sábado, 19 de julio de 2008

Capítulo XVI // Sótano

La mañana que escuchamos los aviones alemanes pasar, supimos que algo malo estaba por suceder. Rápidamente me dirigí hacia la habitación de Evan en donde creí que estaría dormido, pero no era así. Estaba despierto, descalzo y asomándose por la ventana de puntitas.

-Evan, ¿estás bien? – pregunté al entrar.
-Sí, mamá. Mira, son aviones – dijo volviéndose a la ventana. Mi madre y mis hermanas pronto llegaron a la habitación, pregunté si estaban bien. Katia, mi hermana menor, estaba realmente asustada.
-¿Katia? ¿Estás bien hija? – preguntó mi madre.
-Sí, es sólo que tengo miedo – contestó.
-Siéntate. Tranquila, no pasará nada – le dijo Regina mientras la llevaba a cama de Evan.
-Iré a prepara té – dijo mi madre y bajó hacia la cocina.
-Tranquila, Katia, quizá sólo pasen por asustar a la gente, no te preocupes – le dijo Regina.

Sabíamos que los alemanes estaban tratando de invadir todo Reino Unido, tratarían de entrar como fuera. Hace casi un mes, la R.A.F. (Royal Air Force, rama aérea de las Fuerzas Armadas Británicas) había atacado por primera vez en Berlín y días antes del 8 de agosto atacaron objetivos alemanes. Los aviones que pasaban por la ciudad podrían ser respuesta del gobierno alemán por aquellos ataques.

-¡El té está listo! – gritó mi madre minutos después para hacernos bajar.
-Vamos, Evan. Ponte los zapatos, no quiero que te enfermes.
-Anda, Katia, debemos bajar también.

Al estar en la mesa no sabíamos si hablar sobre los aviones alemanes que pasaban constantemente, lo pensábamos por Evan pero él sería el que comenzaría con el tema. Preguntó por qué estaban los alemanes en Inglaterra y qué hacían aquí a lo que mi madre, como siempre, no dudó en decirle la verdad de la manera más cruda.

-Toda Gran Bretaña está en guerra con Alemania – dijo.
-¿Por qué? – volvió a preguntar Evan.
-No lo sé, tu abuelo sabe de esas cosas, a mi no me interesan los temas políticos.
-Mamá ¿qué son temas políticos? – me preguntó.
-Tiene que ver con leyes, presidentes, derechos, obligaciones y todo eso – le respondí.
-Suena aburrido – respondió con una mueca.
-¿Qué haremos si comienzan a atacarnos? – preguntó Katia.
-Nos podemos esconder en el sótano por un tiempo, no sin antes tener unas cuantas provisiones – respondió Regina.
-Pero hasta estar seguras, ¿de acuerdo? No quiero asustar a Evan – dije.
-De acuerdo, hoy por la tarde iré a comprar unas cosas y a traer algo de dinero, hay unas personas que me deben – dijo mi madre.

Casi para el medio día, cuando nos alistábamos para salir escuchamos explosiones muy cerca de la casa. No sabíamos realmente qué sucedía. Pensamos en cancelar la salida pero no lo hicimos. Tratábamos de disimular que todo estaba bien, todo fuera por la tranquilidad de Evan.
Nos dirigimos a casa de las personas que le debían dinero a mi madre, con ese dinero compraríamos víveres.

Caminamos de casa en casa recolectado dinero, para el final llegamos a la tienda y compramos lo necesario. Cuando salimos tres aviones alemanes pasaron volando muy bajo, tuvimos tanto miedo de que dejaran caer una bomba que corrimos a escondernos. Supimos que estábamos bien y nuevamente salimos a caminar. Pensar por un segundo que una bomba podía caer y matarte era una sensación terriblemente de miedo pero al saber que el peligro estaba lejos podías sentirte tranquilo e incluso sonreír por lo que pensaste segundos atrás. Era un miedo extraño o al menos lo era para mí.

Ewan seguía en recuperación, la espera era muy larga y ansiaba que diciembre llegara. Se preguntaba una y otra vez cómo estaríamos y si estábamos en Londres. Le preocupaba que no estuviéramos en casa pero trataba de pensar positivamente. Antes de separarnos en Kortrijk, me dio el dinero que el gobierno le da, Ewan sabía que al menos teníamos para comer y buscar un lugar para dormir.
La noticia de que la Luftwaffe estaba atacando Londres pronto llegaría a oídos de Ewan. Dos soldados que estaban cerca de donde Ewan descansaba, comentaron sobre la posible respuesta que la R.A.F. le daría a los alemanes. Sin esperar, Ewan trató de recorrer la cortina que separaba las camillas y al lograrlo los soldados que platicaban, miraron a Ewan con rareza.

-Hola – saludó Ewan con vergüenza para romper el silencio.
-Hola – respondió el soldado que descansaba en cama.
-Siento interrumpirlos, escuché que la Luftwaffe está atacando Londres ¿es cierto? – preguntó.
-Sí, lamentablemente sí.
-¿A qué escuadrón perteneces? – preguntó molesto el soldado que estaba de pie.
-Escuadrón 104 – respondió.
-¿El que quedó atrapado en su propia base?
-Sí, así es – dijo Ewan.
-La Luftwaffe destruirá Londres, es la noticia que ronda por todos lados - dijo el soldado Pierre que estaba molesto debido a que sus pases fueron revocados por ir a ayudar a sus compañeros de aquél escuadrón.
-Gracias – respondió Ewan y se volvió hacia su cama pasmado.

