martes, 8 de julio de 2008

Capítulo XIII // Viaje a Inglaterra

La noche del primer día de Julio, la compañía en la que viajaba Ewan avanzaba hacia Amberes. Su batalla por recuperar lo que los alemanes habían tomado, estaba por comenzar. Ewan trataba de no pensar en nosotros, no quería que su Teniente se percatara, así que trataba de ocupar su cabeza en otras cosas, se preparaba mentalmente para la batalla.

-¿Crees que podamos hacer algo durante la batalla? - preguntó Ewan.
-Matar alemanes es una buena idea, ¿no crees? - contestó Alan con sarcasmo.
-Qué gracioso - dijo haciendo una mueca - quiero ocupar mi cabeza en otra cosa que no sea en Klein y Evan.
-Ohhhh, entiendo. Pues no lo sé, podríamos contar los alemanes que matamos o las balas que disparamos - Ewan se quedó pensando, pasado de unos segundos abrió sus ojos, una idea llegó a él.
-Mataremos alemanes de un sólo balazo, más alemanes menos balas ¿entras?
-No lo sé, ¿si me quedo sin balas y necesito de ellas?
-Recargarás, al final veremos que tal están nuestros tiros, ¿te parece? Incluso podríamos ahorrar balas, ¿no? - dijo Ewan sonriendo. Alan se carcajeó, al parecer sus ánimos estaban subiendo
-De acuerdo, entro contigo - respondió Alan con una sonrisa amistosa.

Para la madrugada del día siguiente, se preparaban para asaltar alemanes. Tratarían de rodearlos. Ewan y Alan estaban consientes de la batalla y del juego que tenían. Serían las 0100 horas, tomaron posiciones y esperaron la señal. Comenzó a llover.

-No sé si con esta lluvia podamos ver bien a los alemanes así que comenzaremos con cien balas, ¿de acuerdo? - dijo Ewan.
-Cien balas. Verás que soy mejor que tú.
-Ya lo veremos - dijo Ewan mientras preparaba su arma.

Las apuestas estaban comenzando, bromeaban. El líder les indicó moverse y los soldados atendieron. Ewan contó a algunos alemanes que tenía en la mira, contó dos, cuatro, seis y ocho. Alan contó los suyos, diez. El líder soltó el primer disparo y los demás le siguieron. Ewan y Alan, aún con lluvia, disparaban de manera cautelosa, como francotiradores. Ewan mató a siete y su amigo diez. Los truenos, disparos y gritos se hicieron presentes, Ewan se sentía tranquilo, su mente estaba ocupada en el juego y en la batalla.

-¡Quince! ¡Quince alemanes! ¡Dieciséis! - festejaba Alan.
-¡No cantes victoria, llevo dieciocho! - rió Ewan.
-¡Eres un idiota! - maldijo Alan.

Diez minutos después del comienzo, el Teniente se dio cuenta de que la batalla no avanzaba, podría ser porque los reemplazos estaban nerviosos y no disparaban o los alemanes estaban conseguiendo refuerzos. De pronto, la artillería alemana salió.

-¡¡Santo Dios!! ¿De dónde están saliendo? -preguntó Ewan con asombro.
-¡No lo sé pero al parecer las cien balas que tenemos no serán suficientes! -gritó Alan mientras disparaba. Un tanque disparó cerca de donde se encontraba Ewan y Alan
- ¡¿Estás bien?! ¡Estuvo cerca!
-¡Sí! - respondió Ewan.

Dos tanques más salieron en defensa de los alemanes, el Teniente al darse cuenta de que sus hombres no podrían contra ellos, pensó alejarlos pero no lo hizo. Un tanque atacó un grupo de soldados, los mató. Ewan y Alan se miraron mutuamente, la batalla iba en picada. El mismo tanque que mató al grupo de soldados disparó nuevamente hacia donde se encontraba el Teniente, todos corrieron. Sólo hubieron dos heridos. Los alemanes continuaban disparando, los ingléses se estaban quedando sin hombres, se estaban complicando las cosas.

-¡Mierda! ¡No puede ser! ¡No llevamos ni una hora, nos están cagando y con lluvia! - se quejaba Alan.
-¡No te quejes y sigue disparando! - respondió Ewan.

Un soldado alertó al Teniente y aconsejó replegarlos. El Teniente se negaba. Sin esperarlo, un tanque salió por la parte de atrás del ejercito Inglés. Apuntaba a los soldados y soltó su misil. Pareciera que por segundos todo se quedó en silencio. El misil dio en donde se encontraban Ewan y Alan. Ambos salieron ilesos, tosiendo. El teniente al saber que las cosas no mejoraron decidió al fin replegarlos.

-¡Repliéguense! ¡Repliéguense! - gritaba. Los hombres se levantaron y se apresuraron a los camiones que los llevarían de vuelta a la base. Ewan y Alan corrían lo más que podían, mientras corrían vieron a varios de sus compañeros caer. No sabían de dónde estaban saliendo tantos alemanes. Pronto llegaron a los camiones, abordaron y partieron. La toma de Amberes no fue exitosa.

Al llegar, los soldados descansaron. Tuvieron muchas bajas y heridos. A pesar de que estuvieron tan poco tiempo en batalla, fue dura la pelea y aún más porque era la primera de los reemplazos. La compañía decidió retirar a los hombres.

