Los días pasaba y Ewan se estaba recuperando, los doctores detuvieron su hemorragia y lo único que podían hacer por él, era esperar. Alan estaba al tanto de su amigo y preguntaba a los doctores si se recuperaría.
-¿Se recuperará? – preguntó Alan.
-Sí, tardará pero estará bien, siempre y cuando se retire un tiempo de la guerra – dijo el doctor.
-Pero eso es casi imposible, sólo en ocasiones muy extrañas alguien consigue pase para irse a casa.
-Lo siento, pero es lo que mi experiencia de doctor me dice, con su permiso – respondió el doctor y se retiró.
Alan no lo pensó dos veces y decidió ir a hablar con su coronel. Trataría de conseguirle un pase para que lo mandaran a casa, no lo importaba quedarse solo; tenía a Roger. La salud de su amigo le importaba, así que buscaría y esperaría lo que fuera necesario. Estuvo horas tratando de hablar con el superior. En un descuido del secretario del coronel, Alan tocó a la puerta, el coronel le permitió el paso, Alan tomó aire, entró y saludó.
-¿Qué desea, soldado? – preguntó el coronel mientras escribía sus documentos.
-Señor, vengo por una petición.
-Dígame.
-Mi compañero, Ewan Gordon Grimmes, sufrió grandes consecuencias durante el rescate de los soldados atrapados en Bélgica y pido que sea mandado a casa, señor.
-¿Pertenecen al mismo escuadrón?
-Así es, señor – respondió Alan. El coronel dejó de escribir y miró seriamente a Alan.
-¿Estará bien el soldado Grimmes? – preguntó.
-Sí, señor.
-No veo motivo para mandarlo a casa.
-Pero, señor, necesita alejarse de las batallas.
Alan insistía por la salud de su amigo. El coronel era difícil de convencer, era demasiado estricto con todos. Alan no quería darse por vencido y al final consiguió un trato, fue lo que pudo hacer, un trato difícil: Ewan sería mandado a casa temporalmente.
En casa, mis hermanas aún no sabían del embarazo, ese día se enterarían. Mientras comíamos comenzaron a hablar de buenas noticias, mi hermana Katia pronto entraría a la escuela y mi hermana Regina a trabajar. Lo único malo que comentamos fue sobre el puerto de Dover que fue duramente bombardeado por los alemanes.
-Dejando a un lado las malas noticias, yo quiero darles una muy buena noticia – dije.
-¿De qué se trata, mamá? – preguntó Evan.
-Tú ya sabes, pero guarda silencio y tú también madre.
-Así que somos las únicas que no lo sabemos ¿eh?
-Bueno, habla ya – dijo Katia. Miré a mis hermanas de la manera más tierna que pude. Sonreí y tomé aire.
-¿Nos dirás?
-Sí, pues bien, todo esto se fue formando hace unos tres meses, no sé con exactitud pero sepan que estoy esperando un bebito. Ewan y yo vamos a volver a ser padres.
-¡Dios mío! No lo puedo creer – gritó Regina.
-¿Otro sobrino? Qué buena noticia, Klein – dijo Katia.
Mis hermanas estaban felices, mi madre comenzó a llorar. Me felicitaron y comenzaron a buscar nombres para el bebé. Una noche antes de dormir, me quedé platicando con mis hermanas mientras veíamos a Evan dormir.
-¿Y Ewan qué dice? – preguntó mi Katia.
-Está muy feliz, no saben. Queríamos tener otro bebé pero cuando supimos que Ewan podría ser mandado a la guerra no quiso ponernos en riesgo, pero las cosas dieron tantas vueltas que siempre sí seremos papás nuevamente.
-Yo quiero que sea una niña – dijo Regina.
-No, que sea otro niño. Me gustan los niños – respondió Katia - ¿Y tú Klein?
-No lo sé, un niño yo creo o una niña. Realmente no lo sé
-Pues dejemos que lo pienses, nos vamos a dormir.
-Está bien, que descansen – despedí a mis hermanas.
-Igualmente y que no se te olvide que mañana tienen que ir al doctor – dijo Regina señalándome a mí y a Evan.
-No se me olvida.
