Alan llevaba varios días herido. Nicole se hacía cargo de él mientras que Ewan seguía con sus deberes dentro de la compañía, cualquier momento libre que Ewan tenía, no dudaba en visitar a su amigo, aunque éste no mostrara ninguna mejoría. Nicole le insistía a Ewan que descansara, ya que en los próximos días tenía que salir a primera hora de la mañana junto a su escuadrón para una gran batalla, pero él se rehusaba totalmente.
—Te llamarán la atención si bajas tu rendimiento —dijo Nicole implorándole a Ewan que fuera a descansar.
—Está bien —dijo al fin— Pero si algo sucede con Alan, házmelo saber de inmediato.
Nicole asintió y sonrió. Pronto Ewan volvió a su campaña para descansar.
Esa madrugada, mientras la enfermera revisaba a Alan, éste despertó. Nicole le habló tranquilamente para que no se alterara y para hacerle saber lo que había sucedido. Eran las tres de la mañana y Nicole corrió hacia el campamento de Ewan, quería darle la buena noticia con sus propios labios. Cruzó el pequeño bosque y llegó a la entrada donde un soldado le preguntó a dónde se dirigía; Nicole le explicó lo necesario, sin dar detalles y aquél buen soldado le mostró el camino. Al encontrar la tienda donde Ewan descansaba, Nicole abrió cuidadosamente la cortina y se metió. Cinco soldados dormían en sus respectivas camas. La enfermera caminó de puntitas con tal de no despertar a todos, por suerte, Ewan se encontraba cerca de la entrada. Con la luz de la luna, Nicole lo reconoció y lo contempló por un momento acariciando su suave cabello. Dormía tan placenteramente que la enfermera dudó en despertarlo, era demasiado cansancio el que Ewan tenía y mucho trabajo lo esperaba. Nicole salió de aquella tienda y caminó hacia la suya.
Julie, su compañera, preguntó qué había sucedido ya que ella esperaba que llegara con Ewan, Nicole se sentó donde Alan no pudiera escucharlas y le dijo a Julie que prefería dejar al soldado dormir, podía ser que mañana por la mañana Ewan pasara a ver a su amigo.
A las seis de la mañana, el escuadrón de Ewan partió hacia la línea de resistencia de Friaul. Nicole esperaba verlo antes de que se marchara pero Ewan no apareció. 'Quizá venga mañana, no puede dejar de ver a su amigo' Se dijo a sí misma.
La línea de resistencia de Friaul estaba indefensa, tenía pocos hombres y necesitaban refuerzos de inmediato. Para Ewan, esa guardia era difícil, no se podía concentrar en su posición ya que pensaba constantemente en la salud de su amigo. Tres o cuatro intentos de ataques hacia su resistencia por parte de los enemigos, no causó gran cambio para los aliados.
Por nuestra parte, Evan se recuperó muy bien, al menos ya no era doloroso para nadie. De vez en cuando le punzaba su herida pero no era nada de que preocuparse. Salimos del subterráneo para buscar un lugar donde quedarnos, el subterráneo era usado sólo para heridos. Pedimos informes para encontrar la calle Celles, donde estaba la casa del abuelo de Ewan. Supimos qué tanto nos habíamos desviado desde que dejamos el sótano, creíamos que no había sido mucho pero tantas calles por las que recorrimos nos alejaron cada vez más.
—Mamá ¿por qué todo está destruido? —preguntó Evan. Su curiosidad era grande al ver la ciudad envuelta en escombros.
—Porque los aviones alemanes dejaron caer bombas, pero tú no te preocupes, vamos a estar bien —dije sonriendo.
Habíamos caminado demasiado, quizá una hora o más. Nos detuvimos para descansar, Evan tenía sed y no teníamos agua al alcance. Regina se ofreció para ir a una casa y pedir agua mientras Evan y yo la esperábamos. Durante la espera, mi cabeza comenzó a pensar en Karim, no tenía ni la menor idea de cómo le iba a decir a Ewan todo lo que sucedió y tampoco tenía idea de si seguía con vida.