Dos días después de que los alemanes arrestaron judíos, nos dejaron libres muy cerca de la frontera con Francia. Mi madre no había llegado a Inglaterra porque los caminos habían sido bloqueados, ella no sabía de los ataques, estuvo incomunicada varios días. Estábamos cerca de De Pann, una costa de Bélgica. Mi madre no pudo seguir caminando así que nos detuvimos.

-¿Sabes abuela? Voy una tener un hermanito - dijo Evan sonriendo.
-¿Un hermano? - preguntó mi madre con asombro y me miró.
-¡Sí! Voy a tener con quien jugar.


Yo no pensaba decirle a mi madre hasta que estuviéramos en un lugar seguro. Para ser honesta, Evan siempre abría la boca para todo. Si no le prohibías decir ciertas cosas, Evan las decía. Nunca le prohibí nada a mi hijo, Ewan solía hacerlo en ciertos casos, por esa razón Evan dijo tal verdad.
-¿De Ewan? - preguntó mi madre casi susurrando.
-Sí, ¿de quién más? - contesté.
-Pues Evan me dijo que conocieron a un tal judío llamado Thomas.
-Sí, es cierto. Nos llevó hasta Bélgica.
-¡Y estaba enamorado de tí! - resaltó. No contesté hacia su comentario, le dije que descansamos lo suficiente y que era tiempo de volver a caminar.

Llegamos a la plaza principal de De Pann, buscaríamos una manera de cruzar a Inglaterra. Sabíamos que las islas estaban siendo tomada por lo alemanes pero la gente de allí por una cuantas monedas más, nos llevarían a Inglaterra, según ellos 'sin ser blanco fácil para los nazis'


-¿Qué tiempo llevas? - preguntó mi madre apuntando hacia mi vientre.
-No lo sé exactamente, pueden ser tres meses o tres meses y medio, desde que Ewan se fue. Mi madre movió la cabeza y sonrió. Estábamos formadas para poder alcanzar cupo en los botes que nos llevarían a Inglaterra. Estuvimos cerca de dos horas formadas.

-Mami, tengo ganas de ir al baño - dijo Evan.
-Hijo, aguanta un poco más, no podemos salir de la fila.
-Está bien - respondió. Varios minutos después, Evan insistía en ir al baño.
-Mamá, necesito ir al baño, es urgente. De verdad - decía mientras bailaba. No podía salirme de la fila y dejar a mi madre sola. Estando en esa época, separarte por unos minutos de una persona podrían alejarte por completo - Mami, es urgente. No aguanto.
-De acuerdo, iremos al baño - le dije - ¿Dónde hay un baño?
-No lo sé - contestó.
-Brinca...brinca. ¡Brinca! ¡Brinca! - le dije para calmarlo. Jalaba su mano para hacerlo brincar, Evan estaba riendo, le parecía gracioso. De pronto miró un baño.
-¡Allí hay uno!
-Mamá, llevaré a Evan al baño, por favor no te muevas de aquí. Iremos lo más rápido posible, ya regresamos - le dije.

Camino al baño Evan seguía brincando, de alguna manera sus ganas de orinar se calmarían, tan pronto como llegamos Evan corrió a un baño. Evan tardó unos pocos minutos, después le ayudé a lavar sus manitas. Al salir había mucha gente, en ese instante busqué a mi madre, era demasiada gente y dificilmente se podía ver y caminar. Tomé por la mano a Evan y caminé. Por suerte mi madre seguía ahí, no se había movido. Le pregunté si algo sucedió mientras no estuve y ella miró por detrás de mí.


-Hola, hija - dijo mi padre. Me quedé sin habla durante algunos segundos hasta que saludé.
-Papá - dije sonriendo. Mi padre me abrazó y preguntó cómo estaba. Contesté que no muy bien desde que salí de los suburbios pero que ahora que lo veía estaba mejor.
-¿Es Evan? - preguntó.
-Sí, es él. Saluda Evan, él es tu abuelo Robert.
-Hola - saludó Evan.
-¿Cómo estás?
-Bien.
-Qué bueno, has crecido mucho - dijo acariciándole la mejilla derecha.

Mi padre nos sacó de la fila y nos llevó a comer algo. Había regresado de la guerra por mi madre; le dieron unos días de descanso, por así decirlo. Hablámos de todo, se enteró que Ewan estaba en la guerra, supo lo que nos sucedió a Evan y a mi en los suburbios y supo también de lo de su nieto en camino.

Para la noche partiríamos a Inglaterra, mi padre consiguió pases para irnos. Agradecí lo que hacía por nosotros.

-Papá, siento mucho haberte dado demasiados problemas hace unos años y cuando decidí mudarme a Francia junto con Ewan y Evan, me dijiste que algún día yo necesitaría de tí y lo negué pero ahora necesité de tí y no me negaste.
-No llores, hija. Olvida los malos momentos, ahora deben irse, tu madre sabe que hacer en cuanto lleguen, ¿de acuerdo? - dijo y me limpió mis lágrimas.
-Sí, gracias - dije dándole un abrazo.


El barco en el que viajabamos tomaría una ruta diferente, por aquello de los ataques y toma de las islas del canal de la Mancha.

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