar a Thomas, sentía que su mirada no era la misma que cuando salimos de la aldea, lo noté cuando me avisó que habíamos llegado a Bélgica.

-Llegamos, Klein - dijo con una sonrisa en sus labios.
-¡Viva! - gritó Evan.
-Muchas gracias, Thomas. No sé como pagarte, ya no tengo dinero - le dije.
-No te preocupes, así déjalo. Estamos en Kortrijk.
-¿En dónde? - preguntó Evan con demasiada curiosidad.
-Es una ciudad de Bélgica, lejos de ataques. Aquí será más fácil que lleguen a Brugge y luego a Oostende ahí podrán desembarcaran a Inglaterra
-Ese es nuestro acuerdo, Evan. El que hice con tu papá - le dije a mi hijo.

Eran casi las siete de la noche, buscamos en donde poder quedarnos. Thomas nos ayudó a buscar algo seguro. Las calles se veían tranquilas, muy turístico, todo era relajado y la gente parecía amable. Pronto llegamos a una casa, era la casa de la hermana de Thomas. Alicia nos recibió no muy bien, era una mujer amargada. Evan y yo saludamos pero no respondió, Thomas entró a la cocina con ella y pareció decirle que fuera amable con nosotros. Alicia salió y preparó algo de cenar para todos. Después preparó una cama en donde yo dormiría con Evan. El ambiente con Alicia no era muy bueno y tan pronto como terminó de cenar, salió a la calle.

-Disculpa, Klein. Es algo amargada y no muy amable.
-No te preocupes, mañana nos iremos, buscaremos un lugar en donde no podamos molestar a alguien -le dije.
-No, no es molestia. ¿Sabes? Quiero que te quedes aquí, estás a salvo de todo - me dijo mirándome a los ojos.
-Thomas, no quiero molestar, ella no tiene la culpa de que estemos Evan y yo aquí - le dije evitando sus miradas. Thomas se acuclilló a la altura de Evan y le dijo que en la parte de atrás había un balón, Evan se emocionó y salió corriendo.
-Si querías que Evan no estuviera aquí para que no escuchara nuestra conversación, le hubieras dicho la verdad, mi hijo entiende y no pone ningun pero si le hablas con la verdad - le dije.
-Lo siento pero quiero decirte algo importante - tragó saliva y dijo - Klein, estoy enamorado de ti.
No sabía que decirle, me dejó helada. Me di la vuelta y no sabía cómo actuar.
-Klein, lo siento, no fue mi intención enamorarme de ti. Es sólo que tú...cuando estábamos en la camioneta y todo lo que me contaste, no sé que pasó pero...me gusta estar a tu lado, eres muy linda y quiero que estés conmigo.
-Thomas, no puedo. Tengo a mi esposo, mi hijo y un hijo en camino. No puedo, lo siento. Mañana me iré con Evan - dije.
-No, no, no te vayas - suplicó. No dije nada y salí con Evan a la parte trasera de la casa. Thomas se quedó pensando en la casa.

Al día siguiente Evan y yo salimos a buscar algo de comer y un lugar en donde quedarnos o buscar un transporte que nos llevara a Brugge pronto. Caminamos hasta un puente y nos quedamos a descansar por un momento. Evan jugaba con las palomas que estaban cerca, estaba tan divertido que al voltear rápidamente una paloma casi choca con él, Evan la evadió pero cayó sentado al suelo y enseguida vi sus piernas al aire, corrí a él, iba riéndome y al verlo tirado al suelo estaba muerto de risa. Después de lo que pasamos en la entrada de Trois Domaines ver muerto de risa a Evan me hizo sentir tranquila y supe que Evan estaba bien después de traumante ataque.

-¡Mira mamá! - gritó Evan, señalando unos camiones militares
-Son camiones militares, Evan - le dije mientras sacudía el polvo que tenía.
-¿Mi papá está ahí? ¿Podemos ir a ver? Dí que sí - dijo Evan
-No lo sé - le dije con mirada juguetona.
-Por favor, mamí. Sólo un ratito, no nos tardarémos mucho - insitió Evan
-Está bien, sólo por un rato, ¿de acuerdo? - dije.
-¡Sí!.

Caminabamos hacia donde los soldados bajaban de los camiones, antes de cruzar la calle, ví que Thomas venía hacia nosotros, no quería verlo ni mucho menos hablar con él así que apresuré el paso, cruzamos la calle y mucha gente comenzó a llegar, la calle estaba infestada de gente, era casi imposible caminar. De pronto sentí que Thomas tomó mi hombro.

-Klein, espera. Quiero hablar contigo - me dijo.
-Thomas, ahora no podemos hablar. En la tarde hablarémos - le dije. Thomas maldijo y caminó detrás de nosotros.
-¿Es ése mi papá?.
-¿Tu papá...? No creo...es... - Evan interrumpió gritando.
-¿Papá?...¡Papá! ¡Papá! - gritó y de pronto se soltó de mi mano.
-¡Evan! ¡Evan! - grité y corrí tras él.

Era dificil moverse entre tanta gente pero no perdía de vista a mi hijo. Evan, siendo tan pequeño se podía mover fácilmente entre tanta gente. Mientras corría tras Evan, me preguntaba a mi misma si Ewan estaría en Bélgica, me preguntaba cómo era que Evan pudo ver a su papá y si sería él. De pronto no ví a Evan, buscaba su abrigo café y su boina pero no estaba. Me detuve y sentí como si me hubieran paralizado, pensé que mi hijo había sido robado y derrepente ví a Ewan. Lo ví bajar del camión, no lo creía. Ewan sonrió y c agachó para abrazar a Evan. Caminé hasta ellos y Ewan me vió, su sonrisa desapareció y corrió a mí. Nos abrazamos tan fuerte que supe que no era un sueño. Ewan me tomó por mis mejillas y me miraba. No pude evitar llorar y nos besámos. Sentir sus labios otra vez me ponía muy feliz.

-Ewan...estás bien, no puedo creerlo...te extrañé tanto - le dije tartamudeando.
-Yo también, no sabes lo feliz que estoy al verlos de nuevo y de sentir...a mi bebé - dijo mientras baja a Evan de sus brazos. Se acuclilló y dio un beso en mi vientre - Estoy tan feliz de que vayamos a tener otro hijo, no sabes lo feliz que estoy.
-Yo también, Ewan. Tuve miedo de perderte y verte me pone más feliz. Te amo, Ewan
-Te amo - dijo Ewan mientras nos besábamos nuevamente y Evan nos abrazaba. Thomas nos miraba desde atrás y tan pronto como pudo se acercó. Sonreí a ojos de Ewan.
-Ewan, mira. Quiero que conozcas a Thomas, él nos trajo hasta aquí - dije.
-Hola Ewan, mucho gusto - saludó Thomas.
-Hola Thomas, el gusto es mío. Gracias por traerlos hasta aquí - dijo estrechando la mano.
-Por nada, Evan es muy buen niño y Klein es una buena mujer, tienes suerte de tenerlos Ewan.
-Gracias - dijo.
-Nos quedamos en casa de su hermana, Ewan - le dije - Evan y yo salímos a buscar un lugar en donde quedarnos para no molestar más a su hermana, vimos que los camiones militares llegaron y decidimos venir.
-Así es y vaya sorpresa que nos diste a todos, Ewan - respondió Thomas.
-Ahora me tocaba a mi darles una sorpresa - contestó Ewan.

Thomas se notaba molesto y dijo que tenía que irse. Se despidió de nosotros y dijo que nos esperaba a comer en casa de su hermana. Ewan nos llevó a un edificio en donde todos los soldados se hospedarían. Entramos a la habitación y Ewan acomodó su maleta. Habían dos camas pero el soldado que ocuparía la cama, murió en combate, así que podríamos quedarnos ahí juntos. Evan estaba feliz de ver a su papá nuevamente.

-¿Por cuántos días te vas a quedar con nosotros, papi? - preguntó Evan.
-No lo sé, Evan. Espero que muchos días - contestó Ewan.
-¿Irás con nosotros a Inglaterra? -volvió a preguntar Evan.
-No lo sé, hijo. Espero que sí.

Tan pronto como Ewan terminó de arreglar sus cosas, salímos a recoger el dinero que el gobierno le da a Ewan por servirle. Con eso tendríamos para algo de comida.

jueves, 12 de junio de 2008

Capítulo VIII // A Bélgica

Varios días pasaron desde que una pared cayera encima de Ewan. El pelotón no había avanzado debido a los pocos hombres que sobrevivieron. Alan entró a ver Ewan, se veía bien, sus heridas sanaban rápidamente y al ver a Alan, sonrió.

-¿Cómo te sientes? - preguntó Alan.
-Adolorido - respondió.
-Pero mejor que estar bajo una pared ¿no? - le dijo, ambos rieron.
-Basta, no me hagas reír, me duele cuando rió.
-Ewan, quiero que me perdones - dijo Alan.
-¿Perdonarte? ¿Por qué? - preguntó Ewan confundido.
-Toma, te llegó esto dos días después del ataque - le dijo Alan mientras le entregaba la carta que le mandé. Ewan miró a Alan y preguntó
-¿Son buenas noticias?.
-Sí, las mejores - dijo Alan seriamente.
-Antes de que abra la carta, dime ¿por qué quieres que te perdone?.
-La leí. No sabía si hacerlo o no, pero sabiendo que estabas mal decidí leerla por si sucedía algo saber que hacer, disculpame.
-¿Conoces lo que es la privacidad, Alan? - preguntó Ewan.
-Ewan, claro que sí pero...disculpame, no lo hice con el afán de...lo siento, viejo - dijo Alan apenado, Ewan lo miró enojado y Alan respondió a su mirada, de pronto una sonrisa se dibujó en cara de Ewan dando a entender que lo que preguntó fue una broma.
-No tienes de que preocuparte, Alan.
-Por un momento creí que había hecho mal en leerla - dijo al dar un respiro de alivio.
-Gracias por recibirla - agradeció Ewan mientras abría el sobre. Ewan comenzó a leerla y Alan estaba al pendiente de su cara, quería saber cómo reaccionaba cuando supiera que sería papá nuevamente. Ewan fruncía las cejas, poco a poco dejaba de hacerlo y comenzaba a sonreír, la noticia lo puso contento, sonreía enseñando los dientes y miró a Alan.
-Te dije que serían de las mejores noticias - respondió Alan con una sonrisa
-No...no puedo creerlo, ¿está embarazada? ¿no estoy soñando?.
-No, estás vivo y ¡seremos papás! - gritó Alan. Todas las personas que estaban alrededor de ellos voltearon al escuchar a Alan gritar. Ewan no dejaba de sonreír, estaba más que feliz y comenzó a hacer cuentas, dedujo que yo tendría unos dos o tres meses de embarazo. No podía creer que sería papá nuevamente y tenía ganas de verme, de verme embarazada nuevamente.

