jueves, 3 de julio de 2008

Capítulo XI // Sin Decisión

A la mañana siguiente, Evan y yo nos preparamos para partir hacia Brugge. No sabía realmente como llegaría, sentía la necesidad de pedirle a Thomas que nos llevara hasta allá pero lo dudaba al saber que tenía otras intenciones para mí. Evan y yo salimos del edificio con la única maleta que llevábamos.

-¿Necesitas ayuda? - preguntó Thomas. Estaba recargado en la columna del edificio.
-No, gracias - le dije.
-Necesitarás ayuda. Dame esa maleta, yo la llevo - me dijo mientras tomaba la maleta - ¿Irás a Brugge sola con Evan?.
-Así es.
-¿Ya desayunaron?
-No aún. Mi mamá dice que en el camino comeremos algo - respondió Evan con la intención de que desayunaramos.
-Pues vamos a desayunar y luego los llevo a Brugge.
-Es mucha molestia. Evan y yo comeremos algo en el camino - dije con tono molesto. Thomas se paró frente a mi e impidió que saliéramos solos hacia.
-No dejaré que vayas sola, iremos a desayunar algo y luego nos vamos, ¿De acuerdo?.
-Eres nadie para decirme qué hacer, ahora déjame pasar - le dije enfrentándolo.
-Piensa en Evan, ¿Por qué no pides su opinión? Quizá tenga hambre - dijo Thomas con sonrisa pícara. Yo sabía que mi hijo respondería así que hice un trato con Thomas.
-Iremos a desayunar y luego nos dejarás ir a Brugge, sin ti.
-Hecho.

Llegamos a casa de la hermana de Thomas. Alicia no estaba, así que desayunaríamos tranquilos. Tan pronto como terminamos, apresuré a Evan para irnos, pero Thomas tenía otros planes.

-Antes de que se vayan, ¿puedo hablar contigo, Klein? - dijo.
-Ehhh...sí - dudé. Thomas le dijo a Evan si nos podía dejar un momento a solas, Evan accedió y salió. Me sentí algo incómoda.
-Por favor, déjame llevarlos hasta Oostende, no quiero que nada malo les suceda, por favor Klein.
-Thomas, no puedo. Sé que tienes otras intenciones conmigo, al parecer no te importa que tenga esposo, mi hijo y un hijo en camino.
-Claro que me importa, pero no puedo dejar que te vayas sola sin saber el camino. Te puede suceder algo - dijo. Thomas se sentía algo desesperado y dijo - Hagamos algo, en cuanto lleguemos a Oostende, te dejaré. Podrás irte a Inglaterra sola con Evan, no te volveré a molestar ni te volveré a buscar.
-Hace unas horas hiciste un trato y no lo cumpliste, no creo en tí.
-Te juro que así será. Entiendo que no quieras estar conmigo, pero sólo dejame llevarte a Oostende, sólo eso.
-De acuerdo, pero si no cumples tu palabra atente a las consecuencias, Thomas.
-No te preocupes - dijo con sonrisa.

Thomas escribió una nota para su hermana en la que decía que iría a Oostende. Salimos y subimos a la camioneta. Yo iba molesta, pues Thomas se había salido con la suya y dos veces.
Ewan, por su parte, caminaba nuevamente hacia Alemania. Su compañía había conseguido reemplazos y pudieron seguir avanzando. Tanto Ewan como Alan, estaban tristes por la muerte de Albert.

-¿Su familia ya sabe? - preguntó Ewan.
-Sí, mandaron la carta y las pocas pertenencias que tenía Albert - respondió Alan.
-Pobre Albert - lamentó Ewan - Hablando de otra cosa, ¿pudiste comunicarte con tu esposa?
-Sí, están bien ella y el bebé.
-Me alegro.
-Sí, están en Inglaterra, espero muy pronto estar con ellos. ¿Y Klein? ¿Cómo reaccionó al saber que volverías a la guerra?.
-Bien, comprendió. Ahora están rumbo a Brugge, luego irán a Oostende y de ahí pasaran a Inglaterra.
-¿Y qué hay del tipo ese, Thomas? - preguntó Alan con un toque burlón.
-Es un hijo de puta. ¿Si te conté lo que le dijo a Klein?
-Sí, pero qué tipo. Aunque debo admitir que tu esposa es muy linda.
-Cierra la boca o te pondré una bala en la cabeza - dijo Ewan riendo.

La compañía en la que iba Ewan, avanzaba lo más rápido que podía hacia el Este.
Durante nuestro camino, Thomas decía incoherencias, Evan reía pero yo trataba de no hacerlo. En poco tiempo mi mal humor desaparecía. Me preguntaba una y otra vez cómo reaccionaría Ewan cuando le dijera que Thomas nos llevaría hasta Oostende. Pasaron varias horas de camino, Evan iba dormitando y decidí comenzar a platicar.

