Tras 67 días de ataques diarios a Londres, el 3 de Noviembre de 1940 ningún avión alemán se vio por los cielos. Podría decir que los londinenses tuvimos un suspiro de esperanza. Ese día salimos para sentir por unos momentos el calor del sol que por varias semanas no lo sentimos. Evan estaba realmente feliz. Al salir del sótano nos llevamos la sorpresa de ver que todas las casas estaban destruidas o la mayoría de las casas de nuestra calle; nuestra casa no tenía el segundo piso ya.
-Mamá, ¿ésa es nuestra casa? - preguntó Evan asombrado.
-Sí, Evan - respondió mi madre - Es nuestra casa. Es increíble verla de esa manera ¿verdad? Tantos años dedicados a ésta casa y es así como termina.
-Podemos volver a construirla, no te preocupes abuela.
Regina y yo decidimos entrar entre escombros a la casa, o lo poco que quedaba de ella. Era difícil caminar entre tantos palos y piedras. Sin darme cuenta, pisé un débil palo que al romperse me hizo tambalearme para luego caer al suelo.
-¡Mamá! - gritó Evan y corrió hacia mí soltándose de Katia
-¡Evan regresa! - gritó Katia. Evan llegó hacia mi y sus pequeñas manos intentaron ayudarme a ponerme de pie.
-Gracias, Evan.
-¿Estás bien? - preguntó Katia mientras me sacudía el polvo de mi vestido.
-Sí, sólo me doblé el pie...con esa maldita tabla - maldije entre dientes. Al darme cuenta de la palabra que dije, miré a Evan y éste me miraba algo sorprendido ya que nunca había dicho una palabra así frente a él. De pronto Evan me sonrió dándome a entender que todo estaba bien.
-Mami, tu pierna está sangrando.
-Cierto, debes sentarte, Klein - dijo Regina.
Un pedazo de astilla me rasguñó la pierna derecha haciéndome sangrar, no era grave pero a mis siete meses de embarazo, lo era para mis hermanas.
Las cosas con Ewan parecían estar bien. Su escuadrón no fue mandado a Italia, ayudarían por un tiempo a los soldados de reemplazo a adentrarse a la guerra, les enseñarían todo lo que un soldado preparado debe saber. Dos días después, Ewan estaba despidiendo a Alan quien por fin iría a Londres para ver a su familia, su pase no le fue revocado.
-Buena suerte, Alan - dijo.
-Gracias, estoy muy emocionado por ver a mi bebé. Te prometo que buscaré a tu esposa y le daré tu carta - dijo guiñando un ojo.
-Muchas gracias, no olvides decirles que los amo y que en diciembre estaré con ellos.
-No lo olvido, te veo luego - se despidió Alan llevándose su maleta al hombro.
-Cuídate, buen viaje - le dijo Ewan tratando de hacer equilibro ya que usaba muletas.
Ewan se encontraba fuera de la base viendo el movimiento de los camiones militares que llevarían a su amigo al puerto más cercano para llegar Londres. Alan estaba realmente feliz, vería por primera vez a su hijo y nuevamente a su esposa.
Casi dos días de viaje harían a Alan llegar a su destino. Viendo la destrucción de su ciudad natal, Alan tuvo el pensamiento de no encontrar con vida a su familia. Se trasladó a una de las avenidas principales por donde durante 16 años Alan caminó. Al llegar a su calle vio su casa de pie. Fuera de la puerta principal, estaba una señora de aproximadamente 50 años de edad barriendo unos pocos escombros. Alan se acercó para hacerse notar y la señora al darse cuenta dejó caer la escoba para caminar tan pronto como pudiera hacia su hijo.
-¡Hijo! ¡Alan!
-Madre - dijo cuando sintió los calurosos brazos dándole una dulce bienvenida - ¿Cómo estás?
-Bien, hijo. No puedo creer que estés aquí.
-Así es madre. ¿Y mi Dana? ¿Mi bebé ya nació?
-Sí, Alan. Fue una hermosa niña, están dentro de la casa. Anda, entra.
Alan entró a la casa y vio a su esposa amamantando a su pequeña hija. Alan no quiso interrumpir la dulce escena y se acercó poco a poco. Dana presintió y miró hacia atrás para saber quién se acercaba. Se quedó boquiabierta cuando vio que era Alan, éste se llevó su dedo derecho a sus labios pidiendo silencio y mirando a su hija, Sofía.
-Es hermosa... - dijo Alan.
-Nació hace unas semanas. No te esperaba Alan - sonrió su esposa.
-Yo tampoco esperaba estar aquí. Ewan me consiguió un pase y heme aquí.
-¿Quieres cargarla? - dijo Dana y se tapó su seno derecho. Alan tomó a Sofía entre sus grandes brazos, sintió una ternura especial al verla dormir. Pronto se sentaría en un sillón donde la contemplaría por un largo tiempo.
-¿Cuánto tiempo te quedarás, Alan? - preguntó su madre mientras ponía algunos platos sobre la mesa. Rebeca tenía 53 años de edad.
-Un par de días, tres para ser exactos - respondió.