Pasaron varias semanas y estaba algo preocupada, pues no recibía noticias de Ewan. Quería saber qué pensaba de nuestro embarazo. La señora Edna me decía que no me preocupara, por mi bebé. Pareciera que desde que supe que estaba embarazada, mi bebé se dejó notar y los síntomas eran más frecuentes, pero la señora Edna me ayudaba, ella era enfermera retirada. Una semana después recibí noticias de Ewan, supe lo de la pared, lo de Alan y Albert, me tranquilicé al saber que Ewan se recuperaba y que no avanzaría junto con su pelotón. Por mi parte, mi embarazo tendría unos tres meses y medio y una buena noticia llegaría a la aldea.

-¡Mamá! ¡Mamá! - entró Evan gritando a la casa.
-¡Hola! ¿Qué pasa, pequeñín?.
-Mamá, un hombre dice que irá a Bélgica...¡A Bélgica, mamá!
-¿Quién?
-Allá afuera, corre, corre - me decía Evan mientras me empujaba para salir - ¡Ése señor! - señaló. Me acerqué y dije.
-Buenas tardes.
-Dígame, dama - me saludó.
-Escuché que irá a Bélgica, ¿es cierto?
-Así es, partiré hoy por la tarde ¿por qué? - preguntó.
-¡Iremos a ver a mi abuela a Bélgica! - gritó Evan feliz.
-Ohhh ya veo, ¿quieren que los lleve? - volvió a preguntar.
-Bueno...si no será molestia... - dije casi tartamudeando.
-¡Claro! Así tendré quien me haga compañía - dijo el joven mientras despeinaba a Evan.
-Somos tres, no importa, ¿cierto? - dijo Evan.
-¿Tres? - preguntó con confusión
-¡Sí! Mi mami va a tener un bebé - dijo con una sonrisa.
-¡Evan! - grité insinuando que debía guardar silencio.

El joven tendría 25 años, un año menos que yo. Judío, pero su aspecto no era al de un judío. Era alto y delgado, tenía ojos azules y su cabello era castaño. Llegó a la aldea para visitar a su mamá. Thomas, era viudo, su esposa fue llevada a un campo de concentración y murió allí. Era un buen hombre, pero reflejaba tristeza.
Evan y yo regresamos a empacar las pocas cosas que teníamos, Edna no quería que nos fueramos.

-¿De verdad se van? - dijo la señora gorda.
-Sí, Edna. Tengo que llegar a Bélgica, ahí será más fácil escapar a Inglaterra y estaremos muy seguros.
-Pero aquí están bien, tienen comida, tienen ropa, una cama y agua tibia para bañarse - dijo limpiándose los ojos.
-Lo sé y te agradezco la ayuda que me diste estos meses, te lo agradezco, Edna - tomé la mano de ella y la abracé. Evan se dio cuenta y también corrió a abrazarnos. Edna lloraba y su hijo, Henrry, también lloraba.
-No te vayas, Evan. ¿Con quién jugaré? - preguntó Henrry.
-Pues, ¿sabes? Lo siento mucho, pero tengo que ver a mi abuela, prometo venir a verte, ¿de acuerdo? - dijo Evan, su mano estaba en el hombro de Henrry.
-Que no se te olvide, es una promesa eh.

Antes del atardecer, escribí una carta a Ewan diciendole que nos ibamos a Bélgica, le expliqué quien nos llevaría y que estabamos bien, que no se preocupara por nosotros. Terminé y fui a ponerla al buzón con la esperanza de que le llegara a Ewan.
Comímos por última vez con Simon, Edna y Henrry. Evan y yo estabamos felices, iríamos a Bélgica y luego a Inglaterra, estaríamos tranquilos y solo esperaríamos a Ewan para volver a estar juntos y con nuestro bebé. Terminamos de comer y salímos, Thomas nos esperaba en su camioneta color gris, era vieja y sucia pero aguantaría hasta Bélgica. Subimos nuestra única maleta y nos despedimos. Abordamos la camioneta y partimos.

-Así que...irá a Bélgica - dijo Thomas.
-Sí - respondí.
-El clima es muy frío por allá, antes de llegar pasaremos a recoger unos abrigos para ustedes.
-No, no tienes que hacer eso por nosotros, Thomas. Los que llevamos nos servirán - dije.
-No le diré nada, cuando menos vea tendrán abrigos nuevos.

Thomas y yo platicamos para no aburrirnos. Evan se durmió en mis piernas, el camino era largo y mucha conversación abriría la confianza.
Ewan también recibió buenas noticias. Los doctores tenían muy buenas esperanzas de su salud, se recuperaba muy bien y pronto saldría de la camilla para comenzar a caminar. Alan llegó con Ewan y le dijo que sus pelotón regresaría a Bélgica, debido a las bajas de soldados. No tenían soldados para seguir avanzando y que otra compañía avanzaría por ellos. Ambos festejaron y estaban felices. Ewan pensó en irme a buscar a la aldea, tenia ansias de verme y sentir a nuestro bebé, tenía ganas de abrazar a Evan y jugar con él. Alan quería ver a su esposa y saber cómo seguía el embarazo, ver a su mamá y hermanos.

-Iré a buscar a Klein y Evan...y a mi bebé, por supuesto - dijo Ewan emocionado.
-Sé la felicidad que sientes, ¿sabes? podrías conocer a mi esposa y yo podría conocer a tu esposa y tu hijo, ¿qué te parece? - dijo Alan.
-Me parece perfecto - dijo Ewan sonriendo. Tres días pasaron, Ewan recibió mi carta en donde le decía que Evan y yo ibamos a Bélgica, era seguro el viaje, puesto que Thomas no parecía judío, mucho menos Evan y yo, así que estaríamos algo seguros. Nos encontraríamos en Bélgica, yo no lo sabía pero Ewan sí, ahora era tiempo de que Ewan me diera una sorpresa a mí. Ewan pudo caminar, Alan estaba feliz de ver a su amigo recuperarse. Fueron a ver a Albert, no se recuperaba, estaba delicado y perdió demasiada sangre. Albert no tenía muchos días de vida.

-Albert...Soy Ewan, recuperate pronto, viejo - le dijo al oído.

Ewan estaba triste por su amigo, pues lo había salvado de una muerte y rezaba a Dios para que se recuperara. Alan y Ewan tan pronto como pudieron, partieron a Bélgica para olvidarse de alguna manera de la guerra y ver a sus seres queridos.

Capítulo VII // Promesas

Tres días habían pasado desde Ewan recibió mi primera carta pero durante ésos tres días, se enteró que los alemanes destruyeron gran parte de los suburbios. Algo le decía que estábamos bien. Ewan y su pelotón entraron a unos edificios abandonados, se instalaron y pasarían la noche ahí. Nuevamente el cartero llamó a los soldados que tenían correo y Ewan obtuvo otra carta de mí, estaba feliz de saber que seguíamos con vida y leyó con emoción. Supo que fuimos atacados por los alemanes y salimos con vida, le dí la dirección de la aldea en donde podría escribirnos y no tardó en hacerlo.

Pasarían varios días que Ewan escribió y por fin recibí una carta de él.

'Klein:
No sabes lo feliz que estoy por saber que Evan y tú están bien. Las cosas por aquí están difíciles, no podemos entrar tan fácil a Alemania. Varios soldados que conocí en el campo han muerto, a Marcus lo hirieron en la pierna y no pudo caminar. A Alan, espero que lo recuerdes, lo hirieron en el abdomen, pero está bien. A mí se me incrustó un metal en el brazo y estoy bien. Tengo muchas ganas de abrazarlos y besarlos. Quiero que te quedes en ésa aldea para cuando yo vuelva. Quiero encontrarlos con vida y no quiero que salgas por ningún motivo de ahí. Sé que es peligroso porque vives con judíos, si algo sale mal, no dudes en escribirme, por favor.

Te amo


Ewan G. G.'

Al recibir la carta dudé en escribirle sobre mi embarazo, no quería preocuparlo pero Evan notó mi preocupación.
-¿Estás triste? - preguntó Evan
-No, hijo. ¿Por qué? - le dije.
-No lo sé, tu mirada es triste. Oye mamá, ¿voy a tener un hermanito? - preguntó.
-¿Quieres tener un hermanito? - pregunté.
-Sí, para jugar con él.
-Tendremos que esperar unos meses más, ¿qué te parece? - dije sonriendole
-¿Y mi papá sabe que voy a tener un hermanito?.
-Evan, ve a lavarte las manos para cenar, ¿de acuerdo? - respondí.
-De acuerdo, pero...no contestaste mi pregunta - dijo.
-Evan, por favor, hazme caso y ve a lavarte las manos - dije enojada
-Está bien - respondió Evan bajando la cabeza y saliendo a lavarse las manos.

Supe que estuvo mal responderle de tal manera así que salí a pedirle una disculpa.
-Evan - dije.
-Mande, mamá - respondió aún con la cabeza abajo. Me arrodillé frente a él y le alcé la cara.
-Evan, siento haber contestado de mala manera - le dije mirándolo a los ojos. Se quedó callado y volvió a bajar la cabeza - Evan, no bajes la cara, hijo.
-Estás enojada conmigo - dijo.
-No, hijo, no lo estoy, es sólo que no quería contestar tu pregunta - añadí
-¿Por qué? - preguntó.
-Porque no quiero decirle a tu papá que vas a tener un hermano
-¿Por qué se lo ocultas? - preguntó algo enojado.
-Por que no quiero preocuparlo, pero le diré, cuando lo veamos -
-Ya no lo veremos nunca
-¡Evan! ¿Por qué dices eso? ¡Claro que vamos a ver a tu papá!
-Henrry me lo dijo. ¡Me dijo que mi papá está en la guerra, que moriría y jamás lo volvería a ver! - gritó mientras lloraba
-No, Evan, tu papá no va a morir, lo veremos cuando ésto termine y regresaremos a nuestra casa, te lo prometo - dije abrazándolo.
-Te quiero, mamí.
-Yo también Evan.