-¿Por qué haces esto? - pregunté.
-¿Hacer qué? - devolvió.
-Ofrecerte a llevarnos hasta Oostende.
-Ya conoces mis razones, creo que no es necesario que las vuelva a repetir.
-Cuéntame algo que yo no sepa de ti.
-¿Qué quieres saber?.
-Algo que no sepa.
-Mi esposa murió - respondió.
-Eso ya lo sé, otra cosa que no sepa - insistí. Thomas dejó de sonreír y se puso serio.
-Vi a alguien morir cierto día que llegué a mi casa, era de madrugada. Fue hace unos meses - respondió.
-¿Y después?
-No supe qué pasó, sólo entré a mi casa y había una persona muriendo.
-¿No supiste quién era? ¿No preguntaste?
-Era demasiado tarde, no podía hablar, estaba muriendo.
-¿No lo conocías?
-No, jamás había visto a esa persona - respondió.

Yo sabía que algo ocultaba, sentía que era ilógico ver a una persona morir sin saber quién era y por qué estaba en su casa muriendo. No quise preguntar más. La noche cayó y decidimos descansar, Thomas no podría manejar más. Llegamos a un pueblo casi vacío, no conocíamos a nadie así que para no arriesgarnos nos quedamos a orillas del pueblo y dormiríamos en la camioneta.

-¿Ya llegamos, mamá? - preguntó Evan que aún no despertaba bien.
-No, hijo. Sigue durmiendo, sólo pasaremos la noche aquí, ¿de acuerdo? - dije. Evan se recostó en mi brazo y sus piernitas descansaban en el asiento. Thomas se acomodó sentado, cubrió su cara con su boina y durmió. Yo tomé mi abrigo y tapé a Evan, ambos dormiríamos calientitos esa noche. A la mañana siguiente, toqué el rostro de Evan para despertarlo, me sonrió y me dio los buenos días.

-¿Y Thomas, mamá?
-No lo sé, debe de estar por aquí - le dije mientras bajábamos de la camioneta. Miré hacia todos lados pero no estaba, me preocupé y pensé que nos había abandonado. Lo odié esos instantes y me odié a mi misma por creer en él, pensaba en la razón que yo tenía al saber que no cumpliría su palabra y que ahora estaba con Evan en un lugar solitario y que no conocía. Pensaba una y otra vez en lo tonta que fui al confiar en él, en que era un desgraciado al dejarme sola.

-¡Eres un imbécil! - le grité al verlo. No sabía si alegrarme o enfurecerme por lo que sentí.
-¿Por qué? ¿Qué hice? - preguntó confundido.
-¡Cómo se te ocurre irte sin decirnos nada! ¡Pensé que nos habías abandonado! - le grité.
-Oye, tranqulizate. Fui a buscar información y traje algo de comida. No te alteres - se defendió.
-¿Qué trajiste de comer? - preguntó Evan.
-Hay un pueblo cerca de aquí, así que traje algo de fruta y atún enlatado ¿Quieres comer?
-Sí - respondió Evan. Thomas sacó un cuchillo y comenzó a abrir el atún enlatado. Abrió completamente la lata y Evan comió. Thomas sacó dos latas más y comenzó a abrir una mientras me decía.
-Necesito hablar contigo, ¿vienes? - recorrió unos pasos atrás.
-Dime.
-No podemos continuar.
-¿Qué?...pero ¿por qué? No salgas con alguna de tus idioteces porque ya te he soportado bastante.
-No te preocupes, no es nada de eso. Los alemanes tomaron varias ciudades del norte de Bélgica. Están bloqueados los caminos y al parecer, están capturando judíos - dijo estirándome una lata de atún.
-Gracias - acepté - ¿Y ahora? ¿Por dónde nos podemos ir?
-Me temo que a ningún lado - lamentó.
-Tengo que llegar a Inglaterra, Thomas. ¡Prometiste ayudarme!
-¡Lo sé, pero los alemanes están atacando el país, no puedo dejarte ir! ¿Sabes el riesgo que corres al irte? No permitiré que te vayas - dijo. Quedé atónita ante lo que había escuchado de los ataques. Sabía que mi madre estaba allí con mis hermanas y me preocupaban

-¿Atacando el país?
-Al menos el sur, sí - respondió.

No tenía habla. No sabía que hacer, las cosas no estaba resultando como lo planeamos Ewan y yo. Me senté en una roca que estaba cerca, tenía un nudo en la garganta y no pude más; me solté a llorar. Thomas estaba cerca de mí, se acercó y me tomó del hombro. Se acuclilló.

-Klein, lo siento mucho pero no debes ir. Piensa en Evan y en tu bebé. ¿Recuerdas que Evan se desmayó cuando estuvieron en los ataques de los suburbios? ¿Quieres exponer a tu hijo?
-¿Y si Ewan no nos encuentra en Inglaterra? ¿qué? Nos buscará ¿y al no encontrarnos?
-Puedes quedarte aquí, hasta que las cosas se calmen ¡puedes escribirle a Ewan!
-Me estás diciendo que los alemanes tienen bloqueados los caminos ¡mis cartas no llegarán! - grité. Thomas notó mi reacción de desesperación.
-Está bien, tranquila. Vamos a pensar tranquilos, ¿de acuerdo?

Thomas me abrazó, sentí su abrazo extraño, pareciera que él tenía más miedo que yo y era verdad. Thomas temía que los alemanes lo arrestaran tarde o temprano y me dejara sola con Evan. Cualquier camino que tomáramos, sería peligroso. Los alemanes estaba entrando por doquier y eso lo preocupaba más.

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