Los días pasaban y las cosas en Londres parecían volver a la normalidad. Ambulancias y algunos soldados acudían a nuevos ataques lejos de donde nos encontrábamos. Estar en una zona segura nos tranquilizaba. Nuestra calidad de vida estaba mejorando, no como quisiéramos pero era algo. Teníamos qué comer; cerca de la casa, había una iglesia donde cada tercer día personas se formaban para recibir la comida que los sacerdotes dejaban: las sobras.
—Necesito conseguir trabajo —me dijo Regina mientras comía un poco de lo que había.
— ¿Trabajo? ¿Para qué? —respondí sin importancia.
— ¿Para qué? No podemos seguir comiendo las sobras de los sacerdotes. Además, Evan necesita ropa y nosotras también —desafié con la mirada a Regina.—Dudo que consigas trabajo.
—Duda lo que quieras, voy a buscar lo que haya y cuando lo consiga, ni creas que te daré algo de lo que gane.—No lo necesitaré —respondí a la defensiva. Me daba rabia pensar que mi hermana sí tenía ganas de conseguir trabajo y que mis ganas estuvieran más abajo del suelo.
—Tú no, pero Evan sí —dijo y salió tras de sí.Mis ojos se llenaron de lágrimas por la rabia que me daba. Evan me miraba con miedo y preocupación, tenía la intención de preguntarme algo pero por el miedo que tenía no lo hizo. Me acerqué a él y lo abracé, mi hijo respondió al abrazo y comencé a llorar. Sabía que tenía que vivir y sobresalir por él, aún era tan pequeño y tan indefenso.
Nos quedamos en casa, platicando y jugando. Después de unas horas, la noche cayó y Regina llegó a casa. Me sentía totalmente avergonzada con ella.—Regina ¿puedo hablar contigo? —me acerqué temerosa.
—Claro, dime —dijo con total normalidad ¿Será que acaso había olvidado la discusión de esta mañana?—Quiero disculparme. Sé que he estado mal estos días, no sé en qué pensar... No sé qué hacer —Ni qué decir, pensé para mí. Regina sonrió y me abrazó.
—No dudes, Klein. Estaré siempre contigo, somos hermanas. Yo también siento lo de esta mañana.— ¿Conseguiste trabajo? —cambié el tema y me limpié las lágrimas.
—Sí —respondió ella— Hay una panadería cerca. Por el momento no me pagarán mucho, también con lo que sobre de pan. Al menos no moriremos de hambre —echó a reír.
— ¿Sabes? Creo que yo también necesito conseguir trabajo —Era cierto, serviría también para distraerme en algo.
—Qué bueno que pienses así, Klein. Supongo que hay un trabajo que te interesará, es con la señora Mirabell, necesita personas que sepan leer y escribir.
—Mañana iré, así que me voy a dormir. Gracias Regi.
—Por nada, buenas noches.
Solía competir con mi hijo para descubrir quién era más rápido, aunque fuera obvio. Evan no volvía a preguntar por su padre, su hermana, abuela o tía, lo cual me daba alegría. No quería explicarle cosas tan crudas.
Llegamos a la calle Terra, número diecisiete. Una puerta grande que estaba abierta, daba la bienvenida a una gran casa, tipo hacienda. Dentro de la casa un gran letrero amarillo con letras negras solicitaba mecanógrafas con el único requisito de saber leer y escribir, por lógica. Los informes eran dados por la señora Maribell, dueña de aquella casa. Corrí en busca de aquella señora, por suerte la encontramos en uno de los pasillos. Era fácil reconocerla, era una mujer alta y de cabello castaño, bien vestida.
—Vengo por el empleo de mecanógrafa —tartamudeé.
—Oh vaya, una más. Me alegra que lleguen más personas. Acompáñame por aquí —Mirabell nos indicó el camino y pronto llegamos a una gran oficina. Mujeres apuradas, presionaban con prisa cada tecla de su máquina de escribir, todas concentradas con el único fin: escribir. Entramos a la que parecía ser la oficina principal —Adelante.