Regina volvió con una botella grande llena de agua y tan pronto como la destapó, Evan bebió más de la mitad hasta quedar satisfecho.
Volvimos a caminar, quedaba poco para llegar a la única casa donde podríamos vivir, al menos por ahora.
—Te llamarán la atención si bajas tu rendimiento —dijo Nicole implorándole a Ewan que fuera a descansar.
—Está bien —dijo al fin— Pero si algo sucede con Alan, házmelo saber de inmediato.
Nicole asintió y sonrió. Pronto Ewan volvió a su campaña para descansar.
Esa madrugada, mientras la enfermera revisaba a Alan, éste despertó. Nicole le habló tranquilamente para que no se alterara y para hacerle saber lo que había sucedido. Eran las tres de la mañana y Nicole corrió hacia el campamento de Ewan, quería darle la buena noticia con sus propios labios. Cruzó el pequeño bosque y llegó a la entrada donde un soldado le preguntó a dónde se dirigía; Nicole le explicó lo necesario, sin dar detalles y aquél buen soldado le mostró el camino. Al encontrar la tienda donde Ewan descansaba, Nicole abrió cuidadosamente la cortina y se metió. Cinco soldados dormían en sus respectivas camas. La enfermera caminó de puntitas con tal de no despertar a todos, por suerte, Ewan se encontraba cerca de la entrada. Con la luz de la luna, Nicole lo reconoció y lo contempló por un momento acariciando su suave cabello. Dormía tan placenteramente que la enfermera dudó en despertarlo, era demasiado cansancio el que Ewan tenía y mucho trabajo lo esperaba. Nicole salió de aquella tienda y caminó hacia la suya.
Julie, su compañera, preguntó qué había sucedido ya que ella esperaba que llegara con Ewan, Nicole se sentó donde Alan no pudiera escucharlas y le dijo a Julie que prefería dejar al soldado dormir, podía ser que mañana por la mañana Ewan pasara a ver a su amigo.
A las seis de la mañana, el escuadrón de Ewan partió hacia la línea de resistencia de Friaul. Nicole esperaba verlo antes de que se marchara pero Ewan no apareció. 'Quizá venga mañana, no puede dejar de ver a su amigo' Se dijo a sí misma.
La línea de resistencia de Friaul estaba indefensa, tenía pocos hombres y necesitaban refuerzos de inmediato. Para Ewan, esa guardia era difícil, no se podía concentrar en su posición ya que pensaba constantemente en la salud de su amigo. Tres o cuatro intentos de ataques hacia su resistencia por parte de los enemigos, no causó gran cambio para los aliados.
Por nuestra parte, Evan se recuperó muy bien, al menos ya no era doloroso para nadie. De vez en cuando le punzaba su herida pero no era nada de que preocuparse. Salimos del subterráneo para buscar un lugar donde quedarnos, el subterráneo era usado sólo para heridos. Pedimos informes para encontrar la calle Celles, donde estaba la casa del abuelo de Ewan. Supimos qué tanto nos habíamos desviado desde que dejamos el sótano, creíamos que no había sido mucho pero tantas calles por las que recorrimos nos alejaron cada vez más.
—Mamá ¿por qué todo está destruido? —preguntó Evan. Su curiosidad era grande al ver la ciudad envuelta en escombros.
—Porque los aviones alemanes dejaron caer bombas, pero tú no te preocupes, vamos a estar bien —dije sonriendo.
Habíamos caminado demasiado, quizá una hora o más. Nos detuvimos para descansar, Evan tenía sed y no teníamos agua al alcance. Regina se ofreció para ir a una casa y pedir agua mientras Evan y yo la esperábamos. Durante la espera, mi cabeza comenzó a pensar en Karim, no tenía ni la menor idea de cómo le iba a decir a Ewan todo lo que sucedió y tampoco tenía idea de si seguía con vida.
Regina volvió con una botella grande llena de agua y tan pronto como la destapó, Evan bebió más de la mitad hasta quedar satisfecho.
