Sabíendo que Ewan iría a la guerra no podía pensar en otra cosa. No dormía porque la preocupación me llenaba de pies a cabeza. Esa noche disfruté ver dormir a Ewan, era algo que comenzaba a disfrutar a pesar de que mi cabeza se llenaba de dudas por la guerra. Trataba de que Ewan notara lo menos posible, no quería preocuparlo aún más y mucho menos perderlo, así que lo abracé fuertemente y le susurré al oído un 'te amo' y traté de conciliar el sueño. A la mañana siguiente otra mala noticia llegaría.
- Buenos días, mi amor - me saludó Ewan abrazandome por la cintura
- Buenos días, tu desayuno está servido - dije
- Mmmm huele muy bien, ¿verdad Evan? - Evan respondió moviendo la cabeza de arriba hacia abajo, Ewan miraba a nuestro hijo con preocupación, no sabía como decirle a su hijo que su padre iría a la guerra y que no sabría cuando volvería.
- Saldré a la plaza a comprar unas cosas antes de que te vayas y a comprar los víveres de la semana - dije
- Muy bien, sabes que si necesitas algo, puedes irme a buscar al trabajo.
Ewan terminó su desayuno, me dio un beso en la frente y salió al trabajo como todos los días. Tan pronto como se fue, salí con Evan y lo dejé en la escuela, mientras me fui a la plaza, compré todo lo necesario y al final ví que aún me sobraba dinero así que fuí a comprar dulces de cajeta, los dulces que Ewan amaba. Al llegar a la dulcería ví que la señora Metfor estaba muy mal y con mal me refería a que lloraba ríos enteros. Entré a la tienda.
- Buenos días señor Wides, me da un cuarto y medio de dulces de cajeta - dije mientras miraba de reojo por la ventana para saber si alcanzaba a ver algo de más.
- Con mucho gusto, ¿cómo está Evan? - preguntó el señor Wides
- Muy bien gracias - contesté amablemente
- Que bueno, la vez pasada vino a comprar cuatro barras de chocolate -
- ¡¿Cuatro barras?!!
- Sí, de hecho le hice descuento ya que pocas personas compran cuatro barras de chocolate el mismo día.
- Ahhh que niño - dije sonriendo
- Aquí tiene, señora - dijo el señor Wides mientras me daba la bolsa con los dulces
- Muchas gracias, hasta pronto
- Hasta pronto
Salí de la tienda y decidí acercarme para saber si podía escuchar algo de la señora Metfor pero fue una mala idea, lo que escuché no fue nada bueno.
- Entienda doña Metfor, su hijo ahora está mejor - dijo una de las comerciantes mientras acariciaba la espalda de la señora para reconfortarla
- pero ¿por qué mi hijo? ¿por qué mi Donnie? - se lamentaba
- ¿sabes qué le pasa a la señora Metfor, Klein? - dijo Joss, una amiga y vecina mía.
- Ehhhh no, ¿tú sí? - pregunté
- Sí, su hijo Donnie se fue a la guerra - me dijo mientras caminabamos de regreso a casa
- Ohh eso sí es una mala noticia - dije pensando en Ewan
- No, esa no es la mala noticia. ¿Sabes? Su hijo murió
- ¡Santo Dios! - dije llevandome una mano a la boca - ¿hace cuánto que se fue?
- Hace un mes, no tenía mucho. Ayer vino el cartero a dejar solo noticias malas
- Sí, tienes razón
- A mi hermana le llegó una notificación de la fuerza armada en donde solicitaban a Marcus para la guerra
- Pobre de Marcus ¿se irá? - pregunté curiosamente
- Sí, de lo contrario el país no le dará trabajo y mucho menos dinero
- Lo sé, entiendo muy bien
- ¿muy bien? Ewan irá también a la guerra ¿cierto? - me dijo
- Sí, ayer llegó la notificación también
- Era de esperarse, pero Inglaterra necesita a sus hombres.
Al llegar a la casa comencé a preparar las cosas que Ewan llevaría. Dos años antes, Ewan asistió a un entrenamiento en un campo militar, en París. Lo hizo por obligación que por gusto, entrenamiento tenía sólo que iría nuevamente durante una semana a otro entrenamiento antes de entrar de lleno a la guerra.