—Gracias —Asentí y empujé a Evan para que entrara.
—Una más —murmuró Mirabell y se sentó en su respectiva silla, detrás de su escritorio— ¿Tienes buena ortografía?
—Sí, no es la mejor pero sé lo básico —sonreí tímidamente. Mirabell respondió a la sonrisa y ladeó la cabeza para mirar a Evan.
— ¿Es tu hijo?
—Sí, tiene siete años. Se llama Evan —pensé que pondría 'peros' aunque no fue así. Volvió a sonreír. Evan se escondía detrás de mí.
—Hay máquinas disponibles, podrías empezar a trabajar ahora, si así lo quieres.
—Claro —respondí aliviada.
— ¿Tu nombre? ...
—Klein —respondí de inmediato.
—Klein —respondí de inmediato.
Mirabell me indicó mi máquina y me dio unas hojas para transcribirlas. Fue fácil y las terminaba rápido, aunque tuviera más hojas que transcribir. Evan estaba aburrido. Sentado debajo de mi escritorio jugaba tontamente con su dedo, dibujando líneas imaginarias en el suelo.
—Toma, dibuja con esto —le ofrecí una hoja y un lápiz— Puedes borrar.
Sonrió y tomó la hoja junto con el lápiz.
***
El tiempo seguía su curso y el mes de Diciembre llegó. Las tropas británicas habían entrado en sus objetivos con dificultad. Dos o tres tropas habían fracasado rotundamente y miles de cuerpos llegaban en cuestión de semanas.
La compañía donde viajaba Ewan fue reubicada nuevamente en Bélgica. Nicole temía que la separaran de Ewan, así que justificó su ayuda médica por Alan y le permitieron viajar a Bélgica. El frío calaba los huesos en aquél país.
Alan se había recuperado en un ochenta por ciento. Motivo bueno para Nicole. A pesar de que Bélgica aún no era un lugar seguro, la compañía brindaría apoyo de cualquier manera.
Nicole y Ewan habían hecho bueno lazos, por lo que Ewan comenzó a sentir otro tipo de simpatía por aquella enfermera. Las revisiones que Alan tenía con Nicole era la forma más cercana de verse, debido a los compromisos militares que ambos tenían.
—Al parecer, no le has comentado nada a Nicole sobre tu familia, ¿verdad? —musitó Alan. Ewan interrumpió su tarea de limpiar su arma, miró con desdén a Alan y éste esbozó una leve sonrisa.
—No —respondió Ewan— aún no. Qué mierda de frío hace —se quejó para cambiar el tema pero no lo logró.
—En mi juicio, no creo que está bien darle esperanzas que ella tiene.— ¿Cuáles? No veo ninguna —dijo Ewan con toque irónico.
—Vamos, no seas imbécil. Háblale de tu familia antes de que te proponga matrimonio —bromeó Alan. Ewan le lanzó el casimir color gris con el que limpiaba su arma.
—Llegará el momento de decirle, cuando sea adecuado —sonrió Ewan
Nicole era la mujer que apoyaba a Ewan, lo que él necesitaba al no tenerme cerca. Era uno de los motivos por los cuales su rendimiento estaba claro y más aún con el regreso de su amigo Alan, su fiel amigo.
Ewan llegó al campamento y entró a su tienda para cambiarse. Eran las doce con treinta minutos del día, su llamado era a la una de la tarde, por lo que sus compañeros ya estaban listos. Nicole lo vio entrar y corrió tras él, para saber dónde se había metido. Ewan se sacó los pantalones y la camisa, enseguida se sentó en una cama para ponerse su otro uniforme. Justo en este instante Nicole abrió la cortina y lo miró. Ewan se levantó para abrochar su pantalón.
—Tranquila —echó a reír Ewan— Está bien, puedes abrir los ojos, tengo el pantalón abotonado. No hay problema.
