jueves 14 de agosto de 2008

Capítulo XXI // Karim.

Karim nació el 26 de diciembre de 1940. Todos, incluida yo, pensábamos que nacería para principios de enero de 1941, pero debido a una mala alimentación por falta de recursos y mal cuidado durante el embarazo, la bebé llegó antes. La noche previa sentía malestares, nunca pensé que esos malestares se volverían cada vez más fuerte y tampoco pensé que para el comienzo de la mañana tendría ya en mis brazos a mi bebé. Todo sucedió en la madrugada. Mis malestares no me dejaban dormir, las horas pasaban y las contracciones empezaron; las primeras las podía aguantar pero mientras el tiempo seguía su curso, era tiempo de despertar a mis hermanas y mi madre. Al percatarse de lo que me sucedía no tardaron en recostarme sobre la cama donde hace unos minutos atrás dormían tranquilamente. Evan estaba profundamente dormido.

Regina y Katia sacaron unas sabanas que guardaban para cuando el momento llegara y las pusieron debajo de mí. Mi madre y Regina tenían algo de experiencia, eran buenas parteras y eso justificaba el que muchas mujeres embarazadas las buscaran, presenciaron muchos nacimientos. Al menos eso me hacía sentir segura y saber que estaba en buenas manos. Las contracciones se hacían cada vez más intensas por lo que mi madre sugirió que me recostara en forma fetal y así lo hice. Había olvidado lo doloroso que era tener en ese tiempo un hijo.
Cada vez que sentía una contracción, cerraba mis ojos y encogía aún más mis cortas piernas haciendo presión, llevándome la mano al vientre pretendía que podía detener la contracción. Mi hermana menor insistía en que gritara si era necesario, pero me rehusaba totalmente ya que no quería despertar a mi hijo. Mis aguantes de no gritar no servirían de nada, el constante movimiento de mis hermanas, el ir por agua y atenderme cada minuto lo despertarían durante la cuarta ronda. Katia no dejó que Evan se acercara a mí, pensó que sería realmente fuerte para Evan saber cómo nacía un bebé. Sentí una tristeza enorme al ver sólo la espalda de mi hijo, ansiaba tanto que Ewan estuviera en esos momentos con él y le explicara las cosas.

-Regina, acerca a Evan hacia mí, por favor - le pedí.
-Eh...no creo que sea una buena idea, Klein - respondió. Mi madre ordenó a Katia y Regina que no dejaran que Evan se me acercara, me pareció algo tonto en esos instantes, decidí desobedecer a mi madre.
-Haz lo que te digo, es mi hijo. Anda.

Regina asintió la cabeza y fue por Evan. Yo seguía en posición fetal mientras veía a mi hijo acercarse a mi, tenía cara de preocupación. Al mirarlo le regalé una sonrisa y lo saludé, Evan se arrodilló a la altura de mi cara y preguntó cómo me sentía. Le respondí que no tenía por qué preocuparse, todo saldría bien. Me percaté que sus manos jugaban el casquillo que su padre le regaló.

-No sueltas por nada ese casquillo, ¿verdad?
-Bueno...quiero que lo tengas, parece que da suerte si lo mantienes contigo - dijo y puso el casquillo cerca de mi almohada.
-Gracias Evan, te quiero.
-Yo también mamá - Evan puso su pequeña mano en mi frente, limpió el poco sudor que tenía y me dio un tierno beso. Mis ojos se llenaron de lágrimas y al parpadear mis lágrimas salieron. Regina volvió a llevar a Evan a la cama y nuevamente veía la espalda de mi hijo. Pareciera que estaba castigado.

Las horas seguían pasando, ya no aguantaba más y mis ganas de pujar eran inmensas. Mi madre me decía que aún no era tiempo y ciertas veces pujaba sin querer por lo que ella me lo reprendía. La mejor etapa fue cuando, por fin, mi madre me dijo que era tiempo de que mi bebé naciera. En cada contracción daba mi mejor esfuerzo y contenía mis músculos para no dejar ir la fuerza que ya tenía. Podía sentir ya la cabeza del bebé, con un esfuerzo más mi bebé estaría completamente fuera. El dolor ya se había ido.

-Es una niña - dijo mi madre.
-¿Klein? Ya nació, es una niña - volvió a repetir Regina. Sentí una profunda alegría cuando segundos después escuche a Karim llorar por primera vez. Mis lágrimas recorrieron mis mejillas y desaparecieron en mi cuello. Mi madre cortó con una pequeña navaja el cordón umbilical y Regina no tardó en limpiarla para luego acercarla a mi cara y poder besarla. Karim estaba roja como una manzana, tenía unos pequeños puntos blancos sobre su nariz. No supe qué dijo Evan sobre su hermana, ya que caí dormida minutos después por el esfuerzo que hice.