Volvimos a caminar, quedaba poco para llegar a la única casa donde podríamos vivir, al menos por ahora.
Caminamos quince minutos más y ahí estaba. La pintura verde caída y unas cuantas ventanas rotas. Evan se emocionó al ver la casa. Por alguna extraña razón, ninguno de los vidrios de la ventana en forma de arco estaba roto.
Entramos casi derribando la puerta; todo estaba tal y como la última vez que estuvimos allí, parecía que el tiempo no había pasado, todo estaba tan normal que una ola de sentimientos con respecto a mi bebé se me vino encima. Era triste saber que ya no estaba más conmigo.
—Sí, por el momento. ¿Qué te parece? —sabía que mi hijo estaba feliz, no podía darle algo mejor que un buen lugar.
— ¡Genial!Una cobija, dos abrigos, una botella con agua y algo de comida era lo único que teníamos. Evan y Regina buscaban cosas útiles; encontraron dos velas en muy mal estado, una caja de cartón resistente y un cojín roto que apestaba.
Esa noche nos instalamos frente a la pequeña chimenea que había en el primer piso. Regina llevaba una sola caja de fósforos, las que usó para sus trucos, encendió una vela y allí nos quedamos. Evan cayó dormido muy rápido pues el camino lo agotó.— ¿Qué le dirás a Ewan cuando vuelva? —Regina estaba realmente intrigada por el tema de Karim y Ewan.
—Ni siquiera sé si está vivo ¿Qué crees que le pueda decir?—Veo que todas las esperanzas que tenías cuando llegaste se han ido ¿verdad? —Mi hermana bajó la mirada y la fijó en aquella flama. Tenía razón. El silencio fue largo hasta que Regina se levantó y caminó lejos, con su abrigo.
— ¿A dónde vas? —pregunté confundida.—Estoy harta de ti —no dije nada. Si yo estaba enojada, ella lo estaría más si no le contestaba — ¡Basta Klein!
— ¿Y ahora qué? —respondí con voz alta que Evan entre abrió los ojos.— ¡Tu silencio me hiere! ¿Acaso has perdido la cordura? ¡Ewan está vivo! ¿Dónde quedó esa esperanza?
— ¿Crees que la hay?—Klein, tú eras la que nos animaba —se levantó del suelo y caminó hacia mí— Entiendo que lo de Karim te haya afectado pero no puedes dejar que afecte a Evan, te necesita y no puedes caer llevándotelo contigo. Debes ser fuerte y salir por Evan.
—Lo sé y te pido que me dejes en paz, yo sé lo que es mejor para él. No quiero mentirle ni esperanzarlo a algo que no sé si sea cierto. Buenas noches —dije y me recosté con Evan.La línea de resistencia, en donde estaba Ewan llevaba dos días a la defensa, era una batalla dura, los enemigos italianos no caían y cada día llegaban más refuerzos por ambas partes. Ewan estaba exhausto, llevaba horas disparando su arma. Era difícil hacer algún cambio con otro soldado. Varios conocidos de Ewan ahora yacían en el campo sin vida. Ewan no daba para más, podía dejar abandonado su puesto y hacerse pasar por un cuerpo más hasta que la verdadera muerte le llegara.
—Está muerto —aclaró Dan al ver que Ewan no respondía mientras lo intentaba mover con su propio pie. Ewan estaba tirado en el suelo boca abajo, sus brazos reposaban a la altura de sus orejas y estaba cubierto con algo de tierra.
—No lo está. Si lo estuviera... —el soldado suspiró y se acercó a Ewan— Si lo estuviera, no respiraría.Ewan comenzó a escuchar entre sueños las voces de sus compañeros y al percatarse de que había amanecido, tomó un puñado de tierra y hojas secas.
— ¿Ves? Te dije que no estaba muerto —sonrió Gare.
— ¿Necesitas ayuda? —preguntó Dan con timidez al ver en el estado que se encontraba.