Esa misma tarde trató de entretenerse en algo para olvidar un poco lo que había escuchado, pero era imposible ya que un soldado llegó mal herido y gritaba por el dolor que su pierna le provocaba debido a que la morfina no tenía efecto. Desafortunadamente, los gritos de dolor eran repetitivos y eso alteraba a Ewan que no pudo más y consiguió levantarse de la cama e ir a caminar. En la salida, se encontró con Alan quien lo visitaba.

-Ewan ¿qué mierda haces fuera de la cama? – preguntó alterado.
-No creo poder más, Alan. ¿Escuchaste la última noticia de la Luftwaffe? – preguntó Ewan con pena.
-Sí…sí, Ewan. Lo escuché – respondió Alan – vamos, te llevo a tu cama.
-No, no. Hay demasiados gritos y no quiero volver, al menos por ahora – dijo Ewan.
-Bien, ¿pero te sientes bien? Por las heridas.
-Sí, sí. Estoy bien.

Cuando Ewan veía a Alan se sentía tranquilo, de alguna manera ambos se apoyaban mutuamente y se daban el ánimo que necesitaban. No tardaron en sentarse en unas bancas cerca de la entrada y platicaron intensamente.

Por otra parte, al llegar a casa de mi madre, Evan me ayudó a prepara la sopa, era muy colaborador y a pesar de su corta edad tenía idea de cómo cocinar una sopa, jamás dejé que se acercara a la estufa, a un cuchillo o algún picante o algo realmente caliente.

-Listo ¿y ahora? – pregunté.
-Dejamos… ¿calentar? Hasta que huela muy rico.
-¿Y qué más? – volví a preguntar. Evan trataba de acordarse, supe que no contestaría por sí solo así que le ayudé – Y no dejar que…
-¡No dejar que se queme! – gritó.
-Sí, exacto. Tienes que perfeccionar esa memoria ¿entendido?
-Sí.

Evan se sentó correctamente en la silla y comenzó a jugar con las cucharas mientras que yo acomodaba los vasos dentro de la vitrina. Evan no platicaba, se me hizo extraño y supe que en cualquier momento soltaría su pregunta o su opinión sobre algo y así fue.

-Mamá, si una persona mata gente, ¿es una mala persona? – preguntó con curiosidad.
-Así es, Evan – le dije.
-¿Mi papá es malo? – preguntó. Al escuchar su pregunta, detuve lo que hacía, me dirigí hacia Evan y lo miré.
-No, tu papá no es una mala persona – respondí.
-¿Entonces por qué mata gente? – volvió a preguntar con inocencia.
-¿Quién te dijo eso? ¿Regina? ¿Katia? – Nunca le dije ni insinué a Evan tal cosa, sólo le decía que Ewan protegía a los ingleses, a sus compañeros.
-Mi abuela – respondió.
-¿Por qué te lo dijo?
-Le pregunté qué es lo que hace mi papá en la guerra, me contestó que mataba gente, gente alemana. ¿Es cierto? ¿Mi papá mata gente? – preguntó angustiado. No supe que contestar, Ewan y yo sabíamos que si le decíamos a Evan exactamente lo que sucedía, él podría intentarlo, como imitación a su padre.
-Mira, Evan, esto es algo difícil. Quizá no lo comprendas bien. Tu papá no es malo, pero…a veces…tiene que lastimar gente, no lo hace por gusto.
-¿Por qué los lastima?
-Para defenderse –contesté.
-¿Thomas era malo?
-No, no era malo.
-¡Entonces por qué no se defendió cuando los nazis lo atraparon! – gritó.
-A ver, Evan, tranquilo. Él no se podía defender, era como nosotros – le dije.
-¿Los judíos son malos?
-No. Nadie de nosotros es malo, sólo tratamos de sobrevivir.

Cuando nos sentamos a comer, miraba a mi madre con enojo. Siempre decía las cosas tan descarnadamente. Estuve a punto de decirle a mi madre todo lo que Evan me dijo, pensaba hacerlo frente a mis hermanas, pero no lo hice. No fue por ganas, lo que me detuvo fue un ataque. Un avión alemán dio justo a dos cuadras de nuestra casa. Supimos que era tiempo de refugiarnos.
Nos levantamos de la mesa y fuimos por las provisiones que habíamos guardado; cobijas, almohadas, alimento, agua, ropa y todo lo que fuera necesario.

-Mamá ¿por qué nos tenemos que esconder? -preguntó Evan mientras caminaba hacia el sótano llevando dos almohadas.
-Porque tenemos que estar seguros, apresúrate - le dije mientras lo hacia caminar más a prisa ya que los aviones alemanes se escuchaban pasar.

El sótano no era muy pequeño, antes de que mi padre se fuera a la guerra metió tres camas inservibles con sus respectivos colchones. Allí nos quedaríamos por un buen tiempo.

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