—Lo siento —volvió a disculparse. Ewan aún no llevaba la camiseta puesta y Nicole lo miró. Contempló su torso descubierto, mirándolo de arriba a abajo. Quedó pasmada al ver sus cicatrices que mostraban las grandes y dolorosas batallas por las que Ewan había pasado. Nicole se imaginaba horrores que aquél soldado vivió. Si por algún momento de su vida ella pudiera cambiar algo, sería la época en la que vivieron. Sus pensamientos se cortaron cuando Ewan cubrió su torso con la camisa color verde-café.
— ¿Por qué tan callada? ... ¿Qué haces aquí? —sonrió.
—Ehhh... Yo... Bueno, venía a desearte buena suerte. Cuídate Ewan.
—Lo haré y sino, tú me curarás.
—Me gustaría no hacerlo, te ves mejor sano —se mordió la lengua.
Ambos salieron de la campaña. Ewan y su escuadrón acudían a otra línea de resistencia.
Aquella enfermera hurtó medicamentos para dárselos a Alan y Ewan. Los necesitarían. Partieron hacia el bosque. Ewan se sentía feliz de que Alan regresara a batalla con él.
Aquella enfermera hurtó medicamentos para dárselos a Alan y Ewan. Los necesitarían. Partieron hacia el bosque. Ewan se sentía feliz de que Alan regresara a batalla con él.
Al llegar a la línea se sorprendieron de la situación. Las caras de los reclutas estaban demacradas, sus uniformes eran más negro que verde, sus caras de tristeza preocuparon a Alan.
El teniente de aquél batallón, Dixon, cambió a sus hombres por la compañía que acababa de llegar.—Gracias y suerte —dijo Frad, un soldado totalmente destrozado— Hace frío, abrígate bien y suerte nuevamente.
—Gracias —murmuró Ewan con miedo. Tragó saliva y sacudió la cabeza para eliminar sus malos pensamientos. Alan se acercó a Ewan intentando encender un cigarro.
—Gracias —murmuró Ewan con miedo. Tragó saliva y sacudió la cabeza para eliminar sus malos pensamientos. Alan se acercó a Ewan intentando encender un cigarro.
—Hace frío, uh —dijo Alan.
—Sí, mucho —Ewan optó por sentarse y esperar a lo que tuviera que pasar.
Aquella noche, Ewan y Alan charlaban como cualquier otra noche juntos. Reían de las torpezas que ambos decían y fumaban sin cesar. El teniente Woley, pasó a echar un vistazo a sus hombres para advertirles de lo que se podía avecinar.
A primera hora de la mañana, Ewan despertó con alteración a Alan palmeando con demasiada fuerza su flanco izquierdo. Alan brincó y parpadeó debido al susto.
— ¿Qué sucede? —preguntó con desconfianza.
— ¡Vamos! —Jaló a su compañero por el uniforme, haciéndolo levantarse— ¡Dije que te levantaras! Toma tu arma y camina. ¡Anda! ¡Anda! —Ewan empujó a Alan para que llegaran pronto hasta donde los camiones arribaban. Un soldado fornido contaba a los reclutas que llegaban. Pronto subían a los camiones que iban rumbo al campamento.
— ¡Cinco más! —chilló el fornido soldado— ¡Sólo cinco más!
— ¡Yo! —gritó Ewan jalando consigo mismo a Alan.
—Dos... cuatro, cinco —contó Mark. Alan y Ewan estaban dentro de esos cinco últimos— ¡Suban! ¡Suban!
—Tendrás que explicarme de qué se trata todo esto —exigió Alan.
Los enemigos habían atacado por sorpresa el campamento. Algunos que escaparon, corrieron a pedir ayudar de los soldados que habían partido. Los reclutas que horas antes habían cambiado su posición, defendieron el campamento con lo poco que tenían. Al escuchar esta noticia, Ewan pensó rápidamente en Nicole. Haría lo que fuera por salvarla. Se daba cuenta que algo más sucedía con ella.
Metros antes de llegar al campamento, los soldados desocuparon las camionetas para entrar a pie. Parecía que Alan estaba nervioso, como la primera vez.
Por grupos de diez era como se escabullían entre el bosque. Ewan parecía tomar el mando de su sección, le urgía encontrar a aquella enfermera. Fue entonces que entraron al campo. Sin pensar, todos tiraban de sus armas matando a los que se descuidaban y a los que no lograban ocultarse.