Ewan se encontraba sentado en las escaleras de la casa de su abuelo pensando en dónde más podríamos estar. Pensó que quizá Thomas nos llevó a otro lugar y eso lo llenó de rabia. La idea de que podríamos estar en una pequeña casa construida en la parte de atrás de la casa llegó a la cabeza de Ewan quien no tardó en llegar al lugar y se percató que no había nadie. Otra idea llegó tan pronto a su cabeza; la casa de mi madre. Sin pensarlo dos veces salió en busca con la única esperanza que tenía.
Durante el camino se preguntaba por qué estaríamos en casa de mi madre. Siguiendo encontrar una respuesta, cruzó la avenida que solía transitar durante varios años atrás. Tan pronto como se guiaba por las casas que reconocía, vio la de mi madre, ya sin el primer piso y con escombros por todos lados. Ewan cojeaba tratando de no lastimarse aún más su débil rodilla, a lo lejos observó a un niño que bien podría ser Evan. Ewan apresuró sus torpes pasos tratando de hacerse notar para no gritar. Evan lo reconoció al instante y de inmediato dejó caer la madera que sostenía en sus brazos.

-¡Papá! - gritó entusiasmado y echo a correr. Ewan detuvo el paso y espero a que Evan llegara. Sintió un gran alivio al ver que nos había encontrado con vida. Evan seguía corriendo a todo lo que sus piernas daban. Estuvo a punto de tropezar pero alcanzó a equilibrarse bien y en cuanto estuvo cerca de su padre, se lanzó a sus brazos.

-Hey pequeño, ¿cómo estás? - preguntó Ewan acariciando con su manos derecha el sedoso cabello de Evan.
-Bien, te extrañé mucho, papi.
-Yo también, hijo. ¿Y tu mamá?
-En el sótano. No creerás lo que sucedió anoche - gritó. Evan se refería a esa madrugada.

Ewan bajó a Evan de sus brazos y ambos se dirigieron hacia el sótano. Ewan ya pensaba en encontrarse con su bebé. Evan entró diciendo en voz alta que su padre estaba en casa. Regina calló al instante a Evan para que no despertasen a la bebé ni a mí. Los ojos de mi madre se clavaron en Ewan al verlo parado sobre la puerta. Katia y Regina estaban atónitas.

-Buenos días - exclamó Ewan bajando los tres escalones.
-Ewan...buenos días. Un gusto volver a verte, pasa, no te quedes allí - dijo Regina - Klein está dormida, ¿sabes? esta madrugada nació tu bebé, es una niña.

Ewan buscó a la bebé, Karim se encontraba dormida en la cama que estaba junto a la pared del lado de la puerta. Ewan no la vio ya que al entrar la cama se encontraba a espaldas. Ewan me vio dormir sobre la cama que estaba cerca de la mesa. Pidió silencio a Evan que estaba a punto de despertarme. Se giró y encontró el pequeño bulto de cobijas de la cama, supo entonces que ahí se encontraba Karim.

-¿Es ella? - preguntó. Se sintió tonto al preguntarlo, ya que sabía que sí era ella.
-Sí. Nació esta madrugada - repuso mi madre con su sonrisa de oreja a oreja.

Ewan se acercó cuidadosamente, buscaba el rostro de Karim entre el mar de cobijas y al encontrarlo vio que dormía. Quitó una parte de la cobija que cubría la frente de la bebé para observarla mejor. Era tan hermosa, estaba roja, su nariz pequeña con puntos blancos, su cabello estaba mojado del sudor y sus manos eran muy pequeñas. Ewan no tardó en ponerla en sus brazos y hablarle por primera vez. Jamás se imaginó aquél gran momento, era uno de sus mejor días. Karim fruncía el cejo cuando Ewan la movía. No pesaba tanto.

-Se llama Karim - murmuró Evan. Subió a la cama y se colocó por la espalda de su padre para observar a la bebé. Evan tenía la misma sonrisa que su padre, era grande y mostraba una gran dentadura.
-Es un bonito nombre, ¿quién lo eligió? - preguntó sin dejar de mirar a Karim. Su mirada estaba perdida en aquella linda bebé.
-Mi mamá.

Era cierto, le llamé Karim. Realmente no tuve un por qué al llamarla así. Supe que sonaba bien, no era un nombre fuerte, trataba de pensar en algo no tan complicado para mi bebé y Karim encajaba a la perfección.
Horas después de que tomara una siesta, el lloriqueo de mi hija me empezaría a despertar. No hice tanto caso, aún estaba cansada, así que esperaría a que alguien me levantara para avisarme que Karim estaba hambrienta; nadie lo hizo. Me alegré al saber que nadie me molestó, pero pocos segundos después me levanté como resorte al pensar que algo malo podría estar sucediendo con ella. Vi a Ewan sentado en la cama, su espalda descansaba en la pared y Karim dormía en su pecho.