Ewan descansaba mirando las estrellas junto con Alan y Albert. Alan estaba triste por su hijo y su esposa, comenzó a decirle a Ewan y Albert que si algo le pasara, que le dijera a su esposa que llamara a su hijo 'Alan' como él. Ewan dijo que eso se lo diría él personalmente, Albert no sabía que decir, era algo tonto con alentar a la gente.
-Ewan, prometeme que le dirás a mi esposa si muero.
-No vas a morir, ¿de acuerdo?
-¿Quién me lo asegura? - preguntó Alan con enojo.
-Yo - respondió Ewan - y tú me asegurarás la vida a mí, para eso estamos, hermano.
-Para eso estamos - dijo Albert.
-Quiero ver a mi hijo, quiero conocerlo y quiero que él me conozca a mí.
-Por eso tenemos que salir de ésta mierda de guerra y acabar con los estúpidos alemanes -dijo Ewan encendiendo un cigarro.
-Ambos le contarán a sus hijos las hazañas que vivieron durante la guerra - dijo Albert.

Mientras seguían conversando, un misil caería en el edificio cerca. Rápidamente tomaron sus armas y se escondieron, no sabían de donde provenían los ataques. Ewan subió por las escaleras y buscó de donde salían los misiles, venían del frente. Alertó a todo el pelotón y salieron rápido de la zona roja, Ewan volvió a mirar por el hueco de la pared, vio venir una bomba directamente a él. Sintió la explosión en su pecho, cerró los ojos y se perdió del mundo.

-¡¿Y Ewan?! -preguntó Alan.
-¡No lo sé! ¡Ví que subió hacia las escaleras traseras! - respondió Albert
-¡¿Escaleras?! ¡Mierda! ¡Atacaron por detrás y Ewan estaba ahí! - gritó Alan.
-¡¿A dónde diablos vas?!.
-¡A buscar a Ewan! - gritó.
-¡Quédate aquí y ayúdame, Ewan se las arreglará solo! ¡Lo conocemos! - gritó Albert. Tenía razón, Ewan era inteligente y si algo sucedía él podría, pero si estaba en la guerra, la suerte era importante para todo. El edificio se derrumbaba, el pelotón salió de ahí y corrió en busca de refugio. Albert y Alan corrían y de pronto, Albert cayó
-¡Albert! ¡Albert! - gritó Alan
-¡¡Mi pierna!! ¡Ahhhh!! -se quejaba Albert, una bala perforó su rodilla. Alan corrió hasta donde estaba su amigo y lo jaló a salvo.
-¡Mierda, duele! - gritaba Albert - ¡Méeeedico!
-Tranquilo, viejo, estarás bien - alentaba Alan, pero la herida era profunda y no dejaba de sangrar.
-¡Alan! ¡Alan! ¡No quiero morir! - gritó.
-¡Eso no pasará! - le respondió Alan, volvió en posición de ataque y continuó disparando. Albert se estaba desangrando, una segunda bala le dio en el muslo afectando arteria principal y aún no lo sabía.

Mataban más alemanes que ingleses. Volvieron a ganar pero las bajas de soldados ingleses eran demasiadas. Un médico atendía a Albert pero estaba muy mal, la morfina no ayudaba a su dolor, Albert pensaba que si no moría por la herida, moriría del dolor, era insoportable. Entre dos soldados más llevaron a Albert a una camilla, el médico intentó limpiar la herida, rompió su pantalón y se percató de un segundo hoyo en su muslo, Albert no estaba muriendo por su rodilla, sino porque se desangraba. Rápido ató un trapo a su muslo para detener el sangrado pero no se sabía nada.

Mientras tanto, Alan buscaba a Ewan, preguntaba a cualquier soldado si lo habían visto pero ninguno lo vio. Regresó al edificio caído y entre tanto escombro se imaginaba lo peor. Gritó el nombre de Ewan con la esperanza de que éste lo escuchara, pero no fue así. No se podía imaginar a Ewan muerto. Fue en las escaleras traseras en donde Alan encontraría un pedazo de pared caído, miró con atención y una bota se asomaba. Alan no tardó e intentó alzar la pared que mataba a Ewan, con desesperación intentaba algo que no podía, se imaginaba el dolor que se sentiría sofocarse por tener demasiados kilos encima. Alan no sabía que hacer y lloraba con angustia. Regresó al pelotón y pidió ayuda.
-¡Ayuda! ¡Ewan está atrapado! - gritó desesperado y cuatro o cinco soldados siguieron a Alan - ¡A la cuenta de tres! ¡Uno...dos...tres! - contó Alan y lograron alzar la pared que cubría a Ewan.
-¿Está muerto? - preguntó un soldado
-¡No puede estar muerto! ¡Ewan, responde! - gritaba Alan mientras miraba a Ewan.
-Una baja más - dijo otro soldado retirandose del edificio caído.

Alan no lo creía, no quería aceptar que Ewan estaba muerto, se arrodilló a Ewan y le pidió disculpas.
-Ewan, disculpame por no poder salvarte. No...no sabía que estabas atrapado - dijo mientras buscaba en el cuello de Ewan la cadena con su placa - te juro que le diré a tu hijo lo valiente que fuiste y le enseñaré Francés como tú pudiste haberlo hecho.

Alan lloraba en silencio, un soldado, Roger, palmeaba la espalda de Alan mientras éste pensaba en cómo me miraría a mí cuando me entregara su placa, sin darse cuenta Ewan movió la mano intentándo decir que no estaba muerto, pero sí mal herido. Alan se levantó, limpió sus ojos y junto con Roger, se marcharon. Ewan quería gritar pero no podía, hizo un esfuerzo mayor por mover alguna parte de su cuerpo pero no lo logró, volvió a intentar y su pierna respondió. Alan y Roger giraron bruscamente y corrieron nuevamente a él, Ewan pudo abrir los ojos y Alan no lo creía, Ewan estaba vivo. Alan no sabía si reir o llorar.
-Ewan, tranquilo viejo, estarás bien, no te muevas - dijo mientras Roger le ayudaba a cargarlo.

Lo llevaron con el médico y estaba muy mal. La felicidad de Alan duró poco cuando se enteró que Albert había sido llevado de urgencias al hospital más cercano, las esperanzas no eran buenas y tenía pocas probabilidades de sobrevivir. Alan fue a ver a Ewan pero no lo dejaron pasar.

-¡Con una mierda! Quiero ver a Grimmes - dijo tomando por el uniforme a un soldado de guardia.
-Ya le dije que no puedo dejarlo entrar, lo siento - insistió el soldado. Alan se resignó y salió a fumar. No sabía cómo estaba Ewan.

Dos días después del ataque, una carta llegó a nombre de Ewan de parte mía, pero ya no estaba en el pelotón. Alan recibió la carta por Ewan, pidió perdon a Dios y la leyó.

'Ewan:
Las buenas noticias llegaron, Evan y yo estamos bien. Estoy tan feliz de poder escribirte. La vez pasada Evan y yo discutimos, le contesté de mala manera y luego le pedí disculpas. Evan me dijo que Henrry, el hijo de la señora Edna, insinuó que jamás te volveríamos a ver y que te morirías. Evan lloraba por no volver a verte, pero lo calmé como sabemos hacer. Las cosas están tranquilas y ¿sabes algo? te tengo una muy buena noticia, no sé en dónde te encuentres pero tienes que saber que serás papá nuevamente. Sí, Ewan. ¡Estoy embarazada!. Fue de la noche antes de la guerra, ¿lo recuerdas?. Evan también está feliz. Yo dudaba en decirte, pero Evan dijo que tenías que saber que tendrá un hermano. No puedo creer que en vez de salvar a Evan, también salvaría a nuestro otro bebé en camino. No quiero que te preocupes por el bebé, estoy bien, estámos bien los tres; Evan, el bebé y yo. Tengo que irme, Evan tiene hambre.
Te amo demasiado y ahora con un bebé tuyo creciendo dentro de mí, te amo mucho más.

Klein G.'
Alan sonreía, su mejor amigo también tendría un bebé. Dudaba en decirle por la salud delicada de Ewan, pero debía saberlo.

miércoles, 11 de junio de 2008

Capítulo VI // Sorpresa

-¿Dormiste bien? - pregunté a Evan quien apenas abría los ojos. Lo llevaba cargando.
-¿Dónde estamos? - preguntó levantando la cabeza y mirando a ambos lados.
-Lejos del ataque - respondí.
-¿Por qué nos atacaron? ¿Les hicimos algo?.
-No, hijo, los alemanes están en guerra y atacaron los suburbios. Pero ahora estamos bien.
-¿A dónde vamos? - volvió a preguntar.
-A buscar en dónde podamos quedarnos y comer algo - le dije mientras lo bajaba de mis brazos - a ver, déjame ver tu frente.
-¡Ouch! - gruñó Evan - No toques, duele.
-Tienes abierta la frente. ¿Te duele sólo cuando toco? -pregunté.
-Sí, si no tocas no duele -me respondió con una sonrisa.
-Muy bien, creo que puedes aguantar.

La misma madrugada que recibimos el ataque de los alemanes, Ewan seguía intentando entrar a Alemania.
Alan, su amigo, conoció a un soldado nuevo, su nombre era Albert, un jóven de 18 años que había mentido sobre su edad para entrar a la guerra, tenía espíritu de ser valiente pero llevaba poca experiencia, temblaba al disparar su arma así que veía a Alan como un maestro del cual aprender. Entró al pelotón después de cruzar la frontera de República Checa y conoció a Alan cuando éste le regaló unas cuantas municiones. Alan y Albert hicieron muy buena amistad, platicaron de todo. Alan no tardó en señalar a Ewan como su otro gran amigo, Albert al ver a Ewan quedó impactado pues era muy parecido a su hermano muerto y le intrigaba saber cómo era Ewan.

