viernes 8 de agosto de 2008

Capítulo XX // ¿Dónde están?

Alan despertó justo cuando el camión llegó a la base. Ewan lo esperaba con ansias, quería saber qué supo de nosotros. Alan bajó del camión y vio a Ewan que estaba ya sin muletas, se veía tan feliz. Alan no quería decepcionarlo pero tampoco quería mentirle y sin opción alguna, tendría que hacerlo.

-Bienvenido de nuevo, viejo - le dijo Ewan con una gran sonrisa, era más que obvio que Ewan estaba feliz.
-Gracias, Ewan. ¡Me voy por unos días y ya no tienes muletas! ¿Qué pasó?
-Bueno, verás. Me estoy recuperando tan bien que ya no las necesito.
-Es interesante...pero algo me dice que me estás mintiendo - dijo Alan.
-De acuerdo, me conoces. No me gusta usarlas - aceptó Ewan - pero no debes decir nada.
-Muy bien - respondió Alan con una sonrisa de convencimiento.
-¿Qué tal tu viaje?
-Muy bien, tengo una hija. Es niña y se llama Sofía - respondió con un gran brillo en sus ojos.
-Felicidades, viejo - dijo Ewan dándole a su amigo unas palmadas en la espalda.
-Gracias.
-¿Supiste algo de mi familia? - preguntó al fin Ewan. Estaba esperando tanto preguntar, no lo hizo antes por el respeto que le tenía a su amigo. No quería que Alan se sintiera usado.
-Ehhhh sí. Ellos están bien, sólo que hubo un problema - mintió.
-¿Cuál?
-Perdí tu carta...bueno, no fui yo realmente. Supongo que se perdió en el tren y no pude entregársela a tu esposa.
-Pero la viste, ¿no? - volvió a preguntar con un tono desesperado.
-Sí, claro que sí - Alan sentía que estaba mintiendo demasiado, pero no podía retractarse en esos momentos.
-¿Cómo está? ¿Cómo está Evan y mi bebé? - preguntó Ewan.
-Bueno, tu bebé sigue creciendo, Klein sigue siendo linda y Evan es el mismo niño que conocí hace unos meses, aunque con el cabello un poco más largo.
-Ya me lo imagino.
-Sí, Klein me pidió que te dijera que te ama y que no te preocupes por ellos...y también debes saber que...
-¿Qué?
-Thomas está con ella - Alan no sabía lo que decía. Pensaba que Thomas seguía con nosotros, dijo tal mentira para que Ewan no se sintiera preocupado si algo nos pasaba. Pensaba que él nos seguía cuidando.
-¿Thomas? No puede ser, es un maldito - se enojó Ewan.
-Bueno, cálmate. No te preocupes, antes de regresar a la base, lo amenacé. Así que tranquilo - volvió a mentir Alan para componer de alguna manera su mentira anterior.

Después de mucho pensar, Alan se dio cuenta que mentirle a su amigo no había sido una mala idea. Si no mentía, Ewan podría ponerse triste y de cualquier manera, sus mentiras no afectarían; si Ewan nos encontraba con vida se olvidaría rotundamente de las mentiras de su amigo y si no nos encontraba con vida, al menos Ewan se sentiría tranquilo por algunos días y nunca sabría de dichas mentiras.

-¿Mamá? ¿Puedo jugar con el bebé? - preguntó Evan.
-Estoy cansada, Evan. En otro momento, ¿de acuerdo? - dije y me dí la vuelta para descansar en la cama. Minutos después el sueño me estaba venciendo, Evan se dio cuenta e intentaba que no durmiera.
-Mami, no te duermas - decía.
-¿Por qué? Evan, estoy cansada, por favor.
-Mamá, no te duermas, todavía es de día - insistía en que no me durmiera.

Regina invitó a Evan a sentarse a la mesa para que me dejara descansar. Últimamente me sentía demasiado cansada, me costaba dormir por las noches, me mareaba con frecuencia y presentía que mi bebé estaría en mis brazos muy pronto. Era un embarazo difícil, no tenía la comida suficiente para alimentarme bien y tampoco no tenía el descanso adecuado.