-Oh, entonces regresarás. ¿Has sabido algo de tu hermano? - preguntó con la esperanza de tener alguna noticia buena. Alan se quedó en silencio y su madre pronto supo que no eran buenas noticias, se sentó junto a Alan para esperar su respuesta.
-Mamá...bueno, no sé que decir. Una carta me llegó hace unas semanas donde me decían que David... - se le cortó la voz.
-¿Qué? Anda Alan, no me hagas esperar por favor - respondió su madre intentando no pensar en lo peor.
-Mamá...David...David murió.
La señora Rebeca comenzó a negar que su hijo estaba muerto, pronto se soltó a llorar y sentía que el aire le faltaba. Alan le pedía que se calmara para explicarle las cosas, pero la señora se rehusaba a escuchar, se tornó histérica al punto de desmayarse por tal noticia.
Por otra parte, mi pierna estaba mejorando. Yo sabía que no era nada malo. Dentro del sótano Evan se divertía con su hermano, podía sentir como se movía y eso era extraordinario para él.
-Creo que le gusta que juegue con él, mamá - dijo.
-¿Sí? ¿A qué juegan? Cuéntame - le pregunté intentando entrar a su juego.
-Verás, pongo mi mano en este lado y el bebé se mueve. Inténtalo - me dijo.
-Está bien, veamos - Intenté lo que Evan me dijo pero no sucedía nada, de pronto Evan tomó mi mano y tan pronto como la puso sobre mi vientre mi bebé se comenzó a mover.
-¿Lo sientes? - preguntó sonriendo sin soltar mi mano.
-Claro que lo siento.
-¿Falta mucho para que nazca? - preguntó mientras juntaba su oído con mi vientre.
-No, no falta mucho. Cada día que pasa, falta menos - le respondí acariciando su suave cabello.
-¿Mi papá lo va a conocer?
-Esperemos que sí, Evan
Mis hermanas entraron al sótano cargando sabanas, ropa y algunos víveres. Ahora era un poco más fácil conseguir cosas que hace unas semanas atrás. La época de frío se estaba acercando y era necesario tener más cobijas.
-Klein, te traje algo, son unos pequeños trapos que creo que te servirá para cuando nazca tu bebé - dijo Regina.
-Gracias, Regina, estoy segura que me servirá, al menos como pañales.
-Lo sé, también te traje esto. La encontré entre los escombros hoy por la mañana - dijo dándome una vieja foto.
-Es muy vieja esta foto, gracias Regina. Creí que la había perdido cuando me mudé a Francia.
La foto estaba rota de la parte superior derecha, algo rasgada de en medio y nos mostraba a Ewan y a mí fuera de la casa de su abuelo cuando éramos jóvenes. Había sido tomada hace 8 años atrás, jamás recordé quién la tomó. Ewan estaba abrazándome en la foto con su gran sonrisa que lo distinguía y al mirar nuevamente la foto, me sentí otra vez enamorada de él como en esos viejos tiempos. Pronto le mostré la foto a Evan y me dijo que lo volveríamos a ver con vida.
Esa noche Ewan no conseguía dormir, pensaba una y otra vez en el día que sus padres lo corrieron de la casa. Pensaba que después de todo, sería una buena idea irlos a visitar a Nueva York si es que la guerra terminaba. Se preguntaba cómo estarían ellos y sus hermanos, qué había sido de ellos y qué tanto habrían crecido. Carl y Susan llevaban 27 años de casados, era una pareja muy estricta y no muy amable. A pesar de todas sus exigencias y rencores de ellos hacia Ewan, él no les guardaba odio de ninguna manera.
-Duerme, Ewan, mañana tienes que levantarte temprano - se dijo a sí mismo - tendrás otro momento para pensar en tus padres.
Alan se levantó al día siguiente para ir en busca de Evan y de mí con miedo de que los aviones alemanes atacaran en cualquier momento. Preguntó y pidió informes acerca de las calles que Ewan le había dicho, pero nadie pudo decirle nada. Al parecer las familias londinenses estaban revueltas y las calles no eran lo que parecían. Siguió buscando hasta que la noche cayó y fue ahí donde decidió regresar a su casa para gastar los últimos momentos que tenía con su familia.
-Cuídate mucho Alan - dijo Dana dándole un dulce beso de despedida y agradeciendo haber estado con ellas por tres días.
-Tú también, cuida muy bien a Sofía y pronto estaré con ustedes - sonrió.
-Te amo, Alan. No lo olvides.
-No lo haré. Yo también te amo - dijo. Se volteó hacia su madre y le dio un abrazo.
-Cuídate Alan, por favor.
-Lo haré, mamá. Hasta pronto.
Alan se alejó de su familia con lágrimas en los ojos, le costaba pensar que estaba volviendo a la guerra, pero el tiempo que pasó con su familia lo ayudarían y le daría fuerza para sobrevivir dentro de una zanja sin tiempo definido.
miércoles, 6 de agosto de 2008
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1 comentario:
Dios!!
Me gustó mucho este capi, es tan tranquilo y dulce, después de tantas cosas horribles que pasaron...
Waaa, quiero leer más, waa, qué pasará con Alan?, waaa.
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