-Ewan, quiero presentarte a Albert - dijo Alan.
-Hey Albert, ¿cómo va? - dijo Ewan fríamente.
-Hola, todo bien ¿y tú? - preguntó Albert intentando ser amable pero Ewan no respondió, acomodó su arma y camino aprisa.
-No te sientas mal, Albert. ¿Sabes? Ewan está así desde que se enteró que los suburbios de París serían atacados por los alemanes, su esposa e hijo viven o vivían ahí - dijo Alan mientras palmeaba la espalda de Albert.

Ewan estaba enojado y triste por no saber de Evan y yo. Temía perdernos y jamás volver a vernos. Se sentía impotente al no poder ir a los suburbios.
Mientras el pelotón caminaba por la madrugada, percataron de la presesencia de alemanes y no tardaron en abrir fuego contra ellos, rápidamente dos soldados del pelotón de Ewan cayeron muertos. Ewan los vió, se agachó y preparó su arma y tan pronto como pudo, disparo contra ellos. Los disparos pasaban cerca de Ewan quien podía escucharlos mientras pensaba si los alemanes nos habrían matado a Evan y a mí, Ewan recargó su arma y disparó con odio.

-¡Estúpido alemán, hijo de puta! ¡Muere! - gritó Alan matando a un alemán de dos tiros.
-¡Alan! ¡No tengo municiones! - gritó Albert.
-¡¿Bromeas?! ¡No puedo darte más justo ahora! -respondió Alan.

Albert buscó en la mochila de Alan, sacó balas y recargó su arma. El odio de Ewan por los alemanes crecía, cada que disparaba avanzaba un paso hacia ellos sin saberlo. Albert notó lo que Ewan hacía, miró a sus alrededores y disparó antes de que un alemán matara a Ewan, le evitó la muerte. Ewan dejó de disparar y corrió a la zanja en donde Alan y Albert estaban.

-¡Eres un idiota! ¡Casi mueres frente a ellos! - gritó Alan furioso.
-¡Deja de cagarme y dispara! - respondió Ewan. Albert no sabía que decir, le incomodaba escucharlos pelear, de repente notó que algo había caído en su zanja y abrió los ojos tanto como pudo.
-¡¡¡Granada!!! - gritó saliendo de la zanja a toda prisa. Ewan y Alan salieron a prisa, pero un pedazo de metal lastimaría a Ewan.
-¡Creo que me dieron! ¡Diablos! - dijo Ewan tratando de soportar el dolor.
- ¡Médico! - gritó Albert para ayudar a Ewan.
-¡No necesito un...! - dijo mientras se acomodaba para disparar nuevamente pero no llegó a la última palabra, ya que una bomba caería en los árboles donde se refugiaban. Ewan sacudió su cabeza y quedó sordo. Su brazo lo mataba, el dolor era insoportable y supo que algo malo le sucedió. Se quedó quieto por un momento, miró a ambos lados pero Albert no estaba, la bomba los separó. Ewan tomó fuerzas para salir a disparar nuevamente, a pesar de la herida tan grave que tenía, poco a poco su dolor disminuía.

Los disparos se escuchaban cada vez más lejos. Y Ewan supo que habían derrotado a los alemanes, escuchaba a sus compañeros reírse y gritar groserías a los alemanes que escapaban corriendo. Se recargó en un árbol, sacó un cigarro y lo encendió.

-¿Estás bien? - dijo Alan - Oh dios, mira tu brazo
-¡Diablos! El metal se incrustó más después de que la bomba cayera sobre mi y sobre Albert - dijo mirando la herida.
-¿Dónde está Albert? - preguntó Alan mientras rompía el uniforme de Ewan.
-No lo sé, no lo ví después de que la bomba cayera, nos separó.
-Iré a buscarlo, un médico vendrá a verte - dijo Alan saliendo en busca de Albert.

Albert se encontraba tirado boca arriba a pocos metros de donde estaba Ewan
- ¿Albert? ¿Estás bien?.
-De maravilla, viejo -respondió.

Ewan llevaba vendado su brazo después de que le sacaran el metal que se le incrustó, vio a Albert y se acercó a él.
-Gracias - dijo.
-Por nada - respondió Albert - me enteré de lo de tu esposa y tu hijo.
-Sí, aún no sé si están con vida, espero que sí y que los imbéciles de los alemanes no ataquen - respondió Ewan mientras miraba al cielo.
-Espero lo mismo. Sabes que cualquier cosa, aquí estoy -dijo Albert
-Gracias - dijo Ewan estrechando la mano con Albert.
-Soldado Grimmes.
-Sí, señor - respondió Ewan.
-El teniente quiere verlo - dijo un soldado quien dio media vuelta. Ewan lo siguió. El teniente Woley estaba esperando a Ewan.
-Soldado Grimmes -dijo el teniente
-Sí, señor.
-¿Supo lo que hizo hace unos momentos mientras disparaba? -preguntó el teniente.
-No, señor. Lo hice sin intención - se defendió Ewan.
-¿Sin intención? ¡Fue peligroso, soldado Grimmes! ¡Se acercó a los alemanes! - le gritó el teniente a Ewan, casi escupiendo - ¡¿Quería morir, acaso?!
-Lo siento, señor.
-¡Aquí no se siente nada! ¿Es por su familia? ¿Es por la toma de los suburbios?
-Señor...yo...- tartamudeó Ewan.
-Sáquese eso de la cabeza y concéntrece, quiero su mente aquí y no con su esposa, ¿entendido?
-Entendido, señor - respondió Ewan bajando la cabeza.

Al amanecer Evan y yo seguíamos caminando para encontrar un pueblo. Iba respondiendo a todo lo que Evan me preguntara. Serían las 7 de la mañana cuando escuché a alguien venir. Jalé a Evan y nos escondimos en unos arbustos, al mirar era un campesino, tenía aire de ser judío. No sabía si salir a pedirle ayuda o quedarme escondida hasta que se fuera, pero cuando me vi estaba saliendo de los arbustos.

-¡Buenos días! - saludé. El hombre se asustó pero en pocos segundos el miedo se fue.
-Buenos días, señora, ¿puedo ayudarle en algo? - preguntó con acento raro.
-Sí, busco un pueblo cerca de aquí, mi hijo y yo necesitamos comer algo - dije mientras Evan salía de los arbustos.
-Claro que sí, hay una pequeña aldea, todos somos judíos, espero que no le incomode, usted no parece ser alemana ni judía.
-No, no somos alemanes, somos ingleses, vivíamos en los suburbios pero los alemanes atacaron ésta madrugada y escapamos.
-Ohhh ya veo - dijo el señor - entonces fue cierto. Vengan por aquí.

El hombre era delgado, tendría unos 50 años, barba y cabello blanco. Llevaba un perro que era flaco de color café. Llegamos a la aldea y varias personas nos miraban con rareza, el señor Simón nos dirigió hasta su casa en donde su señora Edna nos recibiría. Edna era una mujer grande y gorda pero muy amable, usaba trapos en la cabeza y reía sin parar. Simón le contó lo que nos pasó a Evan y a mi, Edna miró a Evan y al ver su herida en la frente, fue por unos trapos y agua tibia. Curó a Evan, al parecer era una enfermera. Nos dio de comer y algo de ropa, la ropa que me dio era de su hija que había huido con un alemán y la ropa de Evan pertenecía a su hijo, Henrry. Tenía 10 años de edad y era un niño mal hablado y malcriado. Llevábamos tres días en la aldea, nos estábamos acostumbrando pero no podía quedarme ahí hasta que la guerra pasara. La señora Edna y yo platicamos demasiado, así que tomé confianza rápidamente. Cierto día decidí pedírle una pluma y papel para escribirle a Ewan.

Las cosas con Ewan parecían no estar bien, Ewan estaba aún más enojado y triste, cada vez se acercaban más a Alemania, las peleas que tenían la mayoría las estaban ganando, después del regaño que Ewan recibió, decidió no decepcionar a su teniente y comenzó a hacer mejor las cosas, de mala manera pero con buenos resultados. Su enojo y tristeza se irían cuando un cartero se unió al pelotón y comenzó a entregar cartas. Ewan esperó a que lo llamaran y al escuchar su apellido, corrió por la carta. Leyó el remitente y sonrió, no tardó en abrir la carta y leerla.

'Ewan:

Cariño, espero que estés bien y puedas leer esta carta. Evan y yo estamos bien, vamos rumbo a Bélgica para escapar de la toma de los suburbios. Mi madre vino a visitarnos, se fue y regresó alertándonos de los alemanes, no me fui con ella; me fui aparte, sólo con Evan. Te extrañamos mucho, Evan pregunta cuándo volverás, tiene ganas de verte. Estas cartas las dejé en la oficina de la entrada del suburbio, tal como me dijiste, así que estas noticias serán de tres, dos o un día de retraso. Aún no tengo dirección para que tu me escribas, yo lo seguiré haciendo para tenerte al tanto. En cuanto llegue a Bélgica, buscaré la manera de que me escribas. Cada parada que haga te escribiré una carta, ojalá no tarden en llegar, no te preocupes por nosotros. Te amo tanto, cuídate.

Klein G.'


Dobló la carta y se tranquilizó. Comenzó a pensar en un lugar tranquilo para Evan y para mí, en donde estuviéramos tranquilos, sin guerra. Ewan estaba feliz, pero ahora la tristeza se apoderaría de Alan, quién recibió una carta en donde decía que su esposa estaba mal por el embarazo y que el bebé estuvo a punto de nacer antes de los 9 meses. Su esposa Dana estaba en peligro como lo estaba el bebé. Ewan trató de ayudar a alentar a Alan, ahora Ewan tenía que ayudar a su amigo.

Mientras los días pasaban, ayudaba a la señora Edna a lavar ropa, de tal manera podría pagar lo que nos estaba dando. Comenzaba a sentirme mal, podría ser porque no había estado comiendo ni durmiendo bien, pero no era así.