-¿Mi mamá se va a morir? - preguntó Evan sin querer. Le preocupaba que me sintiera mal o que algo malo me sucediera.
-No, Evan. Es sólo que se siente mal porque llevar a tu hermanito dentro es muy pesado para ella - respondió. Evan se volteó para mirarme y entender lo que Regina le decía.
-¿Cuándo nace?
-Estamos en diciembre, quizás para enero - dijo y se quedó haciendo cuentas mentalmente.
-¿Y para eso falta mucho?
-No, un mes.

La noche cayó, me sentía realmente desesperada, cada noche que pasaba no podía encontrar una buena posición para dormir. Me levanté de la cama y caminé dentro del sótano para calmarme un poco, fui por un vaso con agua. Me volteé y me acerqué para mirar a Evan. Mi hijo dormía tranquilamente, verlo de esa manera me hizo pensar en que aún tenía fuerzas para seguir adelante entre la guerra en la que vivíamos, las soluciones a los problemas llegaban fácilmente a mi cabeza, las respuestas que tenía en mente para cuando Evan me hiciera una pregunta difícil estaban listas en mi boca. Sentía tener todo bajo control, todo bajo control como antes. '' Evan, te prometo que nada malo te sucederá, no mientras yo esté a tu lado'' me dije en mi mente.

Volví a tomar otro vaso con agua y me metí a la cama, traté de conciliar el sueño y por fin caí dormida al sentir la fresca almohada que tocaba mi cabeza.

Después de la espera tan larga que tuvo Ewan, llegó el día en que preparaba su maleta para viajar a Londres. No podía creer que estaba a punto de partir hacia su ciudad natal. Alan le contaba todo lo que probablemente se encontraría en el camino, Ewan le ponía atención sin descuidar lo que estaba empacando.

-¿Entendiste? - preguntó Alan para comprobar.
-Sí, todo perfectamente. No me espantaré en la entrada de la capital - respondió Ewan con su característica sonrisa. Alan le contó lo que vio en Londres y le aconsejó tomar algunos caminos transitables para que pudiera llegar más rápido.

Durante la noche Ewan no podía dormir, pensaba una y otra vez en Evan. De pronto se dio cuenta que el sueño lo estaba venciendo, trataba de no dormir para seguir pensando en nosotros, pero al final no pudo y entró en sueños.

El día 24 de diciembre de 1940, Ewan salió hacia los camiones militares.

-Buen viaje, Ewan - le deseó Alan.
-Gracias, Alan. Feliz navidad - dijo Ewan. Fue el primero en desearle una feliz navidad. Alan sonrió y soltó un gran abrazo hacia su compañero. Ambos sintieron un fuerte sentimiento de hermandad, a pesar de todo estaban muy unidos más que nunca. Ewan se sentía un poco mal por no estar con Alan durante esas fechas, pero sabía que Alan entendía su necesidad de ver a su familia.

Yo podía ver como Evan jugaba por la pradera junto con Ewan, ambos reían y corrían uno detrás del otro. Podía sentir la tranquilidad de estar en paz. Ewan se acercaba hacia mí para hacerme recordar el amor que me tenía y darme un beso en mi mejilla. El cielo se estaba tornando color gris y decidimos irnos antes de que la lluvia nos alcanzara primero, pero todo sucedió tan rápido que ni tiempo nos dio de correr, de un momento a otro ya estábamos completamente mojados, un rayo caería muy cerca de nosotros. Ewan tomó a Evan y lo cargó para que pudiéramos llegar a tiempo a casa, pero nunca llegaríamos. Por el camino que recorríamos varios soldados salieron de la nada y nos dispararían sin razón alguna, mi angustia era demasiada. Vi claramente como Ewan y mi hijo estaban en el suelo, me vi gritándoles e implorando que me dieran alguna señal de vida. La muerte de mi hijo y mi esposo me hizo brincar de la cama y despertar de la horrible pesadilla. Los disparos que oí en mi sueño fue de unos trastes que mi madre dejó caer por accidente.