— ¡Claro que necesita ayuda! —gritó su compañero Gare— Tómalo por el brazo derecho y ayúdame a levantarlo.Ambos soldados levantaron a Ewan y lo llevaron hasta la zona más civilizada. Entre trompicones y jalones, Ewan pudo agradecerles con esa voz ronca y débil. Llegaron pocos metros antes del campamento, Ewan era demasiado pesado para aquellos dos débiles soldados que lo ayudaban.
—Chicos... les agradezco que... intenten lleva... llevarme —murmuró Ewan que todavía seguía sufriendo las consecuencias. Dan fue por ayuda y minutos después cuatro soldado más llegaron para llevarse a Ewan.
Al llegar al campamento, Nicole empujaba a toda persona que se le cruzara por el camino. Llegó hasta donde Ewan descansaba y lo vio envuelto en sudor. Ewan sonrió al verla y ella se sonrojó devolviéndole la sonrisa.
—Tranquilo, estarás bien. Son las consecuencias de la droga —replicó Nicole limpiando la frente de Ewan.
—Lo sé... —respondió Ewan en un hilo de voz.
Días posteriores de la batalla, Ewan se reestableció pero sin salir de la cama. Estaba bajo observación de Nicole. En una de sus revisiones, Nicole aprovechó para darle la buena noticia.
—Buenos días, señor dormilón —saludó alegremente. Ewan sonrió y tomó la taza de té y algo de comida que Nicole le llevaba. Ewan estaba tan alegre de verla que le respondió en el mismo tono alegre —Me alegra haberte encontrado despierto.
— ¿Sí? ¿Y eso a qué se debe? —Ewan merodeó varias ideas, a excepción de que su amigo había despertado.
—Alan despertó —dijo sin rodeos— Sucedió la madrugada antes de que te fueras a batalla. Fui a buscarte pero estabas tan dormido que no me escuchaste cuando intenté despertarte.
— ¿Enserio? ¿Y cómo está?
—Siendo sincera, no ha tenido mucha mejoría, pero es una buena señal el que haya despertado.
—Tengo que ir a verlo —murmuró Ewan e intentó levantarse de la camilla, Nicole al percatarse de este acto lo ayudó y Ewan la miró con desconcierto ya que pensó que lo regresaría a la cama. — ¿No intentarás detenerme?
— ¿Por qué habría de hacerlo?
—No lo sé —se encogió de hombros— Se supone que deberías hacerlo pero como no es así, ayúdame a llegar con mi amigo.
Nicole asintió y un brazo de Ewan cruzó por el cuello de ella, para que se apoyara. Realmente no era mucha ayuda, ya que Nicole era de estatura media y Ewan era más alto, esto lo causaba gracia y se divertía al ver que le costaba más trabajo a ella que a él mismo.
Llegaron con dificultad hasta donde Alan se encontraba. Ewan estaba feliz de ver a su amigo despierto. Alan tenía la cabeza enrollada en vendas, sólo su cara estaba libre de ellas. Alan resistía a sonreír o hablar, era doloroso para él. Ewan le habló y le explicó que todo estaría bien. Al escuchar sus palabras, los ojos de Alan se llenaron de lágrimas, pudo haber sido la emoción que tuvo de ver a su amigo con bien. Ewan lo tranquilizó haciéndolo bromear sobre Nicole, sin que ella se diera cuenta.
—Está bien, no te haré reír más. Descansa amigo, mañana pasaré a verte —Alan asintió y Ewan salió de la campaña con la ayuda de Nicole.
—Te ves mejor. Ver a Alan te ayudó mucho —sonrió Nicole. Se mordía la lengua por decir tales cosas, estaba avergonzada.
—Sí, ya lo creo. Pero, me haría mucho mejor ver a mi familia.
Nicole no sabía nada de la familia de Ewan. Ella pensaba que Ewan se refería a sus papás, hermanos o abuelos, jamás le pasó por la mente que aquél soldado del cual estaba enamorada, ya era papá y que estuviera casado.



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