-¿Estás bien, niña? – preguntó Edna
-Sí, es sólo que me siento cansada – respondí llevándome la mano a la frente.
-Pues no te ves muy bien, eh.
-Ya se me pasará – dije. La tarde caía y al colgar la ropa en una cuerda, sentí que el piso se movía, me desconcentré y caí al suelo. Desperté en cama y Evan estaba a un lado mío.
-¡Mamá! ¿Cómo estás? – dijo Evan acercándose a mis ojos.
-Bien, hijo. Estoy bien – respondí.
-Ay niña, ¿sabes qué creo? – preguntó la señora Edna
-Dígame.
-Creo que estás embarazada, tienes todos los síntomas – dijo mientras me daba un té. Me preguntaba a mí misma si sería cierto, al principio lo negué pero al hacer memoria recordé que una noche antes de que Ewan se fuera a la guerra hicimos el amor. Ewan no lo sabía y tendría que decirle de alguna manera y pronto.

Capítulo V // Trois Domaines

Caminamos hacia la entrada principal de nuestro suburbio, Evan estaba cansado y arrastraba sin intención las bolsas que llevaba, decidí caminar más lento para que Evan no se cansara aún más. No tenía idea a donde ir y rezaba para que los alemanes no llegaran por donde Evan y yo caminabamos. Mi hijo no podía más y pidió que descansaramos un momento. Me daban ganas de cargarlo y seguir caminando pero por más que quisiera no podría con tantas cosas a la vez, así que descansamos.


-¿Falta mucho, mami? -preguntó Evan.
-No lo sé, espero que no, avanzamos algo de camino así que la entrada debe de estar cerca - le dije alentandolo a seguir caminando.
-Dijiste que cuando mi papá regresara de servir al país, iríamos a ver a la abuela ¿mi papá regresó?.
-No, Evan. Tu papá sigue sirviendo al país - dije, no quería seguir mintiéndole.
-¿Cómo sirve al país? - preguntó nuevamente con la curiosidad que lo distinguía.
-Ehhhhh...tu papá sirve...- pensaba si decirle la verdad o mentirle, pero no sabía cómo - tu padre...
-¿Como un mesero?.
-¿Mesero? - me pregunté. La imaginación de un niño de 6 años de edad puede impresionar demasiado - ¿Cómo es que te imaginas a tu papá de mesero, Evan?.
-Sí, se pone un traje con moño y sirve de comer a los otros Ingléses como nosotros - respondió. No sabía si decirle que eso era exactamente lo que su padre hacía o decirle que había entendido mal.
-Bueno, eso no lo sé, podríamos preguntarle cuando lo veamos ¿te parece bien?.
-¡Sí!
-Muy bien, ahora sigamos para ganarle tiempo al tiempo.
-Sí que sí, ganar tiempo al tiempo.


Por otra parte, Ewan avanzaba hacia Alemania, habia cruzado la frontera de República Checa y por ahí entraría a atacar, ya que no pudieron entrar directamente por Polonia. La voz corrió rápidamente y varios soldados comentaban sobre la emboscada que Alemania haría a los suburbios de Francia. Alan no pudo evitar escuchar y preguntó.

-¿Los alemanes atacaron los suburbios de París? -preguntó.
-Aún no, pero lo harán. Medios pelotones irán a tomar los suburbios antes de que los alemánes, hijos de puta, lo hagan - respondió uno de los soldados presentes.
-Gracias - dijo Alan y fue en busca de Ewan para avisarle.


Ewan se encontraba platicando, bebiendo y fumando con otros soldados. Alan lo vió entre la multitud y corrió a él.
-¡Ewan! ¡Ewan! - gritó.
-¡Hey! ¿Qué pasa, viejo? - respondió Ewan dándole una palmada en la espalda.
-Ewan, escuché que los alemanes tomarán los suburbios que están cerca de París.
-¡¿Qué?! ¡¿Cuándo?! - gritó Ewan quién botó su cigarro al suelo y obligó a Alan a decirle lo que sucedía.
-¡Tranquilo! No lo sé, dicen que pronto, aún no atacan. Medios pelotones ingléses irán a tomar los suburbios antes de que los alemanes lo hagan, tranquilo viejo. Tu esposa estará bien, no creo que se quede a correr el riego, ¿verdad?
-Pero ¿si no saben y los atacan?, tenemos que avisarles - gruñó Ewan.
-Oye, oye oye, si no lo supieran ahora estaríamos hablando de que atacaron, mas no que atacarán, relájate.
-Tienes razón - dijo tranquilo.
-¿Lo ves? Ahora busca tus armas que ésta noche partiremos.
-Sí, yo te alcanzo - dijo mientras pensaba en cómo estaríamos.


Llegué con Evan a la entrada de nuestro Suburbio 'Trois Domaines'. La gente se veía muy amable, pregunté a un comerciante que pasaba por ahí dónde encontraría las oficinas principales y el señor me señaló el rumbo. Entrámos a las oficinas y pedí información


-Buenas tardes, una pregunta, ¿sabe si algún camión pasará por aquí con destino a Bélgica? - pregunté un tanto miedosa. Un señor gordo y con bigote blanco salió a responder.
-Buenas tardes, no, por el momento ningún camión pasará, los recorridos han sido cancelados por el rumor de la emboscada a nuestros suburbios - dijo mientras revisaba notas en su cuaderno.

Sentí que mis esperanzas habían muerto, me sentí mal y pensé en por qué estaba haciendo todo ésto si ya no teníamos salida. El señor notó mi angustia.
-Disculpe, señora. Por esa calle existe una casa de hospedaje, creo que podrá quedarse ahí mientras los camiones vuelvan nuevamente.
-Muchas gracias - dije.


Tomé mis cosas y a Evan, salímos para hospedarnos en la casa que nos habían dicho. Al llegar, la señora Rosy nos recibiría muy amablemente.

-Pasen por aquí, cuidado con el suelo, está húmedo, apenas terminaron de fregarlo -dijo mientras nos guiaba a nuestra habitación.
-Gracias. Evan, pisa con cuidado - le dije mientras hacía maniobras con la bolsa y maleta que llevaba.
-Ésta es su habitación, sencilla pero muy cómoda.
-Gracias señora Rosy, le agradezco - dije mientras le daba unas monedas.


Rosy salió y cerró la puerta, Evan se quitó los zapatos, se tiró en la cama y descansó. Busqué las cartas que había escrito, busqué por todos lados pero no encontraba nada. Ví el pequeño abrigo que Evan llevaba puesto y dos papeles se asomaban, me acerqué y los tomé. Evan sintió y abrió los ojos.


-Cierto, habías dejado las cartas en la mesa de la casa justo cuando tomaste la fruta - me dijo.
-Gracias por guardarlas, Evan. Iré a depositarlas al correo, no tardo.
-Yo quiero ir contigo, quiero conocer por aquí - dijo entusiasmado.
-Muy bien, pónte los zapatos y vamos.


Salímos a buscar la oficina de correo que Ewan nos había dicho antes de que se fuera a la guerra. Dejaría las cartas necesarias sólo si la situación se complicaba, era uno de los acuerdos que tuvimos Ewan y yo. La encontramos y no tardamos en entrar.


-Buenas tardes -saludé para que alguien saliera a atender.
-Buenas tardes, señora. ¿En qué le puedo ayudar? - dijo un jóven de unos 23 años de edad.
-Vengo a dejar éstas dos cartas...¡no!, espere, sólo ésta.
-Ahhh entiendo, cartas secretas. Espere un momento.
-Muy bien - dije. El jóven se metió nuevamente, de pronto salió un señor.
-Buenas tardes, ¿viene a dejar cartas? - preguntó.
-Sí, sólo ésta - respondí dándole mi carta.
-Muy bien, ¿apellido?.
-Grimmes. Doble eme - dije.
-Listo, ¿sabe el movimiento de ésta carta, verdad?.
-Sí.
-De acuerdo, eso es todo - respondió amablemente. Dí las gracias, dos monedas y salí, había dejado la carta de Ewan, era más importante que llegara. Evan y yo teníamos hambre, así que nos apresuramos antes de que la noche nos alcanzara. Llegamos a nuestra habitación y saqué una botella de leche y dos piezas de pan. Evan comió todo y tan pronto como lo hizo, lo metí a bañar. Cuando salímos del baño se recostó en la cama y cayó rendido, yo hice lo mismo pero la madrugada sería larga.

Con la tensión que tenía sobre los ataques a los suburbios, cada ruido me despertaba, fuera un perro o un hombre borracho que hiciera ruido, abría los ojos para saber qué era. Pensaba si sería demasiada preocupación, pero me dí cuenta que no. Escuché que varias personas corrían cerca de la ventana de nuestra habitación, decidí asomarme cuidadosamente y al mirar, dos alemanes rondaban cerca, me asusté. Desperté silenciosamente a Evan, le dije que guardara silencio y me siguiera.

-Evan, camina sin hacer ruido, por favor - le dije mientras tomaba nuestros abrigos.
-Mamá, ¿por qué hacemos esto? - preguntó Evan en voz baja.
-Shhh, pronto te diré pero guarda silencio - le dije.