-Buenos días, dormilona - saludó al fin.
-Ewan...no...te esperaba - respondí. Estaba algo confusa, no sabía si era un sueño.
-Es hermosa y tan pequeña, había olvidad lo pequeños que son al nacer - dio un beso en la miniatura cabeza de Karim al mismo tiempo que palmeaba en la también miniatura espalda. Miré hacia la habitación y busqué a Evan, mis hermanas y mi madre. Mi madre estaba de espaldas viendo qué podía hacer de comer. Ewan se percató que buscaba a Evan y sonrió - No te preocupes, Evan está afuera tratando de ver que sirve, está con tus hermanas.
Me acerqué hacia la cama donde estaba Ewan y Karim.
-¿Cómo has llegado hasta aquí?
-Alan me consiguió un pase, por suerte no fue revocado y el viaje ha sido largo.
-Dime que esto no es un sueño, Ewan - miré a mi esposo con la esperanza de que sus respuestas no salieran de sus labios; si era falso, en cualquier momento tendría que despertar, pero si era cierto, sería demasiado perfecto para serlo.
-No es un sueño, Klein - sonrió.
Es demasiado perfecto.

La noche cayó, todos nos encontrábamos comiendo lo poco que había. Ewan estaba realmente feliz de ver a su padre, mis hermanas y mi madre estaban felices por Karim. Ewan y yo, estábamos felices de estar todos bien. Ewan me contó todo sobre su posible ida a Italia.

-¿Celebrarás el año nuevo con nosotros? - pregunté al saber que lo mandarían a Italia. Ewan me miró con su sonrisa de lado tan peculiar, se acercó a mi y sus labios tocaron los míos. Suspiré al sentirme segura.
-Lo más probable - respondió.
-Pero regresarás a la guerra en tres días.
-No, no lo haré. Regresaré el primer día de enero, por la tarde.
-Tu pase dice que sólo hasta el 30 de diciembre - me alteré.
-Tranquila, puedo decir que mi transporte jamás llegó y todo se retrasó.

Ewan estaba tan seguro de lo que hacía, así que no me preocupé y continuamos la cena tan normal que teníamos. Al día siguiente Ewan se hizo cargo de Karim todo el tiempo que pudo, platicaba con Evan sobre lo que pasaría y le contaba a mis hermanas las experiencias durante el combate.
Cierta noche todos dormían, Ewan estaba esperando a que Thomas se apareciera en el sótano, su desesperación terminó y decidió preguntarme, yo podía notarlo.

-¿Dónde está Thomas? - preguntó con algo de indiferencia. Al escuchar su pregunta mi sonrisa se desvaneció e imágenes rodearon mi mente, aquellas escenas traumantes de cuando se lo llevaron, sus lágrimas al confesarme la muerte de su esposa.
-No lo sé.
-¿Supieron que venía y huyó? Dime la verdad, Klein. Sabes que no me enojaré contigo.
-No lo sé, Ewan. No sabía que vendrías. ¿De dónde sacas eso? - dije un tanto frustrada, odiaba que me levantaran falsos. Ewan dejó de fruncir sus cejas y abrió su boca, algo parecía no estar claro.
-¿No sabías que vendría?
-¿Cómo quieres que lo sepa? No me llegó nada, Ewan - mi voz sonó tranquila.
-Pero...¿Qué hay de Alan? ¿No te lo dijo?
-¿Alan? No, ¿qué tenía que decirme? Ewan, no entiendo nada.
-Verás - dijo tomándome de la mano y llevándome hasta la mesa, nos sentamos - Hace un mes Alan vino a Londres, visitó a su familia y me dijo que también te había visitado a tí. Me contó cómo se encontraban y que Thomas seguía con ustedes, fue por eso que el primer lugar que busqué al llegar a Londres fue la casa de mi abuelo, pensé que estarías allí con él - explicó. Miré a Ewan con ternura y de pronto solté a reír.
-Ewan, Alan te timó. Thomas no está con nosotros desde hace unos meses - dije - Antes de llegar a Brugge nos desviamos porque los soldados alemanes bloquearon los caminos. Nos quedamos en un pueblo muy cerca de Diksmulde. Al día siguiente alemanes asaltaron el pueblo llevándose presos a los judíos, no sé a dónde, por razones curiosas me encontré con mi madre. Los alemanes nos dejaron cerca del puerto de De Pann, donde me encontré con mi padre y luego desembarcamos hacia Inglaterra.

Ewan pareció entender y maldijo a su amigo. Justo y como Alan lo supuso, Ewan olvidó la mentira al razonar que no valía la pena enojarse, lo mejor era que estábamos juntos y que estábamos listos para celebrar el año nuevo junto a una nueva persona que trajo felicidad en tiempos difíciles.