-Buenos días - me dijo. La miré mientras trataba de entender la pesadilla que tuve.
-Buenos días, mamá - le respondí aún sin entender.
-Parece que hoy es un buen día, ¿no lo crees? - dijo y se volteó para mirar a Evan quien miraba hacia el suelo.
-¿Por qué lo dices? ¿Hay buenas noticias de algo? - pregunté levantándome de la cama. Me disponía a tenderla cuando vi que Evan estaba usando un par de zapatos que no eran los suyos.
-¿Acaso no ves los zapatos nuevos que trae tu hijo?
-¿De dónde los tomaste, Evan?
-Mi tía me los trajo, me dijo que es mi regalo de navidad - respondió feliz.
-¿Tu regalo de navidad? ¿De dónde los trajo? - me acerqué hasta donde estaba mi hijo y le sonreí por sus 'nuevos' zapatos.
-No lo sé, pero... ¡mira! Me quedan muy bien. Los zapatos que tenía ya los tiramos mi abuela y yo. ¿Verdad que me quedan bien, mamá? - preguntó tratando de modelar.
-Claro que sí, ahora los debes cuidar, ¿bien?
-¡Sí!

Mi hijo tuvo un regalo de navidad. Esa noche no cenamos como solíamos cenar cada navidad, sólo cenamos con lo que teníamos. Evan me dio un beso y un abrazo deseándome una bonita y feliz navidad antes de dormir. Esa noche me volví a quedar despierta para pensar en cómo la estaría pasando Ewan.

Ewan llevaba apenas un día de viaje. Durante su recorrido pensó en cómo habíamos celebrado nuestra cena de navidad, cómo habían celebrado sus papás y Alan. Ewan celebró quedándose dormido mientras llegaba hasta un puerto cercano donde pronto estaría abordando para llegar a Inglaterra. Al entrar al barco recordó el día en que nos mudamos de Londres a Francia, su mente se le llenó de lindos y buenos momentos. Ewan sonreía a cualquier persona que hiciera lo mismo.

-Por aquí, señor - dijo un marinero al terminar de revisar el pase de Ewan.
-Muchas gracias y feliz navidad- sonrió Ewan y pronto encontró su lugar correspondiente.

Largas y desesperantes horas tuvo Ewan para poder llegar a Inglaterra, sabía que estaba en su país, en su casa pero no en su hogar. Al mirar varios edificios caídos, un pensamiento de no encontrarnos con vida rodeo totalmente la mente de Ewan, pero pronto desaparecería cuando recordó las palabras de su amigo Alan. Ewan no esperó más y se dirigió a la estación de tren, donde haría su último y largo recorrido para llegar a casa.

-¿A dónde viajas? - preguntó una señorita que oscilaba entre los 20 y 23 años. Tenía cabello castaño claro y muy bien peinada, sus ojos eran grandes y verdes.
-¿Disculpa?
-¿A dónde te diriges? - volvió a preguntar la joven pero ésta vez con una sonrisa tímida.
-¡Ah! Bueno...a Londres - respondió Ewan mientras se rascaba su sien.
-Nunca he conocido Londres, pero muy pronto lo haré - dijo. Ewan no sabía quién era aquella joven y tampoco sabía por qué le estaba hablando. Quizá la mujer lo conocía pero Ewan a ella no.
-¿Te conozco? - preguntó Ewan.
-Me llamo Alicia, un placer hablar con un soldado - se presentó estirando la mano.
-Ewan Grimmes - respondió al saludo.
-No me conoces, ni yo a ti. Me pareciste muy amable y decidí platicar un poco, espero no haberte incomodado.
-No, para nada - dijo sonriendo.

Ewan y Alicia comenzaron a armar una conversación mientras esperaban sus respectivos trenes. Alicia era una enfermera francesa, había sido enviada a Liverpool para ayudar a los civiles heridos durante los bombardeos que recibió la ciudad hace unos meses. El camino de Alicia era más largo que el de Ewan. Al llegar el tren de Ewan, éste le deseó la mejor suerte y una feliz navidad Alicia hizo lo mismo y despidió a Ewan. Al abordar el tren, Ewan no tardó en encontrar un buen lugar donde pasaría largas horas.

Toda la noche y parte de la madrugada servirían para que Ewan llegara al fin a Londres, recordó las palabras de Alan sobre el gran cambio que tenía la ciudad. Ewan pudo imaginárselo pero la realidad superó su imaginación. Estaba pasmado mientras caminaba por algunas calles, apresuraba su paso para encontrar la casa de su abuelo en donde creía que estábamos Evan y yo. Ewan vio el Big Ben y se acordó de Evan al instante '¿Lo habrá visto mi hijo?' '¿Habrá visto el Big Ben?' se preguntaba a sí mismo. Dieron las 545 de la mañana y Ewan estaba parado frente a la casa de su abuelo mientras el frío era insoportable.