jueves, 12 de junio de 2008

Capítulo VIII // A Bélgica

Varios días pasaron desde que una pared cayera encima de Ewan. El pelotón no había avanzado debido a los pocos hombres que sobrevivieron. Alan entró a ver Ewan, se veía bien, sus heridas sanaban rápidamente y al ver a Alan, sonrió.

-¿Cómo te sientes? - preguntó Alan.
-Adolorido - respondió.
-Pero mejor que estar bajo una pared ¿no? - le dijo, ambos rieron.
-Basta, no me hagas reír, me duele cuando rió.
-Ewan, quiero que me perdones - dijo Alan.
-¿Perdonarte? ¿Por qué? - preguntó Ewan confundido.
-Toma, te llegó esto dos días después del ataque - le dijo Alan mientras le entregaba la carta que le mandé. Ewan miró a Alan y preguntó
-¿Son buenas noticias?.
-Sí, las mejores - dijo Alan seriamente.
-Antes de que abra la carta, dime ¿por qué quieres que te perdone?.
-La leí. No sabía si hacerlo o no, pero sabiendo que estabas mal decidí leerla por si sucedía algo saber que hacer, disculpame.
-¿Conoces lo que es la privacidad, Alan? - preguntó Ewan.
-Ewan, claro que sí pero...disculpame, no lo hice con el afán de...lo siento, viejo - dijo Alan apenado, Ewan lo miró enojado y Alan respondió a su mirada, de pronto una sonrisa se dibujó en cara de Ewan dando a entender que lo que preguntó fue una broma.
-No tienes de que preocuparte, Alan.
-Por un momento creí que había hecho mal en leerla - dijo al dar un respiro de alivio.
-Gracias por recibirla - agradeció Ewan mientras abría el sobre. Ewan comenzó a leerla y Alan estaba al pendiente de su cara, quería saber cómo reaccionaba cuando supiera que sería papá nuevamente. Ewan fruncía las cejas, poco a poco dejaba de hacerlo y comenzaba a sonreír, la noticia lo puso contento, sonreía enseñando los dientes y miró a Alan.
-Te dije que serían de las mejores noticias - respondió Alan con una sonrisa
-No...no puedo creerlo, ¿está embarazada? ¿no estoy soñando?.
-No, estás vivo y ¡seremos papás! - gritó Alan. Todas las personas que estaban alrededor de ellos voltearon al escuchar a Alan gritar. Ewan no dejaba de sonreír, estaba más que feliz y comenzó a hacer cuentas, dedujo que yo tendría unos dos o tres meses de embarazo. No podía creer que sería papá nuevamente y tenía ganas de verme, de verme embarazada nuevamente.

Pasaron varias semanas y estaba algo preocupada, pues no recibía noticias de Ewan. Quería saber qué pensaba de nuestro embarazo. La señora Edna me decía que no me preocupara, por mi bebé. Pareciera que desde que supe que estaba embarazada, mi bebé se dejó notar y los síntomas eran más frecuentes, pero la señora Edna me ayudaba, ella era enfermera retirada. Una semana después recibí noticias de Ewan, supe lo de la pared, lo de Alan y Albert, me tranquilicé al saber que Ewan se recuperaba y que no avanzaría junto con su pelotón. Por mi parte, mi embarazo tendría unos tres meses y medio y una buena noticia llegaría a la aldea.

-¡Mamá! ¡Mamá! - entró Evan gritando a la casa.
-¡Hola! ¿Qué pasa, pequeñín?.
-Mamá, un hombre dice que irá a Bélgica...¡A Bélgica, mamá!
-¿Quién?
-Allá afuera, corre, corre - me decía Evan mientras me empujaba para salir - ¡Ése señor! - señaló. Me acerqué y dije.
-Buenas tardes.
-Dígame, dama - me saludó.
-Escuché que irá a Bélgica, ¿es cierto?
-Así es, partiré hoy por la tarde ¿por qué? - preguntó.
-¡Iremos a ver a mi abuela a Bélgica! - gritó Evan feliz.
-Ohhh ya veo, ¿quieren que los lleve? - volvió a preguntar.
-Bueno...si no será molestia... - dije casi tartamudeando.
-¡Claro! Así tendré quien me haga compañía - dijo el joven mientras despeinaba a Evan.
-Somos tres, no importa, ¿cierto? - dijo Evan.
-¿Tres? - preguntó con confusión
-¡Sí! Mi mami va a tener un bebé - dijo con una sonrisa.
-¡Evan! - grité insinuando que debía guardar silencio.