A la mañana siguiente, Evan y yo fuimos al doctor para un chequeo, mi madre y Regina insistían en que nos revisara un doctor por los ataques que sufrimos al salir de los suburbios. La doctora nos revisó y dijo que estábamos bien, sobre mi embrazado dijo que debía tener mucho cuidado, pero que estaba bien. Nos dio unas vitaminas.
-Lo único que te pido, Klein, es que hables con Evan sobre lo que sucedió – dijo la doctora.
-Sí, gracias.
Mientras tanto, Ewan hablaba con Alan. Ewan estaba recuperándose, despacio pero lo estaba. Para dentro de unos meses estaría con nosotros en Londres, Alan quería darle la noticia pero por su salud se resistía, al final creyó correcto decirle y lo hizo.
-Ewan, cambiando de tema, tengo una buena noticia que darte.
-Habla, no me hagas esperar – dijo Ewan.
-Cuando supe de lo mal que estabas, le pregunté a los doctores si te recuperarías, me dijeron que sí pero si te retirabas de la guerra, al menos por un tiempo.
-¿De verdad? – preguntó Ewan.
-Sí, sabes que es muy difícil conseguir pases estando en estas condiciones, sin embargo fui a hablar con el coronel y después de mucho insistir, me lo dio – dijo Alan.
-¿Por qué lo hiciste? Pronto me recuperaré – respondió Ewa.
-Sólo si te retiras de la guerra, tus heridas son profundas, tienes que creerme sólo te recuperarás si te retiras. Este es tu pase, tómalo. Aunque eso sí, es temporal y sólo cuando puedas caminar.
-Pero si me siento bien – dijo Ewan con alegría.
-Lo mismo dijiste hace tiempo y ¡mírate!, ahora estás peor. Yo te cuidaré, hasta que te vayas, tu pase es valido para Diciembre.
-¿Diciembre?
-Sí, pasarás la navidad y año nuevo con tu familia – dijo Alan con pena.
-¿Y qué hay de ti?
-Yo estoy bien, no pude conseguir pase. No te preocupes, debes ver a tu familia.
Ewan sintió pena por Alan, no quiso quedarse con los brazos cruzados, así que mandó a llamar a Azor. Ewan ayudó a salir a Azor cuando éste quedó atrapado en una emboscada unos meses atrás. Azor tenía una gran deuda con Ewan así que para pagarle hizo que Alan consiguiera su pase, valido por una semana de noviembre, mes en el que nacería su hijo. Varios días después Ewan le daría su pase a Alan.
-Hola Ewan
-Hey viejo, ¿qué tal? – preguntó Ewan.
-¿Querías verme?
-Sí, así es. Te tengo una gran sorpresa – respondió Ewan feliz.
-Dime – dijo y tomó asiento.
-No quiero que te pierdas el nacimiento de tu hijo, conseguí un pase por una semana de noviembre. Todo tuyo.
-No…Ewan, yo…no sé que…decirte, esto…no puede ser cierto – tartamudeaba Alan.
-Pues créelo. Roger cuidará de mi, puedo sobrevivir sin ti durante una semana.
-Gracias, Ewan.
-Gracias a ti, viejo. Tú pudiste conseguir un pase de diciembre y enero.
-Fue lo único que pude hacer – respondió Alan.
A pesar de poder conseguir los pases, estos no eran seguros ya que en cualquier momento podrían ser revocados.
Llevábamos casi un mes en casa de mi madre cuando la primera tentativa alemana de invadir Reino Unido por los puertos fue desbaratada.
-Ya estás listo – le dije a Evan cuando terminé de ponerle su pijama – ahora a dormir.
-Mamá…
-Dime – dije mientras lo arropaba.
-¿Nos volverá a pasar lo mismo que en los suburbios? – preguntó.
-¿Por qué lo preguntas? – dije al no saber qué contestar.
-Por los ataques de los alemanes, aquí estamos seguros ¿verdad?
-Anda, duérmete ya. Mañana hablamos – dije apagando la luz de la habitación y salí.
Saber que Gran Bretaña estaba en guerra con Alemania me hacía pensar en Ewan, Evan y mi bebé en camino. Evan hacía muchas preguntas de su papá, hacía tiempo que no tenía noticias de Ewan ni él de nosotros. La mañana del 8 de Agosto de 1940, nos despertó un sonido ensordecedor. Londres sería atacado por aviones alemanes.
sábado, 12 de julio de 2008
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