Salímos de la habitación. Pensaba irme a ocultar a unos arbustos o arriba de un árbol en donde los alemanes no pudieran encontrarnos pero no llegamos a tiempo. Un estallido se escuchó muy cerca, un misil dio en el edificio que estaba a un lado del nuestro, tan pronto como escuchamos, la gente salió de sus casas corriendo y gritando. Evan pretendía hacer lo mismo, pero lo tomé de la mano y le dije que estaríamos bien. Un segundo misil volaría la oficina a la que llegamos para pedir informes sobre los camiones, la gente gritaba y los disparos comenzaron a escucharse. Rogaba porque los alemanes no destruyeran nuestra casa en donde nos hospedabamos, veía a la gente de nuestro edificio salir y gritar desesperadamente, me levanté y les gritaba que guardaran la calma, que buscaran un refugio pero parece que todo fue en vano, Evan gritó y jaló mi mano fuertemente que me hizo agacharme, lo abracé y escuchamos un sonido ensordecedor, sentí como si un mueble cayera encima de nosotros. Quedamos sordos y entre tanto polvo por los escombros pude ver a Evan, su cara estaba gris y en sus ojos podía ver que estaba llorando, me sujetaba de los brazos, a pesar de no escuchar nada, leía sus labios, me decia 'mamá'. Limpié sus ojos con mis manos y miré hacia arriba, la mitad de la casa estaba destruída, pedí en mi mente que los alemanes dejaran la casa así. Volví a mirar a Evan y le dije que todo saldría bien, que no tuviera miedo y lo abracé. Justo cuando comenzabamos a volver a escuchar, una bomba terminaría de destrozar lo que quedaba de la casa. Volvímos a quedar sordos y sentí a Evan desvanecerse en mis brazos, busqué su cara y lo sacudí, no quería ver morir a mi hijo. El mueble que nos cayó encima, nos cubrió del segundo ataque, escuchaba mi respiración y sentía mi corazón latir a mil por hora. Pensaba en Ewan, pensaba si lo que yo estaba viviendo él también lo vivía, pensaba en que Ewan tenía que salir entre disparos y bombas a atacar, sin ninguna otra opción, con miedo o sin miedo. Quería sobrevivir a los ataques, de pronto comencé a escuchar de nuevo; gritos de mujeres, disparos, bombas, alemanes corriendo, sería cerca de las tres de la mañana. Tenía que buscar la forma de salir de los suburbios, miré a Evan y sentí un gran alivio cuando noté que respiraba de nuevo. Agradecí a Dios y abracé a mi hijo.

Logré salir del mueble, Evan estaba asustado, le dije que todo saldría bien,que tenía que confiar en mi.
-Evan, ven conmigo hijo, tenemos que salir de aquí - le dije.
-Tengo miedo, mamá - dijo aferrandose.
-Evan, hijo, tenemos que salir. Puede pasar lo mismo, hazme caso, cariño, no pasará nada, ven - le dije, Evan accedió a salir de ahí.

Al igual que Evan, yo también estaba muerta de miedo. Me asomé cuidadosamente, cargué a Evan y salí corriendo a unos arbustos, sentía como Evan suspiraba. Salímos vivos de la toma de los suburbios, creo que era tiempo de decirle a Evan todo lo que sucedía, poco a poco, explicándole las cosas.

martes, 10 de junio de 2008

Capítulo IV // Los Suburbios

Mi madre se había ido, Evan y yo volvíamos a estar solos en casa. Los días pasaban y me sentía tranquila pero por las noches pensaba si estaría peleando, descansando, bebiendo o no sé. El sueño me venció y quedé pensando nuevamente.

Mientras yo dormía, Ewan estaba refugiado en una zanja en Polonia, platicando con Alan. Alan era su nuevo compañero, tenía 20 años de edad y estaba casado, esperaba a su primer bebé. Le aterraba no volver a ver a su esposa y menos a su bebé.

- Fue gracioso todo porque justo un día antes de venir a la guerra, mi esposa me dijo que estaba embarazada - dijo Alan sonriendo.
- Creeme que eso no es lo único gracioso - dijo Ewan recordando aquella noche.
-¿No? ¿Por qué? Espera, no me digas, ¡tu esposa también está embarazada! - Alan reía a carcajadas porque pensó que estaban en la misma situación.
-No, que va. Justo un día antes de partir, le hice el amor, ¿puedes creerlo? Tener cabeza para hacer el amor y hacer a un lado la guerra, dificil, ¿no? - dijo Ewan tomandolo a broma.
-¡No! ¿en serio? - Alan pensaba que Ewan bromeaba, pero éste movía la cabeza afirmando lo que decía - ¿Sabes? No puedo esperar a ver a mi bebé.
- ¿Para cuándo nace? - preguntó Ewan.
-Dentro de 7 meses, estoy muy felíz - respondió Alan.
- Sí, un bebé te cambia la vida, mi Evan me cambió la vida - dijo.
-¿Dices que tiene 6 años? ¿Nació en Francia? - preguntó Alan con curiosidad.
- Si, tiene 6 años, cuando yo tenía tu edad nació. Nació en Inglaterra, un mes después nos mudamos a Francia y comenzamos a vivir como una familia.

Ewan recordaba todo lo que habíamos pasado juntos y extrañaba vernos. De pronto se escucharon disparos y rápidamente Ewan, Alan y los demás pelotones abrieron fuego. Alan estaba un poco asustado pero disimulaba, Ewan mató a tres alemanes seguidos. Una granada cayó cerca de la zanja de Alan y Ewan, se reincorporaron rápido y siguieron disparando. Varias granadas explotaron muy cerca de los alemanes y mató a muchos de ellos. Los pocos que quedaban salíeron corriendo, Alan y Ewan volvieron a sentarse y a respirar tranquilos. Su ataque no fue riesgoso a excepción de la granada cerca.

A la mañana siguiente, Evan me levantó. Tenía hambre y parecía estar desesperado.
-¿mamá? ¿estás despierta? - me dijo mientras levantaba uno de mis párpados - mamá, tengo hambre.
-Evan, déjame dormir un ratito más, porfavor - le dije mientras cubría mi cabeza entre las almohadas.

Evan se levantó y se dirigió a la cocina, tenía tanta hambre que no podía esperar a que me levantara y preparara todo. Sacó un vaso del mueble alto y sirvió leche, la botella de leche era pesada y Evan no resistió el peso y la dejó caer, la botella cayó a la mesa y rodó hasta llegar al suelo. El ruido me despertó y corrí a saber si Evan estaba bien.

-¡Evan! ¿qué pasó? - Dije asustada.
-Yo quería servirme leche pero la botella estaba muy pesada y la solté - dijo asustado también.
-Ay Evan, no te muevas de ahí ni te bajes de la silla, para que no te cortes - le dije mientras buscaba la escoba para recoger los vidrios.
-¿Mamá, te enojaste? - preguntó Evan.
-No, hijo, fue un accidente. No te bajes hasta que termine - le dije mientras limpiaba todo.
-Está bien.

Salímos a comprar más leche, el último litro que tendríamos para dos semanas, dudaba si nos alcanzaría pero yo no tomaría leche, si acaso un sorbo del vaso de Evan. Mientras estabamos en la tienda, una señora comenzó con lo que sería un rumor muy fuerte. Decía que los alemánes atacarían nuestro suburbio, lo había escuchado de una mujer quien le había vendido sexo a un soldado que pasaba por ahí. Traté de no hacer caso a lo que mis oídos escuchaban pero una persona respaldaría lo que escuché. Entrámos a nuestra casa y nuevamente mi madre estaba ahí.

-¡Abuela Emilie! - gritó Evan corriendo hacia ella.
-Hola Evan - respondió.
-Mamá, pensé que estarías rumbo a Inglaterra, no te esperaba.
-Yo tampoco pensaba volver. Necesito hablar contigo, ¿podemos? - me dijo mientras me tomaba del brazo.
-Evan, puedes salir un momento, porfavor - le dije - Dime madre mía.
-Klein, tienes que salir del suburbio e irte conmigo.
-¿qué? ¿por qué? - le pregunté pensando en lo que había escuchado.
-Hija, los alemanes van a atacar los suburbios de París que colinden con Bélgica, Luxemburgo y Alemania. Ví a tu padre hace unos días y él me dijo todo eso.
-¿Por qué habría de creerte? - dije algo enojada recordando que hace tiempo pensaron en separarnos a Ewan y a mi.
-Klein, por favor, estoy salvando la vida de Evan y la tuya - insistió.
-Pero si me voy, Ewan seguirá escribiendo aquí y no recibiría sus cartas, ¿qué pensará si no respondo a lo que me escribe?. No sabría en dónde buscarnos, madre. No puedo irme, además si mal no recuerdo, hace tiempo trataste de llevarme a América para separarme de Ewan cuando supe que estaba embarazada de él, ¿lo recuerdas?.
-Tu esposo ya se separó de tí al irse a la guerra, así que no te pongas terca y jala tus cosas para irnos - dijo retandome.
-No me iré de aquí, si llegan los alemanes me esconderé en no sé dónde, pero no me muevo de aquí.
-Bueno, allá tú, pero piensa en Evan y en como se pondrá Ewan cuando se entere que los alemanes tomaron los suburbios de Francia. Yo no me quedaré aquí a morir sólo porque tu quieres - dijo mientras salía nuevamente.

Evan vió salir a su abuela enojada y decidió gritarle un adiós. Salí por él y la preocupación volvió a llenarme de pies a cabeza. No sabía si irme o quedarme. La noche cayó y Evan preguntaba porque su abuela se había ido tan enojada, le dije que discutímos porque no la iba a visitar, Evan respondió que era necesario visitarla porque cuando él estuviera grande, yo me molestaría si él no me visitaba. Le dije que tenía razón y que pronto iríamos a visitar a su abuela, en cuanto su padre volviera de servir al país.

Al día siguiente, los rumores crecieron más y más, tanto que me dio miedo si un alemán mataba a mi Evan y decidí que no arriesgaría a mi hijo a ser asesinado. Le dije a Evan que juntara la ropa necesaria y la pusiera en una maleta, saldríamos a ver a su abuela. Evan se puso felíz y preparó la ropa entusiasmado mientras yo escribía dos cartas; una para Ewan y otra para el cartero. Las cartas las dejaría a la entrada del suburbio, dónde el cartero pasaría a recogerlas sin ser percibido por los alemanes. La del cartero contenía la nueva dirección al igual que la de Ewan en dónde describía las razones de porque había salido de la casa. Tomé unos cuantos alimentos y salímos alrededor de las dos de la tarde, sin saber a dónde, pero fuera del camino de los alemanes.

Capítulo III / Cartas.

A la mañana que despertamos, me sentí felíz por lo sucedido la noche anterior pero ver que Ewan arreglaba los últimos detalles me daba pena. Un camión militar pasaría a recoger a los nuevos soldados, debía apresurarse porque no debía llegar tarde. Ewan salió de nuestra habitación con maletas en mano. Salímos a la puerta para despedirnos y no pude evitar llorar.