Aquél escuadrón parecía marcar la diferencia entre los buenos y los malos, aunque no contaban con que los enemigos traían más hombres. La parte aliada había llamado a su armada que ya venía en camino.
Ewan buscaba con desesperación a Nicole, veía de todo pero menos a la sanitaria. Se sentía sin esperanza de no verla en el estado en el que estaban, en batalla.
— ¡Al suelo! ¡Ewan, al suelo! —chilló Alan. Ewan comprendió su orden de inmediato y se agachó. Una bomba se estrelló en la pared que estaba a espaldas de Ewan. De no ser por Alan, Ewan estaría detrás de aquella pared, quizá muerto o muy mal herido. Alan se percató de que Ewan no estaba concentrado y corrió a él— ¡Ewan! ¡Concéntrate, idiota! ¡Casi te matan!
—Cúbreme —fue lo que dijo Ewan. Alan no entendía a su compañero.
— ¡¿Qué?! ¿Estás loco?
—No preguntes nada y cúbreme —Forzó su quijada y dejo entre ver sus dientes con una furia muy característica de él. Alan tomó aire y asintió.
—Avanza —apresuró Alan a su compañero.
Ewan atravesó por la lluvia de balas y entre soldados, enfermeras y médicos, vio a Nicole. Sintió un alivio al verla que ayudaba a sus compañeros. Ella volteó y Ewan sonrió. Nicole se apresuró a correr hacia él, pero una bomba cayó en una campaña muy cerca de donde ella se encontraba. Sin preverlo, Ewan la miró fijamente y el estallido que se había ocasionado segundos antes lo hizo agacharse tomando su casco con su mano libre y cerrando los ojos. Se levantó rápidamente y corrió para encontrarla, fuera en la manera que fuera. Sentía una emoción de tristeza al pensar que la podía perder, pronto esos pensamientos se ausentaron cuando se aproximó a ella y la vio tirada, tosiendo. El alma de Ewan descansó. La tomó por el brazo derecho y le ayudó a levantarse.
— ¡No! No te vayas ¿Y si no vuelves? —preguntó preocupada y clavó sus manos en sus bíceps.
—Volveré. ¡Corre! ¡Corre ahora mismo! —Ordenó Ewan con enojo y soltándole una mirada furiosa.
Nicole abrió los ojos tanto como pudo y se quedó sin aire, pues Ewan jamás le había gritado con esa furia. Sin pensarlo, Nicole tomó a Ewan por las mejillas y haló su cabeza para poder besarlo. Ewan respondió al beso con la misma intensidad que ella lo hacía; hundiendo sus dedos entre el sedoso cabello de él. Nicole se despegó de los labios de Ewan debido a la falta de aire que provocaban. Ewan alcanzó a morderle una parte del labio inferior de ella y se quejó.
—Lo siento, no te quería morder —se disculpó rápidamente.
—No importa.
— ¡Refúgiate! —fueron las últimas ordenes que Ewan dijo y le dio la espalda a Nicole para entrar a defender a sus compañeros.
Nicole se escabulló entre el bosque. Notó que en el suelo de aquél bosque, se encontraba un reducido espacio que encajaba perfectamente como un escondite. No dudó en meterse y ahí esperó.
Escuchaba con horror los disparos y gritos a lo lejos. Por su mente rondaba una y otra vez aquél intenso beso que se presentó. Sacaba conclusiones del por qué Ewan había respondido de tal manera y una sonrisa temerosa se dibujó en sus labios. Esa sonrisa pronto desapareció cuando su mente recordó que él estaba en batalla, luchando por sobrevivir.



1 comentario:
"Te ves mejor sano" aiii, eso estuvo genial xD
Pobre Nicole :( pero también Ewan que le da cuerda a la hilacha, como dice Alan, tiene que decirle que tiene esposa e... hijo (ahhhh!!! Karim) antes de que le pida matrimonio.
Publica más!!!
TQMMMMM
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