Al dar las 7.20 de la noche, Ewan entró cargando y jugando con Evan todo parecía indicar que Ewan hablaría con nuestro hijo sobre su ida. No sabíamos si lo entendería, apenas tenía 6 años de edad.
- Hijo, quiero hablar contigo - dijo Ewan
- Te escucho - respondió Evan sentandose y juntando sus pies
- Mañana por la mañana me iré... -
- ¿ A dónde? - preguntó Evan
- A servir al país, ayudar a otros ingléses, como nosotros
- ¿Por mucho tiempo?
- No lo sé...no sé cuánto tiempo estaré allá...yo...sólo quiero
- Está bien, sólo promete que regresarás a enseñarme francés
- Te lo prometo - dijo Ewan mientras abrazaba a su hijo.
Nos sentamos a cenar, tan pronto como Evan terminó se fue a dormir. Ewan y yo nos quedamos platicando sobre el hijo muerto de la señora Metfor. Temía tanto que le pasara lo mismo a Ewan y quedara sola. Ewan decía que eso no sucedería jamás, no mientras estuviera en esa guerra. Nos fuimos a dormir, teníamos que descansar para la partida del día de mañana pero las cosas cambiarno de rumbo.
- ¿Te he dicho que te ves hermosa? - preguntó Ewan mientras ayudaba a quitarme la blusa.
- Sí, muchas veces. Siempre - contesté.
- Pues ahora te ves más hermosa - dijo mientras me besaba mi cuello. No podía resistir a ese beso tan profundo y respondí quitándole su camisa lentamente.
Tratábamos de no hacer mucho ruido, por Evan. Me desconecté por un momento de sus besos e intenté calmarlo, pero no pude.
- Ewan, espera, espera - dije apartándome de él
- ¿Qué? - dijo
- Espera, no lo harémos cuando estás a un día de irte a la guerra, ¿verdad?.
- ¿no? pero...sólo déjame amarte una vez más, antes de que me vaya... - dijo mientras se acercaba nuevamente a mi quitándome el sostén.
Era irrsistible no besarlo, tan atractivo sin su camisa y su pecho desnudo. No tardamos en instalarnos en la cama donde habíamos pasado tantos momentos. Ewan parecía estar algo apresurado por quitarse la ropa, tanto que maldecía al hombre quién inventó los botones del pantalón. Al quitarse los pantalones, zapatos y calcetínes sentí sus piernas tibias en las mías, amaba tanto sentir su calor humano. Sus manos tocaban mi fría espalda y mis manos estaban enredadas en su cabello. Nos movíamos coordinadamente y en cierto instante, estábamos sonriendo por lo que hacíamos, hacíamos el amor justo un día antes de que el se fuera a la guerra. Más que besarnos, nos comíamos, no queríamos separarnos, no queríamos desperdiciar segundos y así sucedió.
Ewan no dejaba de besarme ni tocarme, parecíera que sería su última vez, dió una vuelta brusca y quedé encima de él. Ahora era mi turno, besárlo hasta que mi boca no pudiera más, recorrí de su cuello a su ombligo, no más. Regresé a su boca mientras me acomodaba de una cierta manera fácil y cómoda para mi y para Ewan. Ewan volvió a dar una vuelta brusca y ahora él había quedado encima de mi. Tomaba mi pierna y la jalaba hacia él, tenía tantas ganas de gritar pero no podía, apenas y podía escuchar los jadeos de Ewan cerca de mi oído. Ewan comenzó lo que sólo él podía hacerme, me tenía al borde de la locura, sentía su aliento de cansancio y una gota de sudor rodó por su naríz. Nos miramos fíjamente y Ewan exhaló el aire que por segundos habia contenido por su orgasmo. Todo se calmó, Ewan descansó en mi hombro derecho respirando lentamente, de pronto nos quedamos dormidos, era cerca de la una de la mañana, tendríamos siete horas para descansar y ahora sí a descansar.
martes, 10 de junio de 2008
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