- Evan - dijo mientras se ponía en cuclillas - ahora tú eres el hombre de la casa y debes cuidar a tu mamá, ¿de acuerdo? Pórtate bien y no hagas travesuras.
- Está bien, te quiero papí - Evan abrazó a su padre y éste le dio un beso. Ewan se levantó y me miró.
- Estaré bien, no te preocupes, te amo.
- Yo también, cuídate por favor.

Ewan tomó sus maletas y caminó hacia la calle principal del pueblo por donde los camiones llegarían. Tomé la mano de Evan quién saltaba y gritaba que se cuidara, que lo extrañaríamos y lo queríamos mucho. Ewan volteó por última vez con una gran sonrisa en su cara y agitó la mano diciendo adiós. Tendrían que pasar al menos 5 días para recibir la carta en donde nos informarían que Ewan entraría en guerra. Los días pasaron y al cuarto día llegó una carta, era de Ewan más no del país:
'Klein:
Espero que Evan y tú estén muy bien. Los extraño mucho. ¿Sabes? Estoy tranquilo respecto a la guerra, nos han dicho cosas muy alentadoras. En dos días salímos del campo y entraremos por Polonia para patear traseros alemanes. Estoy entusiasmado, recordé lo que había aprendído hace dos años en París. Me encontré a Marcus, el hijo de la hermana de Joss, ¿lo recuerdas? Al parecer me tocarán las guardias con él. Gracias por los dulces de cajeta que me pusiste, me he comído 4 y los demás los guardo para el camino. Cuídate y cuída a Evan. Pronto estaré con ustedes.

Los amo
Ewan G. G.'
La carta me había levantado los ánimos, sabía que me decía la verdad y estuve tranquila. Tan pronto como Evan llegó de la escuela, le leí la carta de su padre, sin mencionar las palabras 'guerra' y 'alemanes'. No quería que supiera del todo sobre la guerra. Evan estaba felíz y despreocupado, ojalá hubiera estado así como lo estaba Evan.
Esperé los dos días que Ewan me había escrito en su primera carta, esperaba la carta del país para terminar con mis ansias que me comían pero la carta nunca llegó. Pensaba en por qué no había llegado, si habría pasado algo malo con Ewan o con el cartero. Al día siguiente el cartero vino, yo esperaba fuera de mi casa, fumaba para calmar mis nervios y en cuánto lo ví, corrí a él.

- Buenas noches, ¿tendrá algo para Klein Grimmes? - pregunté ansiosa
- Klein Grimmes, Klein...Grimmes, no. Ahora solo llegó la letra A y C, lo siento - dijo mientras se subía a su bicicleta. Maldije y boté el cigarro con enojo.

Entré a la casa y Evan pedía de cenar, quedaba algo de la comida y se lo dí. Parecíera que Evan no había comido en días, devoró en poco tiempo lo que le serví y quedó satisfecho, yo por mi parte no tenía hambre, solo quería que la maldita carta llegara y saber que pasaría, si no llegaba en dos días más, me moriría de las ansias, no podía esperar más. Pasaron dos días y quería volverme loca, quería escribirle a Ewan pero no tenía dirección, en la carta del país vendría para poder escribirle, me tranquilicé y esperé a Evan para comer juntos.

- ¿Mamá? ¿estás bien? - preguntó Evan un tanto miedoso.
- Evan, sí hijo, claro. ¿Quieres comer? - le dije amablemente para eliminar el miedo que tenía.
- Sí - respondió y corrió a sentarse a la mesa - No ha llegado la carta ¿verdad? - preguntó nuevamente con miedo.
- ¿Carta? ¿de qué hablas? - contesté con indiferencia
- Anoche te escuché hablar con Joss, hablaban de una carta y de un país, perdón por espiar pero no podía dormir, mamá.
- No te preocupes, Evan, no te regañaré. Y no, la carta del país no ha llegado.
- ¿para qué sirve esa carta? - preguntó nuevamente pero ésta vez sin miedo.
- Es para saber sobre tu padre, el país nos informa de manera oficial - respondí
- Ahhhh...no entendí pero suena bien - dijo Evan antes de dar su primera cucharada. Le sonreí y me senté a comer con él. Después de comer, hicimos su tarea juntos y terminando, salímos a comprar algunos víveres a la plaza. De camino a casa, veníamos jugando y al entrar a la casa, me sorprendí de ver a mi madre sentada a mi mesa. Era increíble volver a verla nuevamente.

- ¿mamá? ¿qué...cómo estás? - saludé mientras dejaba los víveres en la mesa.
- Hola hija, bien, gracias. He venido a saber cómo has estado - respondió levantándose de la mesa y dándome un abrazo.
- Muy bien, gracias - le dije mientras me sentaba a la mesa.
- Veo que Evan ha crecido mucho y tiene la misma cara de su padre.
- Sí. Evan, ven aquí - le dije mientras se acercaba desconcertado - Evan, ella es tu abuela, se llama Emilie, saluda.
- Hola abuela Emilie - dijo extendiendo su mano.
- Hola Evan, has crecido mucho - respondió al saludo dándole un abrazo caluroso.

Comenzamos a hablar de cómo había estado la familia desde que dejé Inglaterra. Mi tía Esther se había vuelto a casar, después de sus tres fallidos matrimonios. Mi prima Dina había tenido gemelos y eso que era su primer embarazo. Mi padre, lamentablemente, había sido llamado para la guerra. Tenía seis meses desde que se fue, estuvo en Francia pero jamás nos visitó por Ewan. Mis dos hermanas seguían solteras y en casa. Hablamos tanto que la noche se nos vino encima y no nos dimos cuenta.

- ¿Y Ewan? ¿Qué acaso no piensa venir ese hombre a su casa? ¿O se fue de borracho otra vez sólo porque es viernes? - dijo mi madre sin saber lo que le contestaría.
- Bueno fuera lo que dices, mamá. Ewan se fue a la guerra.
- ¡¿Se fué?! ¿Desde cuándo? - preguntó asombrada.
- Hace más de una semana, nueve días - contesté.
- ¿le cuentas los días? Hija mia, estás loca de verdad - dijo - ¿recibiste la carta oficial del país?.
- No, aún no llega. Sólo espero que Ewan esté bien - respondí con algo de pena.
- Ay Klein, nunca creas en lo que te dice y menos si se trata de esperar tantos días. Lo mismo me pasó con tu padre, la carta me llegó diez días después, deberías estar tranquila hasta cuando recibas la carta en donde te digan que Ewan fue un buen soldado y que sus restos llegarán en una semana a su ciudad natal.
- ¡¡Mamá!! ¡¿Cómo puedes decir eso?! Ewan no morirá - respondí enojada.
- Ay hija, la vida no la tenemos segura, debes prepararte para lo que sea, por cierto ¿dormiré contigo?, digo, tu esposo no está.
- No, dormirás en cama de Evan, Evan dormirá conmigo - le dije de la manera más fría.

Mi madre tenía algo de razón, no debía preocuparme hasta que recibiera ésa carta, mientras no fuera así sabría que Ewan sigue con vida.
Mi madre me ayudó a preparar la cena y cenamos tranquilos. Evan nos hacía reír con sus bailes y chistes que aprendía en la escuela. Mi hijo tenía sangre dulce, no era pesado con nadie y muy atento con todos. Ewan le enseñó a ser así. Para el día siguiente, recibí por fin la carta oficial del país.

- Buenos días, carta para la señora Klein Grimmes - dijo el cartero.
- Sí, soy yo. Gracias - dije sonriente y temerosa a la vez.
- Su carta por fin llegó, señora. Y le aseguro que son buenas noticias - dijo el cartero amablemente.
- Sí y disculpe mi indiscreción pero ¿por qé tardo en llegar? - pregunté.
- Las bodegas en donde llegan los paquetes y cartas, fueron asaltados por un grupo de niños jugando a ser Nazis, ya sabe. Mientras revisaban carta y paquete a la vez se retardo la entrega y si me permite, tengo que llevar buenas noticias a más casas.
- Ahh entiendo, muy bien, muchas gracias. Hasta luego - dije cerrando la puerta con una sonrisa.

La carta oficial por fin había llegado, mi esposo Ewan Gordon Grimmes había salido a Polonia, justo como él me lo había dicho. Estuve más tranquila. Y las cosas estaban tranquilas.

-¿Cartero? ¿por fin te llegó la carta? - preguntó mi mamá.
- Sí, ya llegó - contesté en tono felíz.
- Me alegro, hija. Oye.
- Dime.
- ¿No tuvieron más hijos? ¿Sólo Evan? - preguntó en voz baja.
- Sólo Evan, madre mía - respondí entre risas.
- ¿Y por qué? ¿No me digas que a Ewan ya no le funciona...
- ¡Mamá! Por favor - dije con mirada retadora - Puede que luego tendrémos más.
- Ay hija, es que de la manera en cómo lo conocí, con su docena de mujeres tras él, pensé que estarían llenos de hijos - contestó en defensa.
- Pues ya ves que no lo conoces tan bien. ¿Sabes? creo que estaría bien que fueras por Evan a la escuela, no tarda en salir.
Mi madre fue por Evan, nos sentamos a comer y mi madre se preparó para irse. Tomó su pequeña maleta y se despidió de nosotros. Cuando entramos a la casa, Evan me dijo que la mujer ésa le había caído muy bien, a pesar de que era algo tonta.

Capitulo II // Dulces de Cajeta

Sabíendo que Ewan iría a la guerra no podía pensar en otra cosa. No dormía porque la preocupación me llenaba de pies a cabeza. Esa noche disfruté ver dormir a Ewan, era algo que comenzaba a disfrutar a pesar de que mi cabeza se llenaba de dudas por la guerra. Trataba de que Ewan notara lo menos posible, no quería preocuparlo aún más y mucho menos perderlo, así que lo abracé fuertemente y le susurré al oído un 'te amo' y traté de conciliar el sueño. A la mañana siguiente otra mala noticia llegaría.