El joven tendría 25 años, un año menos que yo. Judío, pero su aspecto no era al de un judío. Era alto y delgado, tenía ojos azules y su cabello era castaño. Llegó a la aldea para visitar a su mamá. Thomas, era viudo, su esposa fue llevada a un campo de concentración y murió allí. Era un buen hombre, pero reflejaba tristeza.
Evan y yo regresamos a empacar las pocas cosas que teníamos, Edna no quería que nos fueramos.

-¿De verdad se van? - dijo la señora gorda.
-Sí, Edna. Tengo que llegar a Bélgica, ahí será más fácil escapar a Inglaterra y estaremos muy seguros.
-Pero aquí están bien, tienen comida, tienen ropa, una cama y agua tibia para bañarse - dijo limpiándose los ojos.
-Lo sé y te agradezco la ayuda que me diste estos meses, te lo agradezco, Edna - tomé la mano de ella y la abracé. Evan se dio cuenta y también corrió a abrazarnos. Edna lloraba y su hijo, Henrry, también lloraba.
-No te vayas, Evan. ¿Con quién jugaré? - preguntó Henrry.
-Pues, ¿sabes? Lo siento mucho, pero tengo que ver a mi abuela, prometo venir a verte, ¿de acuerdo? - dijo Evan, su mano estaba en el hombro de Henrry.
-Que no se te olvide, es una promesa eh.

Antes del atardecer, escribí una carta a Ewan diciendole que nos ibamos a Bélgica, le expliqué quien nos llevaría y que estabamos bien, que no se preocupara por nosotros. Terminé y fui a ponerla al buzón con la esperanza de que le llegara a Ewan.
Comímos por última vez con Simon, Edna y Henrry. Evan y yo estabamos felices, iríamos a Bélgica y luego a Inglaterra, estaríamos tranquilos y solo esperaríamos a Ewan para volver a estar juntos y con nuestro bebé. Terminamos de comer y salímos, Thomas nos esperaba en su camioneta color gris, era vieja y sucia pero aguantaría hasta Bélgica. Subimos nuestra única maleta y nos despedimos. Abordamos la camioneta y partimos.

-Así que...irá a Bélgica - dijo Thomas.
-Sí - respondí.
-El clima es muy frío por allá, antes de llegar pasaremos a recoger unos abrigos para ustedes.
-No, no tienes que hacer eso por nosotros, Thomas. Los que llevamos nos servirán - dije.
-No le diré nada, cuando menos vea tendrán abrigos nuevos.

Thomas y yo platicamos para no aburrirnos. Evan se durmió en mis piernas, el camino era largo y mucha conversación abriría la confianza.
Ewan también recibió buenas noticias. Los doctores tenían muy buenas esperanzas de su salud, se recuperaba muy bien y pronto saldría de la camilla para comenzar a caminar. Alan llegó con Ewan y le dijo que sus pelotón regresaría a Bélgica, debido a las bajas de soldados. No tenían soldados para seguir avanzando y que otra compañía avanzaría por ellos. Ambos festejaron y estaban felices. Ewan pensó en irme a buscar a la aldea, tenia ansias de verme y sentir a nuestro bebé, tenía ganas de abrazar a Evan y jugar con él. Alan quería ver a su esposa y saber cómo seguía el embarazo, ver a su mamá y hermanos.

-Iré a buscar a Klein y Evan...y a mi bebé, por supuesto - dijo Ewan emocionado.
-Sé la felicidad que sientes, ¿sabes? podrías conocer a mi esposa y yo podría conocer a tu esposa y tu hijo, ¿qué te parece? - dijo Alan.
-Me parece perfecto - dijo Ewan sonriendo. Tres días pasaron, Ewan recibió mi carta en donde le decía que Evan y yo ibamos a Bélgica, era seguro el viaje, puesto que Thomas no parecía judío, mucho menos Evan y yo, así que estaríamos algo seguros. Nos encontraríamos en Bélgica, yo no lo sabía pero Ewan sí, ahora era tiempo de que Ewan me diera una sorpresa a mí. Ewan pudo caminar, Alan estaba feliz de ver a su amigo recuperarse. Fueron a ver a Albert, no se recuperaba, estaba delicado y perdió demasiada sangre. Albert no tenía muchos días de vida.

-Albert...Soy Ewan, recuperate pronto, viejo - le dijo al oído.

Ewan estaba triste por su amigo, pues lo había salvado de una muerte y rezaba a Dios para que se recuperara. Alan y Ewan tan pronto como pudieron, partieron a Bélgica para olvidarse de alguna manera de la guerra y ver a sus seres queridos.

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