- Buenos días, mi amor - me saludó Ewan abrazandome por la cintura
- Buenos días, tu desayuno está servido - dije
- Mmmm huele muy bien, ¿verdad Evan? - Evan respondió moviendo la cabeza de arriba hacia abajo, Ewan miraba a nuestro hijo con preocupación, no sabía como decirle a su hijo que su padre iría a la guerra y que no sabría cuando volvería.

- Saldré a la plaza a comprar unas cosas antes de que te vayas y a comprar los víveres de la semana - dije
- Muy bien, sabes que si necesitas algo, puedes irme a buscar al trabajo.

Ewan terminó su desayuno, me dio un beso en la frente y salió al trabajo como todos los días. Tan pronto como se fue, salí con Evan y lo dejé en la escuela, mientras me fui a la plaza, compré todo lo necesario y al final ví que aún me sobraba dinero así que fuí a comprar dulces de cajeta, los dulces que Ewan amaba. Al llegar a la dulcería ví que la señora Metfor estaba muy mal y con mal me refería a que lloraba ríos enteros. Entré a la tienda.

- Buenos días señor Wides, me da un cuarto y medio de dulces de cajeta - dije mientras miraba de reojo por la ventana para saber si alcanzaba a ver algo de más.
- Con mucho gusto, ¿cómo está Evan? - preguntó el señor Wides
- Muy bien gracias - contesté amablemente
- Que bueno, la vez pasada vino a comprar cuatro barras de chocolate -
- ¡¿Cuatro barras?!!
- Sí, de hecho le hice descuento ya que pocas personas compran cuatro barras de chocolate el mismo día.
- Ahhh que niño - dije sonriendo
- Aquí tiene, señora - dijo el señor Wides mientras me daba la bolsa con los dulces
- Muchas gracias, hasta pronto
- Hasta pronto

Salí de la tienda y decidí acercarme para saber si podía escuchar algo de la señora Metfor pero fue una mala idea, lo que escuché no fue nada bueno.

- Entienda doña Metfor, su hijo ahora está mejor - dijo una de las comerciantes mientras acariciaba la espalda de la señora para reconfortarla
- pero ¿por qué mi hijo? ¿por qué mi Donnie? - se lamentaba
- ¿sabes qué le pasa a la señora Metfor, Klein? - dijo Joss, una amiga y vecina mía.
- Ehhhh no, ¿tú sí? - pregunté
- Sí, su hijo Donnie se fue a la guerra - me dijo mientras caminabamos de regreso a casa
- Ohh eso sí es una mala noticia - dije pensando en Ewan
- No, esa no es la mala noticia. ¿Sabes? Su hijo murió
- ¡Santo Dios! - dije llevandome una mano a la boca - ¿hace cuánto que se fue?
- Hace un mes, no tenía mucho. Ayer vino el cartero a dejar solo noticias malas
- Sí, tienes razón
- A mi hermana le llegó una notificación de la fuerza armada en donde solicitaban a Marcus para la guerra
- Pobre de Marcus ¿se irá? - pregunté curiosamente
- Sí, de lo contrario el país no le dará trabajo y mucho menos dinero
- Lo sé, entiendo muy bien
- ¿muy bien? Ewan irá también a la guerra ¿cierto? - me dijo
- Sí, ayer llegó la notificación también
- Era de esperarse, pero Inglaterra necesita a sus hombres.

Al llegar a la casa comencé a preparar las cosas que Ewan llevaría. Dos años antes, Ewan asistió a un entrenamiento en un campo militar, en París. Lo hizo por obligación que por gusto, entrenamiento tenía sólo que iría nuevamente durante una semana a otro entrenamiento antes de entrar de lleno a la guerra.
Al dar las 7.20 de la noche, Ewan entró cargando y jugando con Evan todo parecía indicar que Ewan hablaría con nuestro hijo sobre su ida. No sabíamos si lo entendería, apenas tenía 6 años de edad.

- Hijo, quiero hablar contigo - dijo Ewan
- Te escucho - respondió Evan sentandose y juntando sus pies
- Mañana por la mañana me iré... -
- ¿ A dónde? - preguntó Evan
- A servir al país, ayudar a otros ingléses, como nosotros
- ¿Por mucho tiempo?
- No lo sé...no sé cuánto tiempo estaré allá...yo...sólo quiero
- Está bien, sólo promete que regresarás a enseñarme francés
- Te lo prometo - dijo Ewan mientras abrazaba a su hijo.

Nos sentamos a cenar, tan pronto como Evan terminó se fue a dormir. Ewan y yo nos quedamos platicando sobre el hijo muerto de la señora Metfor. Temía tanto que le pasara lo mismo a Ewan y quedara sola. Ewan decía que eso no sucedería jamás, no mientras estuviera en esa guerra. Nos fuimos a dormir, teníamos que descansar para la partida del día de mañana pero las cosas cambiarno de rumbo.

- ¿Te he dicho que te ves hermosa? - preguntó Ewan mientras ayudaba a quitarme la blusa.
- Sí, muchas veces. Siempre - contesté.
- Pues ahora te ves más hermosa - dijo mientras me besaba mi cuello. No podía resistir a ese beso tan profundo y respondí quitándole su camisa lentamente.
Tratábamos de no hacer mucho ruido, por Evan. Me desconecté por un momento de sus besos e intenté calmarlo, pero no pude.

- Ewan, espera, espera - dije apartándome de él
- ¿Qué? - dijo
- Espera, no lo harémos cuando estás a un día de irte a la guerra, ¿verdad?.
- ¿no? pero...sólo déjame amarte una vez más, antes de que me vaya... - dijo mientras se acercaba nuevamente a mi quitándome el sostén.

Era irrsistible no besarlo, tan atractivo sin su camisa y su pecho desnudo. No tardamos en instalarnos en la cama donde habíamos pasado tantos momentos. Ewan parecía estar algo apresurado por quitarse la ropa, tanto que maldecía al hombre quién inventó los botones del pantalón. Al quitarse los pantalones, zapatos y calcetínes sentí sus piernas tibias en las mías, amaba tanto sentir su calor humano. Sus manos tocaban mi fría espalda y mis manos estaban enredadas en su cabello. Nos movíamos coordinadamente y en cierto instante, estábamos sonriendo por lo que hacíamos, hacíamos el amor justo un día antes de que el se fuera a la guerra. Más que besarnos, nos comíamos, no queríamos separarnos, no queríamos desperdiciar segundos y así sucedió.
Ewan no dejaba de besarme ni tocarme, parecíera que sería su última vez, dió una vuelta brusca y quedé encima de él. Ahora era mi turno, besárlo hasta que mi boca no pudiera más, recorrí de su cuello a su ombligo, no más. Regresé a su boca mientras me acomodaba de una cierta manera fácil y cómoda para mi y para Ewan. Ewan volvió a dar una vuelta brusca y ahora él había quedado encima de mi. Tomaba mi pierna y la jalaba hacia él, tenía tantas ganas de gritar pero no podía, apenas y podía escuchar los jadeos de Ewan cerca de mi oído. Ewan comenzó lo que sólo él podía hacerme, me tenía al borde de la locura, sentía su aliento de cansancio y una gota de sudor rodó por su naríz. Nos miramos fíjamente y Ewan exhaló el aire que por segundos habia contenido por su orgasmo. Todo se calmó, Ewan descansó en mi hombro derecho respirando lentamente, de pronto nos quedamos dormidos, era cerca de la una de la mañana, tendríamos siete horas para descansar y ahora sí a descansar.

Capítulo I // Pase

Aquella mañana no sería la misma que todas las demás mañanas comunes, Evan, mi hijo de apenas 6 años de edad entró corriendo a la casa, agitándo en su pequeña mano una carta, la carta más triste que Ewan y yo recibiríamos en ésa época.

- ¡papá! ¡papá! Es para tí, ¿puedo leera? ¿sí? - dijo Evan mientras entregaba a su padre, la carta.
- A ver, déjame leer - dijo Ewan
- Yo quiero leerla, quiero practicar mi lectura, dí que sí

Ewan leyó el remitente y su rostro cambió al instante, era de esperarse que la noticia no tardara en llegar. Ewan tomó asiento y comenzó a leerla cuidadosamente, cada palabra que leía era exactamente lo que esperábamos.

- ¿qué lees, amor? - pregunté
- Lo que esperabamos - me respondió doblando la carta y mirandome
- Lo que...¿tan pronto? es una broma, ¿verdad?
- Cómo crees que bromearía de tal manera
- Pero es que no quiero que vayas
- Yo tampoco, pero ya hemos hablado de esto y si mal no recuerdo, tenemos un acuerdo
- Lo sé, lo sé pero no quiero que mueras ¿qué haré sin tí? ¿qué hará Evan sin tí?
- Oye, tranquila - dijo Ewan mientras tomaba mis mejillas, me miró a los ojos y dijo que nada malo pasaría, todo saldría bien y que pronto estaría en casa pero era incierto.

Ewan era jóven como yo, ambos teníamos 26 años de edad, teníamos un hijo de ojos verdes como los de Ewan, era muy activo y nos hacía reir muy a menudo. Ewan trabajaba en una librería de gobierno francés, a pesar de que éramos ingléses, Ewan tuvo que aprender algo de francés y así pudo entrar. Nos habíamos mudado de Inglaterra a las afueras de la ciudad de París cuando Evan nació, ni mis padres ni los padres de Ewan habían estado de acuerdo con lo nuestro así que decidímos mudarnos.
Ewan se había enamorado de mi desde los 16 años durante la escuela. Dice que le parecí la mejor mujer y la niña más linda e inteligente. Ewan por su parte era más inteligente que yo, tenía popularidad de tener tras él a docenas de mujeres, pero su corazón sólo me pertenecía a mi. Era bromista por naturaleza, divertido y responsable, responsable cuando estaba sobrio, cuando estaba ebrio solía llegar los viernes cantando a todo pulmón por la calle, tenía que salir a callarlo antes de que los vecinos lo hicieran de mala manera, a pesar de sus borracheras, lo amaba. Lo amaba tanto que me dolió el día en que recibimos esa carta, la carta que era su pase a lo incierto, porque así era. No sabíamos hasta cuando volvería, o si volvería alguna vez, no sabríamos cuando volvería de la guerra.